Roberto Fernández, el jefe de los colectiveros, extiende su reinado en la UTA

Renovará otra vez su mandato en el gremio, en medio de tironeos con el Gobierno por las paritarias y los subsidios
Renovará otra vez su mandato en el gremio, en medio de tironeos con el Gobierno por las paritarias y los subsidios Fuente: Archivo
Nicolás Balinotti
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18 de octubre de 2018  

Después de neutralizar a la única lista opositora que lo desafió por no cumplir supuestamente con los requisitos estatutarios, Roberto Fernández allanó su camino para lograr entre hoy y mañana una nueva reelección al frente de la Unión Tranviaria Automotor (UTA), el influyente gremio de los colectiveros, cuyo músculo es determinante para garantizar el impacto de una huelga general.

La atención en la UTA no es en vano: el transporte urbano de colectivos se lleva 2600 millones de pesos mensuales en subsidios y esconde una pelea subterránea que involucra a gremialistas, empresarios y al Gobierno.

"Más vale malo conocido que bueno por conocer". Con esa frase, el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich , dejó en claro hace unos días delante de un grupo de empresarios del transporte quién era su favorito para continuar al frente del gremio que reúne a los colectiveros de larga y corta distancia, a los choferes de combis y a una porción de los metrodelegados del subte.

Así, como sucedió con la elección del Sindicato de Empleados de Comercio, en la que ganó Armando Cavalieri, el Gobierno buscó cerrar filas con sindicalistas de peso e influencia dentro de la CGT.

Fernández, que lidera la UTA desde 2008, integra el ala de gremios dialoguistas en la consideración del presidente Mauricio Macri. Quedó en evidencia cuando acompañó a Dietrich en la misma mesa cuando se anunciaron los aumentos de las tarifas de transporte y subsidios. Conserva, además, buen vínculo con el jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, a partir de la pulseada con los metrodelegados. De hecho, su hijo Roberto Alejandro trabaja a sueldo en el Instituto de la Vivienda de la ciudad.

Más allá de estas ligazones, Fernández explora un distanciamiento del Gobierno. En el interior hay muchas seccionales en pie de guerra porque no se cumplió con el pago del aumento salarial y ayer se mostró en el escenario de uno de los actos del PJ, más precisamente en Tucumán. En el gremio distinguen una maniobra de la Secretaría de Trabajo en el intento de impugnar la elección de hoy.

El jefe de los colectiveros levantó su perfil combativo por la elección interna, en la que Miguel Bustinduy, actual secretario de Organización, se abrió y lo desafió con una lista opositora que no logró validez a pesar de los intentos de impugnación de los comicios en la Justicia. Además, la izquierda echó raíces, sobre todo en la línea 60, del Grupo DOTA, un sector empresario que se había entusiasmado con el surgimiento de una oposición a Fernández.

Detrás de la pelea sindical en la UTA se esconde una trama de empresarios y poder que se agitó por el tiempo electoral. Fernández, además de contar con el respaldo implícito de Dietrich, tendría el visto bueno de Mercedes-Benz, la principal concesionaria de colectivos. Pero él lo desmiente. "Nosotros somos ajenos a la pelea entre empresarios de quién vende más colectivos. A nosotros no nos banca nadie, mientras que a Bustinduy lo banca DOTA", dijo Mario Caligari, secretario de prensa de la UTA.

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