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El orgulloso

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
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18 de octubre de 2018  • 00:46

El éxito es el fin de un proceso, sin embargo, una persona orgullosa recorta el éxito fuera del proceso y se atribuye a sí misma un éxito individual. El orgulloso es consciente de que otros la ayudaron a llegar al lugar donde hoy se encuentra, pero, al efectuar tal recorte, se lleva todo el mérito y eso lo conduce a:

a. Colocarse por encima de las personas. Alguien con una autoestima sana dice: "Yo soy importante y vos también". Alguien con baja estima dice: "Yo no soy importante, vos sí". Y el orgulloso dice: "Yo soy el único importante, el resto no vale nada".

b. Henchirse. Podríamos compararlo con el pez globo que, frente al miedo de ser devorado, se infla como un mecanismo de defensa. Es decir que no existe la sobreestima; es un disfraz para la inseguridad y el vacío interior.

c. Buscar la mirada externa. Lo hace para obtener la validación de lo que no puede darse a sí mismo internamente. Vive siempre exhibiendo sus logros y buscando el aplauso porque no puede brindarse su propio reconocimiento.

d. Adoptar ciertas conductas. Usa frases (entre otras) tales como: "Si la belleza (o la inteligencia) no existen, ¿cómo explicar mi existencia?". Dichas conductas, en un primer momento, la gente las percibe como un índice de seguridad pero, con el tiempo, se da cuenta de que es una máscara que consiste en colocarse por encima de los demás.

e. Tener un vacío interior. Cuando uno hace algo esperando el aplauso del otro, es porque no puede aplaudirse internamente. Cuando uno hace algo en espera de la felicitación externa, es porque no puede disfrutarlo en su interior.

f. No deja lugar para las dudas sobre su superioridad. Lo caracterizan la arrogancia y la creencia de que es carismático (aun cuando no lo sea). Cuando queda en claro ante los demás que no es tan perfecto como creían, a menudo se deprime; pero casi siempre, se recupera pronto. Si tiene subalternos, les transmite este mensaje: "Son afortunados de estar cerca de mí". Como siempre el foco es él mismo, tiene dificultades para el trabajo en equipo.

g. Confía demasiado en sí mismo. Esta autoconfianza excesiva no le permite mejorar. Es más, piensa que todo lo hace bien. No tiene una mirada introspectiva para ver qué cosas podría modificar para crecer. Cree que la perfección está presente en toda su vida, hasta el punto de sentirse él mismo perfecto. Por eso, no acepta que nadie le diga nada ni lo aconseje. Está bien sentir orgullo, o satisfacción, por un logro importante pero es fundamental la seguridad en uno mismo que conduce a tener una autoestima sana y equilibrada. Jamás deberíamos creernos más que el resto de los mortales por aquello que hacemos mejor que los demás, al punto de caer en el maltrato al otro.

¿Cómo prevenimos el orgullo en nuestra vida?

  • a. No olvidando nunca nuestra historia. El famoso rey David derribó al gigante Goliat porque era un experto con la honda. Según el relato, esto se debía a que, cuando un oso o un león le robaban una oveja, él les arrojaba una piedra. El rechazo de sus padres y de sus hermanos lo llevó a cuidar las ovejas. Es decir, que ser rechazado lo condujo a tener ovejas, a practicar con la honda y a vencer a Goliat. Cuando uno es capaz de leer toda su historia, descubre que las cosas positivas, como la gente que nos ayudó, y aun las cosas negativas nos "han servido para bien" y podemos reconvertirlas en éxito o en aquello que hoy somos.
  • b. Colocando un sueño más grande delante de nosotros. Cuando creemos que hemos llegado, es el fin. Todo cartel de llegada tiene también uno de partida. Esto significa que colocar un sueño más grande delante de nosotros nos permite saber que hemos crecido.
  • c. Recordando que el disfrute interno es lo más importante. Todo lo que hacemos, debemos hacerlo por y para nosotros. A esta actitud se la suele denominar "éxito". Entonces el exitoso sería aquella persona que se dedica a hacer lo que ama porque obedece a su propio sueño y proyecto. Frente al éxito, puede surgir la fama y la mirada social y es posible disfrutarlas. Pero el orgulloso nunca tiene éxito porque busca la fama y, sin darse cuenta, se transforma en esclavo de ella.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

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