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Cuando el ídolo toma partido

Ezequiel Fernández Moores
Nadal, durante la inundación en su Mallorca natal
Nadal, durante la inundación en su Mallorca natal
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16 de octubre de 2018  • 23:59

Rafael Nadal, 17 títulos de Grand Slam, dos oros olímpicos, 4 Copas Davis, uno de los mejores tenistas de la historia, se pone las botas, toma el cepillo y pisa el fango. Es un vecino más en medio del drama de las inundaciones que matan y desamparan gente en Sant Llorenc des Cardessar, donde tiene familiares y amigos, a un paso de Manacor, en Mallorca, su tierra natal. Alguien le toma una foto. La imagen da la vuelta al mundo. The Times la publica en portada. Pero Nadal, que además abrió su Academia a los damnificados, es calificado de "demagogo" en las redes sociales. Son pocos y anónimos. Suficiente, sin embargo, para que medios de peso inviten a sus lectores a participar de la "polémica". Nadal no. Aprendió desde niño a elegir qué barros pisar. "Lo acostumbré a ser responsable de lo que hace y aprende", dice su tío Toni en una charla pública. "A tenerse confianza y a jugar cada punto como si fuera un match point. Y a no poner excusas, porque nunca una excusa te hace mejorar".

"¿Sabe cuál es la diferencia entre un deportista y un periodista? Que nosotros aprendemos desde niños que hay alguien mejor y que puedo hasta odiar a ese rival, pero aprendo a respetarlo porque lo preciso para ser mejor yo también". Juninho Pernambucano, excrack de Brasil, siete veces campeón en Francia con Lyon, lo dice al diario El País mientras avisa sobre vanidad, elitismo, limitaciones, intereses y hasta corrupción en algunos medios. "Todo el mundo evoluciona. ¿Por qué la prensa sigue reduciendo el análisis a héroe o villano? ¿A decirle a la sociedad que sos un crack o una mierda?". Juninho cree en el rol social del ídolo, recuerda que "venimos de abajo" y confiesa entonces que se enoja cuando ve que un jugador anuncia su voto por Jair Bolsonaro. Lo hizo, por ejemplo, Ronaldinho, y su exclub, Barcelona, ayer tomó distancia. El club catalán, afirma Sport, debate si puede mantener como embajador al ídolo que apoya a un político explícitamente racista y homofóbico. Es el ídolo que toma partido. A veces hacia un lado, a veces hacia otro.

"Es responsabilidad de todos los que están en puestos de privilegio seguir luchando para empoderar a los más desfavorecidos, si no, seremos cómplices". Colin Kaepernick, el jugador expulsado del fútbol americano porque protestaba arrodillándose cada vez que sonaba el himno de Estados Unidos, lo dijo la semana pasada al recibir uno de los premios más prestigiosos de la cultura afroamericana. "Yo sigo con mi puño levantado todos los días desde hace 50 años", dice a su vez John Carlos, atleta negro del podio del "Black Power" de los Juegos de México 68. Ya casi no da entrevistas, pero Carlos, ayer expulsado, hoy símbolo, aconseja en The Nation a los atletas que eligen comprometerse con el tiempo que les toca vivir: "La gente te dirá que estás equivocado, porque las aguas estarán agitadas. Eres tú que estás meciendo el barco. Mantente enfocado, fuerte y comprometido, pues solo te darás cuenta de lo que está pasando cuando llegues a la meta".

Nuestro fútbol de ídolos se agitó en estos días por el golpe bajo de Diego Maradona, ahora arrepentido, a Leo Messi. Fuera de tanto divismo, el jugador Ignacio Bogino contó el viernes pasado en Radio de la Ciudad de qué modo dolores personales lo ayudaron a resignificar su amor por el fútbol. Un ambiente "opresor", que no permite homosexuales en el vestuario, que "llena vacíos con un auto de lujo" y que exige "ganar, ganar y ganar, sufrir, sufrir y sufrir. Ganar -dice- es tremendo, porque es la mano que te hunde y la mano que te salva". Escritor, pintor, lector voraz y conductor de un programa de radio con Leo Di Lorenzo, su excompañero en Temperley, Bogino juega ahora en Brown de Adrogué, donde tiene un DT (Pablo Vico) que vive en el club. Cuando llega al entrenamiento, lejos de verlo arribar en una cuatro por cuatro, Bogino suele encontrar a Vico colgando ropa para que se seque. Terrenal.

¿Para qué sirve el deporte? ¿Para qué los ídolos? El debate toma color estos días ya de cierre de Juegos Olímpicos de la Juventud, de horas de TV y portadas de prensa que resaltan triunfos e historias de superación de atletas habitualmente anónimos. Sus logros, notables, alimentan la ilusión de que su esfuerzo, la meritocracia deportiva, la supuesta "igualdad de oportunidades", puede trasladarse de modo casi automático a la vida cotidiana de los más humildes. Por ellos fue creado el Movimiento ADT Cuarto Mundo. Para conservar la memoria y la historia de esos "héroes pero sin gloria, ignorados y hasta ridiculizados". Expulsados por "mendigos" y por "inútiles". "Muertos vivientes sometidos además "al insulto del olvido". "Los ricos -sigue un texto de Jean Tonglet, de ATD- han dejado caer una cortina sobre la pobreza y sobre esa cortina han pintado unos monstruos". En medio de sus éxitos y fortuna, hay ídolos deportivos que aprovechan su fama y cometen el inoportuno oficio de incomodarse y citar a ese otro mundo sin prensa. Recordar que, justamente hoy, como todos los 17 de octubre, según lo dispuso en 1992 las Naciones Unidas por ATD, se conmemora el "Día mundial del rechazo a la miseria". Algunos ídolos lo hacen barriendo. Otros se arrodillan. Y algunos deciden hablar.

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