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El Top 12 de la URBA: los secretos de San Luis para animarse a soñar con el título

Siempre con la pelota en su poder, San Luis despliega un juego audaz y efectivo
Siempre con la pelota en su poder, San Luis despliega un juego audaz y efectivo Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sánchez
Joaquín Sánchez
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16 de octubre de 2018  • 23:59

LA PLATA.- Cuando comenzó el URBA Top 12 en abril pasado y sufría una inesperada derrota en su casa ante Pucará, pocos hubieran apostado porque San Luis ya estaría clasificado a las semifinales -con altas chances de concluir primero-, a falta de tres fechas para el final del torneo, desplegando un rugby ofensivo y efectivo. Quienes sí se tenían esa confianza eran los propios jugadores, los directivos y los cuerpos de entrenadores que desde hace tres años al presente vienen gestionando en pos de ese crecimiento que aún no encuentra su techo.

Si se busca las causas de esta revolución marista se puede mencionar principalmente el respeto y la convicción con la que ejecutan un estilo de juego, con el proyecto sobre los nombres circunstanciales, algo similar a lo que ocurre en Hindú desde hace más de dos décadas. Si bien es difícil determinar una fecha precisa, se puede mencionar que los títulos obtenidos en la división de Menores de 19 años en 2010 y 2011, y en Intermedia en 2013, le dieron un impulso para contar con una gran base de jugadores aptos para el sistema, que se fueron perfeccionando en los últimos tiempos, aprovechando también el crecimiento en infraestructura que evidenció el club. Continuidad en el trabajo.

"El sistema no tiene grandes secretos. Está basado en la circulación de jugadores y en que cada uno cumpla su rol lo mejor que pueda, obviamente tratando de desplegar el juego y aprovechar todos los espacios que tengamos; una vez que pudimos quebrar a la defensa rival, ahí sí tratar de explotar ese lugar", sintetiza Luciano Lazzarini, quien se encarga de la faz ofensiva en la dupla conformada con Pablo Cáffaro.

El pack de forwards también es determinante en el equipo. Tiene tamaño y ductilidad en las individualidades, y se basa en el poderío en el line y el maul, la prolijidad en el scrum, y un gran despliegue en el juego suelto. En los intensos entrenamientos semanales suelen colaborar ex jugadores del club, y hasta el propio capitán de Los Pumas, Agustín Creevy, aporta sus conocimientos tanto en el Plantel Superior como en las juveniles, cuando el tiempo se lo permite.

Esa combinación de obtención, quiebre y efectividad, impensada unos años atrás, le permite ser uno de los equipos más goleadores de las últimas temporadas del rugby porteño, alcanzando un promedio de casi 34 puntos por encuentro.

Otro aspecto fundamental del puntero y sensación es la conformación del plantel. El hecho de que haya una gran cantidad de jugadores en condiciones de ingresar entre los 15 titulares, lo que en algunas circunstancias puede derivar en un problema, en el equipo platense se transformó en una circunstancia positiva.

En esa tarea es clave la palabra, no solo de los entrenadores, sino de los líderes dentro de un grupo que tiene ciertas particularidades. Por ejemplo, está poblado de hermanos: los alas Manuel y Franco Gnecco; la primera línea íntegra con Alan y Rodrigo Oubiña, y Gastón Giménez; Juan, Felipe y Francisco Campodónico; los backs Ignacio y Mauro Aguilar, entre otros). Y también tiene jugadores que han llegado del Interior y han sido bien recibidos y hoy son determinantes, como Gregorio Del Prete (Mar del Plata), Rodrigo Bruni (Tandil), Pedro Giannini (General Roca), Federico Wergzyn (Esquel), Cristian Elías (Rojas) y Teo Ferrari (Chascomús), por citar algunos casos.

"Siempre estamos con las puertas abiertas para todos los chicos de afuera que quieran venir, siempre adaptándose a nuestra idiosincrasia y que no busquen utilizar al club para hacer sus carreras personales, más allá de que sabemos que jugar el Top 12 actúa como un 'llamador'. Pero no es política del club traer gente de afuera, sino que se formen nuestros jugadores en infantiles y juveniles, capacitando a los respectivos entrenadores", señala y aclara el presidente de la institución azulgrana, Alejandro Mamblona, quien estuvo en el único título: el Nacional de Clubes 1998.

Justamente, a dos décadas de aquella inolvidable conquista, el objetivo próximo de los Maristas es superar todo lo bueno que viene realizando en los últimos dos años, cuando se sacó de encima el fantasma de su clásico La Plata Rugby Club -tras ocho temporadas sin vencerlo- y luego alcanzó las semifinales de la URBA en 2016 -perdió con Belgrano Athletic-, misma instancia en la que fue eliminado en el Nacional de Clubes 2017 y 2018, con Tala e Hindú, respectivamente.

Dar un paso más significaría para San Luis -que está próximo a cumplir 57 años de historia-, llegar a una final y por qué no, regalarle el segundo título a su gente. Condiciones y confianza tiene. Solo le falta demostrar que en instancias decisivas puede ser el mejor entre los grandes.

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