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Copa Argentina: el clásico entre Central y Newell's tiene fecha, pero está cada vez más lejos de Rosario

Central y Newells, un duelo muy esperado por la Copa Argentina, pero todavía sin sede
Central y Newells, un duelo muy esperado por la Copa Argentina, pero todavía sin sede Fuente: FotoBAIRES
Alberto Cantore
Pablo Casazza
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17 de octubre de 2018  • 23:59

El clásico de Rosario, a esta altura una serie de enredos que no se cansa de sumar capítulos, tuvo su primera certeza. Después de varias jornadas en las que los dirigentes de Newell's y Rosario Central intentaron manejar la agenda con operaciones mediáticas y mensajes sin sustento, resultó la Asociación del Fútbol Argentino la que se encargó de fijar la fecha del partido por los cuartos de final de la Copa Argentina . El 1° de noviembre, el único dato fehaciente para un juego que todavía no conoce ni sede ni horario.

Encontrar el estadio será otro round más que librarán los organizadores, los representantes de los dos clubes y los organismos de seguridad, en particular el de la provincia de Santa Fe, que luego de desmentir que no brindaría apoyo para el encuentro más pasional de nuestras tierras, como apuntó mediante un comunicado quienes manejan la Copa Argentina, se encuentra con un hecho que poco ayuda a reflotar la idea de disputar el encuentro en Rosario: anteayer, 300 simpatizantes rojinegros, bajo el camuflaje de un banderazo, visitaron al plantel que dirige De Felippe y apretó a los futbolistas, tras la práctica en el predio de Bella Vista. Un acontecimiento que no hace más que profundizar un escenario apocalíptico de un partido que en el pasado fue un estandarte de la ciudad.

El discurso político para jugar en Rosario, después de sortear la sede, con hinchas de los dos clubes, sufrió un durísimo revés con la irrupción de los violentos a un espacio que es propio de los futbolistas, el cuerpo técnico. Una señal peligrosa, que resalta la impunidad con la que se movilizan estas personas y que expone la connivencia entre quienes manejan una institución y los barrabravas, sin distinción de escudos y colores. Esto robustece el recelo de la organización, que desconfía de lo que proclaman los dirigentes para el público, ya que en las negociaciones solo se dedicaron a buscar ventajas deportivas.

También al ministro de Seguridad santafecino, Maximiliano Pullaro, el apriete lo deja fuera de juego en la pulseada por garantizar la seguridad del partido. El escenario desdibuja todos los esfuerzos y la imagen que se pretendió enseñar hacia afuera, robustece el pedido de una edil santafesina de no albergar el compromiso en ninguna de las dos canchas de la capital, como se insinuó, ya que el traslado de las dos hinchadas -una por la autopista la otra por la vieja ruta 9- demandaría un operativo descomunal, lo que la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, se encargó de ratificar días atrás, al señalar que "no escoltarán a las barras".

Si Rosario ni Santa Fe asomarían como sedes fiables para la organización, la vía es trasladar el partido al conurbano bonaerense y ahí los estadios que se perfilan son Lanús y Arsenal, aunque en ninguno de los casos la Aprevide (Agencia de Prevención de la Violencia en el Deporte) quiere que se juegue con público.

El clásico de Rosario tiene fecha, pero le falta el dónde. Newell's y Rosario Central, el partido al que todos le temen, suma episodios fuera de la cancha.

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