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Los gitanos no forman parte de la interculturidad

Jorge Emilio Nedich
Jorge Emilio Nedich PARA LA NACION
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17 de octubre de 2018  • 18:34

En Río Gallegos, tres personas agredieron a un integrante de la comunidad gitana de 32 años, con problemas mentales. Lo privaron de su libertad por casi 24 horas, lo golpearon y lo empalaron. Los médicos tuvieron que practicarle una ablación en el abdomen para sacarle más de 30 centímetros de un palo que le destruyó varios órganos, entre ellos, el intestino. Si sobrevive es muy probable que no vuelva a caminar. La ciudad conoce a los agresores. Uno de ellos sigue prófugo. La familia de Alfonso cree que hay odio racial. La carátula fue inicialmente caratulada como lesiones graves. Ahora, como investigación de abuso sexual.

El martes se realizó una marcha pidiendo justicia por Alfonso. Los vecinos más cercanos acompañaron; formaron un grupo discreto, bastante, si se tiene en cuenta la violencia del hecho. La discreción tiene que ver con el estereotipo que se retroalimenta con solo ver a la comunidad gitana en cualquier situación.

Los gitanos se afincaron en la región en 1970. Rápidamente fueron ganando terreno con el comercio y con la compra y venta de autos nuevos y usados. Las familias Miguel y Traico Rrom, griegos de habla romanesh, y la familia Giorgevich, gitanos Ludar de habla rumana, afirman que Santa Cruz es la provincia donde están más integrados. A pesar de eso, siempre hay algo latente ante su presencia. Los estereotipos impiden pensar: En Choele Choel, Rio Negro, en 2007 iban a echar una familia gitana por ser "anormales", según publicó el diario Río Negro.

El estereotipo nace y se reproduce con la literatura canónica de Cervantes, cuando asegura que los gitanos nacieron para robar y que el hurto y las ganas de hurtar no se les quita sino con la muerte. Para Don Miguel, el problema era genético. Cuando describe a la mujer española asegura que es virgen, limpia, honesta y culta; en cambio, la gitana es lujuriosa, sucia, ladrona y bruta, y de ese modo se la descalifica como novia, esposa y madre. Lo mismo ocurre con la otra gitana: Carmen.

En el gran poema de Hernández, Fierro, se burla de los negros, de los italianos, de los ingleses y de los indios. En la Literatura infantil europea hasta el año 2000 tenían un alto consumo los cuentos donde los gitanos, con la complicidad de sus hijos, robaban niños rubios. También se ve la discriminación y el racismo en el cine estigmatizante de Kusturica.

El etnocentrismo siempre condena: ve la paja en el ojo ajeno y no ve la viga en el propio. La incoherencia no resuelve el problema: Naciones Unidas pide, por un lado, derechos para los gitanos. Y por el otro, desde el 12 de diciembre de 1996 festeja el "Día internacional de la tolerancia". La proclama establece dos niveles: las personas superiores deben tolerar a las inferiores.

El estereotipo es peligroso. Si no pensemos qué hubiese pasado si tres gitanos hubieran empalado a un vecino con problemas mentales. Ojalá podamos conocer la historia gitana para otorgarle la única herramienta que transforma: la educación.

(Jorge Nedich es titular de la Cátedra de Introducción a la cultura gitana. Su última novela es El aliento negro de los romaníes)

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