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Cultivo de hongos: una oportunidad para diversificar el negocio y usar biomasa

Destacan que el cultivo puede ser un negocio complementario para los productores
Destacan que el cultivo puede ser un negocio complementario para los productores Crédito: Laboratorio de Biotecnología de Hongos Comestibles y Medicinales - CERZOS (UNS-CONICET)
Gabriela Origlia
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22 de octubre de 2018  • 12:01

CÓRDOBA.- Cultivar hongos para alimentos o usos medicinales es una opción complementaria para productores agrícolas que quieran mejorar su economía y, a la vez, utilizar biomasa. La propuesta -en la que viene trabajando hace dos décadas el laboratorio Cerzos del Conicet Bahía Blaca- la presentó el investigador Pablo Postemsky en la jornada organizada por Uvitec en esta capital provincial.

Es la "revolución no verde", explica Postemsky a LA NACION aplicando el concepto del doctor en biología Shu-Ting Chang, investigador de la Universidad de Hong Kong y referente mundial en la especialidad. En la Argentina, el pionero fue Néstor Curvetto, exdirector del Centro de Recursos Naturales Renovables de la Zona Semiárida (Cerzos) del Conicet.

La producción y la venta de hongos aumentaron durante las últimas décadas en todo el mundo. China, Japón, Taiwán y Corea son los principales países productores y consumidores. En América Latina, México lleva la delantera y, si bien en la Argentina el cultivo comenzó en los años 40, no tuvo un crecimiento importante.

El Cerzos viene investigando y capacitando desde el 1997. En Córdoba, Postemsky explicó cómo a partir de cáscara de girasol se puede generar vapor de agua, hidratar la biomasa hasta que alcance el punto justo de humedad y allí empezar a colonizar los hongos que se quieran cultivar. "Hay un abanico amplio, pero la gírgola abanico amplio suele ser el ideal para arrancar; una vez que se domina esa especie pueden usar otras", expresó.

La estimación es que por un camión de cáscaras de girasol, unas siete toneladas, se producen unos 3500 kilos de hongos en diez meses trabajando solo un productor. Por su venta, en bruto, se obtienen alrededor de $1millón.

En la Argentina la producción viene desde los años 40 pero no tuvo un impulso importante todavía
En la Argentina la producción viene desde los años 40 pero no tuvo un impulso importante todavía Crédito: Laboratorio de Biotecnología de Hongos Comestibles y Medicinales - CERZOS (UNS-CONICET)

"Hay factores como el mercado, el agregado de valor, la posibilidad de asociación que inciden, pero claramente es un complemento para los productores argentinos. En Asia es muy común porque usan espacios cerrados, chicos, mucha biomasa y, además -tanto allá como acá- sirve para evitar la migración laboral y es una salida para mujeres rurales", describe Postemsky.

El investigador apunta que puede cultivarse en la estación en la que no hay cosecha primaria; usar la misma biomasa del trigo, la cascarilla de arroz, o la paja de cereales. "Es una cadena: entra la biomasa y se genera una biorefinería en la que se pueden producir hongos tanto para comer como para medicina; lo que queda se puede convertir en alimentos para animales o fertilizantes y, el resto, transformar en carbón activado. A partir de la 'basura' hay una cadena de productos", precisó.

En Bahía Blanca -por la transferencia de tecnología del Cerzos- hay casos de productores que buscan iniciarse aunque son los menos los que superan los cinco años de actividad. Postemsky admite que hay "cuellos de botella" como el armar un invernadero, pero insiste en que hay potencial y mercado.

Funghi coop es el resultado de un emprendimiento que lleva tiempo trabajando en sembrar, cosechar y agregar valor a gírgolas. Participan en ferias y desarrollan nuevos negocios. Gírgolas de la Granja nació a mediados de 2009. Un año después se consolidó un grupo de trabajo y la demanda del mercado local los empujó a invertir en una estructura más grande.

Aunque mantienen la producción artesanal, fueron incorporando tecnología para ganar volumen. Trabajan en conjunto con el Cerzos.

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