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La Crisis Financiera y el Documento del Vaticano III

Orlando J. Ferreres
Orlando J. Ferreres PARA LA NACION
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17 de octubre de 2018  • 01:13

El documento Oeconomicae et Pecuniariae Quaestiones fue publicado el 17 de mayo de este año y, en anteriores artículos, hemos tratado sus planteos para superar los problemas de valores que el mercado en sí no puede ofrecer y que rescatan la Iglesia y la Doctrina Social de la Iglesia, con una posición ética muy clara. También hemos tratado algunos de los problemas particulares que generó el mercado económico-financiero en las últimas décadas, especialmente en la que se aceleraron los movimientos financieros como fue el período que se inicia en 2000.

Uno de estos puntos es el de las finanzas offshore, es decir, el desarrollo de un mercado financiero que se ubica en otros lugares, fuera de todo marco normativo oficial, inicialmente con el objetivo de evitar, por ejemplo, la doble imposición que con frecuencia se operaba en muchas actividades. Así fue el nacimiento del mercado offshore de eurodólares a mediados del siglo XX.

Actualmente, más de la mitad del comercio mundial es llevado a cabo por empresas grandes, que operan con tranquilidad en el mercado mundial, por ejemplo, logrando una gran reducción de la carga fiscal que pudiere corresponderle. ¿Cómo lo logran? Transfiriendo sus ingresos de un lugar a otro y lo más importante, transfiriendo sus beneficios a los puertos o paraísos fiscales, en tanto que los costos quedan en los países con altos impuestos.

Este proceso se ha acentuado tanto que se han restado muchos recursos a la economía real creando sistemas económicos basados en la desigualdad. En los últimos años, las sedes offshore se han convertido en gran parte en lugares de lavado de dinero, como consecuencia de ganancias ilícitas tales como el robo, el fraude, la corrupción, la asociación criminal, la mafia u otras situaciones ilegales similares.

Los sistemas impositivos de los Estados no siempre son justos y muchas veces perjudican a todos, especialmente a los más necesitados o débiles, que no tienen la organización y el tamaño para operar en el exterior, especialmente en las plazas offshore. Esto ocurre no sólo con los que actúan en la ilegalidad sino que también ocurre con los que ejecutan operaciones de elusión fiscal, por lo tanto disminuyen las soluciones de inversión y crecimiento de la economía real de sus países.

Es muy difícil calcular el dinero que se opera en las plazas offshore, pues es mucho el número de operaciones que se mueven en estos mercados. Sin embargo, en el documento del Vaticano se propone un impuesto al dinero transferido a los mercados de ese tipo que, aunque sea mínimo dicho impuesto, provocaría altos resultados en la disminución de los fondos operados en estos mercados. Este impuesto ya se aplica en algunos lugares offshore.

En los últimos años han existido innumerables entidades de gran excelencia profesional que han tratado de evitar estos excesos del movimiento de fondos hacia los lugares offshore. Sin embargo, la mayoría de ellos han quedado retenidos, por la gran fuerza del dinero que se mueve hacia estos lugares fuera del alcance de los respectivos gobiernos.

Hoy es inaceptable la estructura financiera que resulta de muchas de estas firmas que operan en los mercados offshore, especialmente desde el punto de vista ético. Por lo tanto es el momento para aplicar soluciones que se enfoquen a reducir el problema. La primera es la de ser transparentes financieramente, asegurando la obligación de rendir todas las cuentas, especialmente para las empresas multinacionales, de sus operaciones relacionadas con la actividad que desarrollan y los impuestos pagados en cada país, ya sea de la casa matriz o de sus filiales.

En segundo lugar se tienen que ejecutar, según el documento vaticano, sanciones incisivas aplicadas a los países que reiteren las prácticas deshonestas como pueden ser la evasión y elusión de impuestos, lavado de dinero sucio y otras operaciones opuestas a la ley de cada país mencionadas anteriormente.

Las operaciones financieras que ha desarrollado el esquema financiero de corto plazo, con los grandes desordenes que ha creado, tienen que ser enfrentados por cada uno de los habitantes a nivel mundial, especialmente por los católicos, para hacer frente entre todos a esta fuerza que es enorme, pero que puede dominarse con el desarrollo de una ética superior como es la que representa la Iglesia y todo lo que significa su historia en sus más de 2000 años de vida y ejemplo.

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