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A siete años de su muerte, el recuerdo de Alejandro Acobino, en el Cervantes

Gabriela Acobino, Germán Rodríguez y Osqui Guzmán
Gabriela Acobino, Germán Rodríguez y Osqui Guzmán Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio
Enobarbo, sobre Séneca, es una obra inédita del dramaturgo y se recuperó para ser estrenada por su amigo Osqui Guzmán
Leni González
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18 de octubre de 2018  

Este es el "año Séneca" en el Teatro Nacional Cervantes: no solo por el estreno de su tragedia Tiestes y Atreo, sino también por el próximo de Enobarbo, de Alejandro Acobino, donde el filósofo es uno de los personajes. Sin embargo, esta última novedad por sí misma, más cercana y quizás ignorada, es uno de los hechos artísticos más interesantes de 2018: la presencia de Aco en el Cervantes, el autor del barrio de Villa Lugano que apenas pasados los treinta escribió una obra sobre la antigua Roma, el emperador Nerón y el estoico Séneca. El único que pudo imaginar al esclavo Atticus en su amigo actor Osqui Guzmán o a Agripina, en Karina K. Un dramaturgo distinto de los de su generación que en 2000 escribió Enobarbo (cognomen o "apellido" de Nerón), un texto recuperado del olvido que se estrenará en octubre, el mismo mes de su nacimiento, en 1969, y de su muerte, en 2011.

"Esta obra no estaba en su computadora", dice María Gabriela Acobino, encargada y apasionada por reunir todos los escritos de su hermano mayor desde que sorpresivamente se quitara la vida. "Pero encontré un registro de Argentores con ese título y le pregunté a Mauricio Kartun, su maestro y a quien siempre consultaba. ¡Y me la mandó por mail! La tenía hacía años cuando Ale se la había pasado, en el curso de dramaturgia de la Emad", dice sobre Enobarbo (que, en un principio, iba a llamarse Aniketos), obra que fue publicada junto con Plop y otros textos, y que completa el volumen anterior que incluye Continente viril, Rodando, Absentha y Hernanito, editados por el Centro Cultural de la Cooperación.

Pero no era solo Kartun el que sabía de esta obra. También Osqui Guzmán que conoció a Aco en los noventa, en el Rojas, cuando hacían los matches de improvisación. "Cafés antes y comidas después, me sorprendió todo lo que sabía del mundo antiguo, el esperanto, los alquimistas, mitologías, sabiduría que yo, hijo de bolivianos, unía a mi mundo de mitos. Era un ser de otra época, lo trivial se licuaba en su mente para transformarse en otra cosa", dice el amigo que nunca trabajó con Aco y ahora será actor y director de Enobarbo. "Me habló de la obra una noche, la escribió pensando en Séneca. 'Y tiene un esclavito pero no puede ser cualquier actor, tiene que ser alguien que pueda decir textos', me contaba mientras nos comíamos un superpancho en la calle", recuerda Guzmán. Esa velada por calle Corrientes estaba casi olvidada hasta que, ya después de la muerte, Karina K le comentó a Osqui (trabajaban juntos en Locos recuerdos, de Midón) que ella tenia en su casa un sobre con la obra que le había dado Aco. Las coincidencias se sumaban: "Quería que interpretara a Agripina y yo, a Atticus, el esclavo, eso le dijo. Pero todo quedó en nada, en medio del duelo. Hasta que Gabriela me llamó cuando la encontró a través de Kartun. Había soñado conmigo y pensó que ese personaje era para mí", dice Osqui a quien no pudo acompañar Karina K en este proyecto hecho, por fin, realidad. Para ese papel, estará Leticia González de Lellis, además de Javier Lorenzo, Pablo Seijo, Fernando Migueles, Manuel Fanego y Pablo Fusco.

Alejando Acobino
Alejando Acobino Fuente: LA NACION - Crédito: M. Viggiani

Si bien nunca han dejado de presentarse sus obras, no hay duda que el estreno en el Cervantes pone en foco a un autor tan diverso como identificable, con creaciones muy distintas entre sí, pero todas con voz "acobinesca", un mundo propio que constela de lejos con el grotesco discepoliano. Egresado del Mariano Acosta, estudió Química en la UBA y a poco de recibirse, sorprendió a la familia cuando abandonó los laboratorios para anotarse en la Emad.

"Nos conocimos en la carrera de actuación. Era un tipo brillante, gran lector, era maravilloso escucharlo, era inagotable cómo asociaba una cosa con otra, era como de otra época, un anacrónico, un bohemio auténtico, no domesticable", dice Germán Rodríguez, su amigo y el protagonista de Rodando, el unipersonal road movie que escribieron juntos y que también dirigió Aco. "Tenía unos monólogos con el título Descartable y se los mostré. Quedó muy poco, era realmente descartable, y él lo transformó", dice el actor que también trabaja en Absentha, como integrante del grupo La Fronda dirigido por Ana Sánchez. "Es que al grupo le encantó Rodando y le pidieron que escribiera a partir de una idea, la del taller de poesía. Toda su obra reflexiona sobre el arte, la búsqueda fallida del artista, con una mirada despiadada en la que tomaba riesgos", explica.

Una de las críticas que recibió en su momento fue la ausencia total de mujeres en sus obras, rasgo que él entendía como circunstancial. Sin embargo, en una entrevista realizada por David Jacobs, un mes antes de su muerte, reconoció que "en A bsentha es muy evidente el clima misógino y en mi primera obra, Continente viril (que estrenaron Los Macocos en 2003), se respiraba un fuerte olor masculino. Pero no es lo fundamental de estas obras. Aparte, adoro a las mujeres aunque me hagan sufrir", dijo, además de prometer textos sobre el universo femenino.

Como lo definió Osqui Guzmán, "lo gracioso de Aco es que era muy serio". Seriedad en el porte y en la búsqueda, que lo llevaba a corregir una y otra vez sobre cada línea. Ángel guardián de la palabra de su hermano, Gaby Acobino revisó viejas discos rígidos y dio a luz más material descartado -reescrituras, esbozos, reflexiones, diálogos imaginarios- que será editado por Jorge Dubatti como Borradores 1 y 2. Además, para octubre de 2019, cuando Aco cumpliría 50 años, se proyecta la presentación de A Aco, un libro homenaje que incluye cartas, ensayos y recuerdos de colegas y amigos, como el de José María Muscari, que lo dirigió en Marchita como el día, en 1996: "Siempre fui adicto a lo fuera de serie y él lo era", escribió sobre su compañero de recreo en la Emad. Más de veinte años después, el inagotable Acobino continúa de estreno y reestreno en nuestro país y en el exterior, en Uruguay y México. Una película documental sobre su vida también estaría terminada para 2019, dirigida por Mónica Salerno y con el título Aco, nos hiciste felices: una declaración que se mantiene presente.

Enobarbo

De Alejandro Acobino.

Sala Orestes Caviglia del Teatro Nacional Cervantes, Libertad 815.

Desde el jueves 18, de jueves a domingos, a las 21.

Entrada, $ 230.

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