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Llegó a los Juegos Olímpicos de la Juventud como una estrella y se fue sin medallas de oro: Tomokazu Harimoto, el prodigio de 15 años del tenis de mesa

Tomokazu Harimoto, no pudo llevarse el oro de Buenos Aires
Tomokazu Harimoto, no pudo llevarse el oro de Buenos Aires Fuente: LA NACION - Crédito: Buenos Aires 2018
Fernando Vergara
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17 de octubre de 2018  • 12:03

"Una mezcla de bronca y frustración". Tomokazu Harimoto no anduvo con vueltas a la hora de responder qué significó la medalla de plata que se llevó por su desempeño en los singles de tenis de mesa. Harimoto, considerado un prodigio de este deporte, es japonés e hijo de padres chinos. Con 15 años, ya juega con los profesionales, le ganó a los mejores del mundo y está ubicado en el 8º lugar del ranking mundial. Y si bien de los Juegos Olímpicos de la Juventud se marchó con dos preseas plateadas, la otra por equipos, en su país lo describen de una forma particular: "En Japón, como Harimoto, nace una persona cada 100 años".

Algo impropio en chicos y chicas de esta edad, que van de los 15 a los 18 años: mientras la mayoría empieza a descubrir cuál es su deporte, Harimoto ya le apunta a la medalla dorada en Tokio 2020. Es su gran "sueño", describe. Ya es una estrella del deporte de su país, por eso la tristeza al perder la final por 4-1 con el chino Wang Chuquing. Un par de días después, fueron también los chinos quienes le ganaron a Japón la medalla dorada por equipos. Así, el nipón siente que se fue de la Argentina con las manos vacías. Así de contundente.

La historia de Harimoto es atrapante si se tiene en cuenta su corta edad. Tomokazu nació en Sendai el 27 de junio de 2003. Con una particularidad: es hijo de Yu y Ling Zhang, ambos chinos. De hecho, su mamá llegó a integrar algunos seleccionados de tenis de mesa para la República Popular de China. Por eso no extrañó que tras la victoria de Wang Chuquing en la final, el atleta chino se sacara su remera para festejar y con su dedo índice le apuntara al escudo de su país. Es conocido: China y Japón arrastran una histórica rivalidad en este deporte, al punto que en el primer país algunos fueron más lejos y a Harimoto lo llaman "traidor".

Razones que se desconocen llevaron a la familia del atleta a trasladarse a Japón en 1998. La conformación del apellido también es peculiar: surge de la traducción del símbolo chino que representa la palabra Zhang, el apellido de su papá. Tomokazu empezó a jugar al tenis de mesa cuando tenía dos años y desde el principio fue considerado un talento extraordinario. Cuando Harimoto le pidió a su padre que quería inscribirse en la principal academia de Tokio, Yu tuvo que nacionalizarse y cambiar el apellido original. Cuestiones burocráticas que llevaron al chico a comprometerse al 100 por ciento por Japón. Nada desvió el foco en el juvenil y a los 12 se instaló a vivir en la academia.

Los récords de Harimoto empezaron a acumularse. En octubre de 2015, a los 13 años, se convirtió en el jugador más joven de la historia en ganar un partido en una competencia profesional de la Federación Internacional de Tenis de Mesa (ITTF). Además, es el jugador más joven de la historia en conquistar un torneo profesional: con 14 años y 61 días se consagró en el Abierto de República Checa en agosto de 2017. En el último Mundial de mayores, únicamente Ma Long, campeón olímpico en Río de Janeiro y finalmente ganador del título, frenó su campaña en cuartos.

A los 13 años, con total soltura, respondía de esta manera cuando le preguntaban cómo hacía un niño para vencer a los mejores del planeta: "En el tenis de mesa, la edad no significa nada. Solo quiero hacer mi juego y atacar desde el principio. Y seguir haciéndolo en el próximo partido", explicó. "Mis respetos por lo genial que lo está haciendo aquí", dijo aquella vez la estrella alemana Timo Boll (hoy Nº 3 del mundo) sobre el asiático. "Este joven es una bomba", lo elogió. Dimitri Ovtcharov, que también es alemán y se ubica 4º en el escalafón, tampoco se ahorra las alabanzas: "Es el talento del siglo".

Harimoto se caracteriza por tener un juego agresivo y preciso que formó gracias a que comenzó jugando a los dos años sentado en una silla. En la actualidad, dedica nueve horas diarias a su entrenamiento. "Me gusta tener un inicio agresivo en el juego, para llegar atacando", explica. Uno de los ídolos de Tomokazu en este deporte es Fan Zhendong, un jugador chino que hoy ocupa la cima del ranking y a quien ya le ganó.

En un evento que lógicamente no tiene el despliegue de medios de prensa que puede verse en los Juegos Olímpicos convencionales, distintas cadenas de Japón tuvieron enviados especiales a la Argentina solo para seguir la tarea de Harimoto. "Vinimos por él, claro. En nuestro país tiene mucha repercusión todo lo que hace Tomokazu", explicaron los periodistas asiáticos en Tecnópolis.

En singles, una particularidad envolvió también el clásico entre Wang Chuquing y Harimoto. El primer set fue inesperado y Wang sacó una rápida ventaja. Ganó punto tras punto y quedó 10-0 en el marcador. Los sets son a once tantos, claro. ¿Qué sucedió? El ganador le regaló un punto de honor al rival, que le devolvió la gentileza dejándola en la red y perdió 11-1. Códigos de honor, le llaman.

Es tanta la exigencia que tiene el japonés que en su cuenta de Instagram posteó una foto de las dos medallas con un mensaje que denota su objetivo. "Por supuesto que no estoy contento con los resultados, en absoluto. Pero este torneo fue un punto de paso. Hacia atrás, y hacia adelante".

En Buenos Aires 2018, la actividad de Harimoto fue extensa. En Tecnópolis, el estadio de tenis de mesa siempre lució completo cada vez que el japonés saltaba a la pista. También fue toda una atracción por sus fuertes gritos al celebrar sus puntos. No fueron pocos los diplomáticos y empresarios de su país que se ubicaron en la primera fila de la platea, interesados por su desempeño. El gran sueño del chico era la medalla de oro en singles, aunque tampoco pudo conseguirla en la presentación por equipos. Otra vez China apareció en su camino para entorpecer sus objetivos. Si bien Tomokazu se tomó revancha y venció a Wang Chuquing, del otro lado encaminó la serie una jugadora que en China también es considerada un enorme talento: Sun Yingsha, medalla dorada también en singles. La jugadora de 17 años derrotó a Miu Hirano (9ª del ranking de mayores) en individuales y en la final, en dupla con Wang Chuquing, vencieron a Harimoto y Hirano por 3-1.

"Tengo que seguir mejorando, sin dudas", remarcó Harimoto al marcharse de Buenos Aires 2018. Los Juegos Olímpicos de 2020, nada menos que en Tokio, aparecen ahora como su gran objetivo. Habrá que ver cómo responde a la presión de ser un elegido, el prodigio que nace "una vez cada 100 años".

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