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La religión se consolida en los países más pobres y disminuye en los más ricos

Rubén Guillemí
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22 de octubre de 2018  • 11:10

Un reciente estudio global estableció una relación directa entre el nivel socioeconómico de las personas y su práctica religiosa, y reveló que, salvo en Estados Unidos, la religiosidad es hoy una característica predominante en la población de los países pobres. Otras investigaciones establecen incluso una relación entre el abandono de la práctica religiosa y el mejoramiento de la situación económica de un país.

¿La fe es, entonces, una cuestión de pobres?

El estudio de agosto pasado de Pew Research, una consultora con sede en Washington, tomó cuatro ítems para medir la religiosidad de la gente en 102 países: pertenencia a un culto, asistencia semanal a servicios religiosos, oración diaria, e importancia que asigna a la religión en su vida. Y en todos los ítems se constata una clara diferenciación entre países pobres y ricos. Por ejemplo, el porcentaje de quienes oran todos los días alcanza a casi la totalidad de los habitantes en Afganistán (96%), Nigeria (94%), o Paraguay (82%), países con un PBI per capita inferior a 10.000 dólares, mientras que menos del 40% de la población de países con un PBI per cápita superior a 30.000 dólares anuales reza de forma diaria. En Argentina, que tiene un PBI per capita de alrededor de 21.000 dólares y está ubicada en la mitad del ránking de religiosidad, el porcentaje de quienes rezan de forma diaria es del 40%.

Otro polémico informe de la revista científica norteamericana Science Advances, que estudió la evolución de más de un centenar de países entre el año 1900 y 2000, afirma incluso que el enriquecimiento de los países marcha de la mano de su proceso de secularización . Cuanto más descienden los índices de religiosidad, más aumenta el PBI per capita.

El primer dato que sorprende del informe de Pew Research es que Estados Unidos es el único país rico con altos índices de religiosidad. El 77% pertenece a algún culto, el 36% asiste a servicios semanales, el 55% reza diariamente, y el 53% considera "muy importante" la religión en su vida. Son índices muy parecidos a El Líbano, por ejemplo (100%, 35%, 51% y 57%, en el mismo orden de ítems), y bastante alejados de su vecino del norte, Canadá (67%, 20%, 25% y 27%).

Para la especialista Rachel M. McCleary, de la Universidad de Harvard, autora del libro Religión y Política económica, la predominancia de la religión en Estados Unidos es atribuible básicamente a un factor histórico y a los beneficios de una clara separación entre religión y Estado. "Estados Unidos se fundó sobre el principio de la libertad religiosa. Y aunque siempre fue una nación protestante, profesó los valores de la igualdad, la tolerancia y las mismas oportunidades para todos. Y eso dio mayor libertad para la religiosidad de la gente", dijo a LA NACION.

McCleary avanzó también sobre un histórico debate de por qué, en líneas generales, los países de mayoría protestante son hoy más prósperos que los católicos. "Hay varias teorías al respecto, desde el famoso estudio de Max Weber que en 1905 lo atribuía a la ética protestante. Otros afirman por ejemplo que los católicos son menos abiertos a confiar en los desconocidos y suelen moverse con sus vínculos familiares, lo que limita el desarrollo".

La religión se consolida en los países más pobres
La religión se consolida en los países más pobres Fuente: Archivo

Sin embargo, otros especialistas no coinciden con ese análisis. El teólogo y sacerdote argentino Gustavo Irrazábal, autor del libro La era Francisco, consideró un error atribuir los logros del capitalismo a la religión protestante. "El capitalismo se gestó en la Edad Media en las ciudades católicas del norte de Italia que gozaban de libertad política. Hacia el siglo XVI los que dirigían los bancos de Inglaterra, Holanda y otras ciudades del norte de Europa eran banqueros católicos italianos", afirmó el padre Irrazábal.

También consideró que el proceso de secularización afecta por igual a todas las clases sociales. "No se trata de una variación según el ingreso per capita, sino que hay otros factores, como la cuestión cultural e histórica de cada lugar, que tienen mucha mayor influencia", concluyó Irrazábal.

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