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Juegos Olímpicos de la Juventud: la selección de futsal goleaba, pero perdió la medalla de bronce ante Egipto

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Argentina

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Egipto

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Matías Baldo
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18 de octubre de 2018  • 09:33

En el último día de competencia de los Juegos Olímpicos de la Juventud , la selección argentina de futsal vivió una gran frustración: luchaba por la medalla de bronce ante Egipto y hasta ganaba 3-1 al término del primer tiempo, pero los africanos tuvieron una notable reacción en la segunda etapa y terminaron subiéndose al podio, tras imponerse 5-4.

Los goles de Egipto fueron convertidos por Talaat Mohamed (4) y Mohamed Salman, mientras que en Argentina anotaron Ezequiel Ramírez (2), Agustín Raggiati y Alan de Candia. La selección local se fue al descanso con una victoria parcial por 3-1 -arrancó 3 a 0-, aunque el nerviosismo y la falta de puntería fueron mellando progresivamente sus chances de podio.

Una vez que la decepción y la frustración se conviertan en recuerdos amargos del pasado, la lección servirá de aprendizaje para un futuro cargado de ilusión para la selección argentina de futsal que dilapidó una ventaja de tres goles frente a Egipto en el partido por el bronce olímpico.

El festejo de los egipcios ante Argentina
El festejo de los egipcios ante Argentina Fuente: LA NACION - Crédito: Buenos Aires 2018

El combinado nacional parecía haberse recuperado rápidamente del golpe que significó la eliminación en semifinales a manos de Brasil, el mejor equipo del torneo, en un primer tiempo arrollador. En apenas diez minutos, Argentina había construido una ventaja considerable gracias a los goles de Agustín Raggiati, el 10 y figura albiceleste en la mañana del Parque Sarmiento, y el doblete de Ezequiel Ramírez. El 3-0 parecía definitivo pero nunca hay garantías en el futsal, menos aún para un equipo que batalló a contracorriente durante todo el torneo.

Egipto, casi sentenciado, revivió a cuatro minutos del final del primer tiempo con un tiro libre de Mohamed Talaat, quien en la segunda etapa marcaría otros dos goles para construir una remontada heroica que desató la locura de un puñado de chicas egipcias en la tribuna

Argentina salió del vestuario adormecida, acusando el desgaste de la presión incesante que ejercieron durante los primeros veinte minutos, y con dos tantos le empataron el partido en menos de 120 segundos ante la desesperación de su entrenador Matías Lucuix, quien desde afuera intentaba despertar a un elenco alicaído: "No estamos jugando en la esquina de su casa", gritaba desesperado.

La selección local intentó recuperarse, pero ya era tarde. Con Santiago Rufino, el crack que se llevó el Barcelona, como arquero-jugador, el conjunto local fue en busca del empate bajo el aliento de 4800 personas que desde bien temprano se acercaron a Tecnópolis para alentar a la selección en una disciplina que llenó su estadio en cada presentación nacional hasta el clásico de semifinales frente a Brasil.

Algarwany Abdelrahman, el arquero egipcio, construyó un muro en su arco que recién pudo vulnerar el capitán Facundo Gassmann a segundos del final, un gol que solo alcanzó para decorar el resultado. La chicharra anunció el cierre de un partido, en un torneo que fue un suplicio constante para una Argentina que se clasificó de forma agónica en la fase inicial y que, tras cumplir su mejor actuación en la derrota frente a Brasil, se quedó con las manos vacías.

Argentina no pudo con Egipto
Argentina no pudo con Egipto Fuente: AP

Pese al resultado, el público despidió al equipo con aplausos en un gesto más de una hinchada cuyo comportamiento fue ejemplar durante todo el campeonato, un temor permanente incluso desde la propia organización que decidió, a diferencia de lo que sucedió en el resto de las sedes, servir en vasos las gaseosas que los hinchas podían adquirir dentro del completo de Tecnópolis. "No quieren que las tiren a las canchas", reflexionó un vendedor.

Con los mayores consagrados campeones del mundo en Colombia hace dos años, los jóvenes recibieron una lección durante su experiencia olímpica, un aprendizaje que podría moldear el futuro de una generación plagada de talento. Con todo, el sinsabor de los chicos fue tal que dejaron la cancha con mucha bronca y sin ganas de hablar.

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