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Juegos Olímpicos de la Juventud: el argentino que pensó que su medalla era de bronce y ganó la de plata

La alegría de Agustín Osorio, medallista en lanzamiento de jabalina
La alegría de Agustín Osorio, medallista en lanzamiento de jabalina Crédito: www.buenosaires2018.com
Germán Leza
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16 de octubre de 2018  • 21:43

Agustín Osorio pensó que su medalla era de bronce. Hasta que en la pantalla transmitieron su registro. Con 150m28cm se ubicó en el segundo lugar y ganó la medalla de plata en lanzamiento de jabalina en los Juegos Olímpicos de la Juventud de Buenos Aires. Su mejor lanzamiento del sábado pasado, con un registro de 76,03 metros, se sumó a la marca de ayer, de 74,25 metros. En estos Juegos, para quitarles presión a los jóvenes atletas, se optó por esta curiosa modalidad de sumar los lanzamientos. En los Juegos de mayores y en el resto de los torneos no es así. Primero, se lleva a cabo la clasificación y después lanzan en la final. La medalla de oro fue para el finlandés Topias Lande (153m42cm) y el checo Martin Florian fue tercero, con apenas cuatro centímetros menos que Osorio.

Esta medalla de plata de Buenos Aires 2018 tiene más de una particularidad. El entrenador de Agustín es su padre, Gustavo Osorio, que a su vez fue el coach del lanzador de jabalina Braian Toledo hasta los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro. Además, esta medalla significa la segunda olímpica para Osorio como entrenador. En Singapur 2010, Toledo había ganado la presea de oro. Pero la jabalina, además, es un implemento que marcó para siempre la vida de Gustavo Osorio. No solo por las historias de su hijo Agustín y de Braian, sino porque fue así como conoció a su esposa, Ángela Rodríguez. "Mi esposa lanzaba la jabalina y así nos conocimos. Es el eje longitudinal de mi familia", dice en diálogo con la nacion con las palabras que apenas balbucea por su profunda emoción. Jamás pensó que alguno de sus tres hijos podría interesarse por la jabalina. Es que cuando ellos eran chicos, Gustavo viajaba por el mundo junto Toledo. "Nunca me imaginé que iba a estar en unos Juegos Olímpicos con mi hijo y ganando una medalla. Pensás que por ahí tus hijos van a odiar la jabalina", reflexiona.

Por su parte, Agustín vive un momento mágico. Tiene la sonrisa constante. Después de abrazarse junto a su abuelo Juan Osorio y a su madre, que lo esperaban en las gradas, se refirió a las sensaciones de colgarse una medalla de plata en su pecho. "Estoy muy contento, disfruté demasiado esta competencia. Tenía hambre de una medalla", expresó. En cuanto a lo que significa que su padre sea su entrenador, Agustín solamente advierte ventajas: "Tener a mi papá como entrenador me da mucha más confianza", señala. El joven atleta de 17 años sabe que la medalla de Buenos Aires 2018 fue importante: "Esto es un paso muy bueno para empezar lo que sería mi carrera. Van a venir muy buenas cosas", dice. Y se anima a soñar en grande: batir el récord mundial juvenil de 86 metros. Su próximo gran objetivo serán el panamericano juvenil y el sudamericano de esa categoría de 2019. Finalmente, su ciclo de juvenil finalizará en el Mundial de Atletismo junior de Nairobi 2020, en Kenya.

Muy cerca de la pista de atletismo estaba Braian Toledo, quien también presenció los lanzamientos de Agustín el sábado pasado. Lo conoce desde siempre. En 2010, cuando Toledo fue medalla de oro en los Juegos de la Juventud de Singapur, Agustín tenía 9 años, y vio la consagración por la televisión, en su casa, acompañado por la madre de Braian. "Estoy muy contento de que otro atleta de Marcos Paz esté acá. Y de que sea Agustín, que lo conozco desde que era chico. Sabe todo lo que lo aprecio y lo quiero", afirma Toledo. Justamente, que otro atleta de Marcos Paz se destaque en el atletismo mundial llama la atención del mundo deportivo. Allí, en un pequeño "campito", como le dice Gustavo Osorio, este entrenador ya forjó dos medallistas olímpicos. "Algo está pasando en Marcos Paz -señala Agustín Osorio- Dos medallas en los Juegos Olímpicos de la Juventud es muy bueno", opina.

Osorio, el padre y entrenador, piensa en todo el sacrificio. En levantarse los domingos a las 7 de la mañana y cruzarse con los adolescentes volviendo de bailar. Y piensa también en la relevancia de que haya formadores en el atletismo. Así se autodenomina él. "Quiero trabajar para ayudar a los profesores y entrenadores. Yo soy un formador más que un entrenador de elite. Braian me llevó 13 años formarlo y, Agustín, seis", dice. "Agustín, como Braian, es un talento adquirido. Lo tuvimos que construir. Todos estos chicos -por los lanzadores de jabalina de Buenos Aies 2018- son talentos congénitos porque lanzan así por el brazo que tienen", añade. Y en cuanto al futuro del deporte argentino y todo lo que generó el programa de detección de talento de los Juegos para la Argentina, advierte: "Tiene que haber un programa de contención porque hay muchos chicos". Gustavo Osorio disfruta de su medalla, pero no puede dejar de pensar en su rol como docente. Así lo conoció a Braian Toledo cuando era un niño. Y así vive el atletismo.

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