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Más de 400.000 chicos participaron de las pruebas Aprender en todo el país

Los chicos rindieron examen
Los chicos rindieron examen Fuente: LA NACION - Crédito: Emiliano Lasalvia
Soledad Vallejos
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18 de octubre de 2018  • 13:29

Están sentados en el patio del colegio, y la directora les recuerda que hoy tienen una evaluación especial. Son alumnos de sexto grado de la Nueva Escuela Argentina 2000, en Belgrano, que hoy participaron de la tercera edición de las pruebas Aprender, en las que intervinieron escuelas privadas y públicas de todo el país, con la excepción de la Provincia de Buenos Aires -por el paro docente- y la provincia de Entre Ríos.

Los chicos y chicas de las tres divisiones que hay en la NEA 2000 por cada nivel de la primaria escuchan con atención a la directora. Son casi 90 alumnos, y al levantarse para ir a sus respectivas aulas uno de los estudiantes gesticula con movimientos rápidos la señal de la cruz, como lo suelen hacer los jugadores de fútbol antes de entrar a la cancha. Las habilidades deportivas no están en juego esta mañana: habrá que demostrar cuáles son los conocimientos en lengua y matemática, las dos áreas que son evaluadas este año para conocer cuál es el nivel de aprendizaje de los alumnos argentinos.

Al igual que en la última edición, las actividades no fueron suspendidas. Los estudiantes asistieron a clase en sus horarios habituales, y las escuelas funcionaron con la dinámica de todos los días. "Los chicos ya saben de qué se trata, conversaron del tema con los docentes y también se les informó a los padres, para que todos estuvieran al tanto de cuál es el objetivo de esta prueba y la importancia que tiene para mejorar las prácticas educativas a futuro -cuenta Alejandra Salonia, directora de primaria de la NEA 2000-.

Aunque el examen no sea de carácter obligatorio, hicimos especial hincapié en el compromiso que tenían que asumir como estudiantes, y les pedimos que no faltaran y que dieran todo lo mejor. Que no se tiren a chantas por el hecho de ser una prueba anónima y que no influye en la calificación de su boletín". Según la opinión de los maestros y directivos de distintas escuelas, tanto públicas como del sector privado, ése era uno de los principales temores de los chicos. ¿Nos ponen nota? ¿Entonces nadie sabe a quién corresponde cada resultado? Despejadas las dudas iniciales con anticipación, hoy los alumnos de la NEA 2000 estaban tranquilos.

En todos los colegios, la modalidad es la misma. El director de cada instituto tiene la función de veedor, y los responsables de tomar las evaluaciones tienen el rol de aplicadores, que son asignados por el Ministerio de Educación y que, en todos los casos, es un docente que no pertenece a esa escuela. Luego de abrir las cajas termoselladas con los distintos cuadernillos delante de los chicos, cada aplicador los reparte y cuenta en detalle cómo es la modalidad.

Finalizada la explicación, la advertencia es tajante: "No se puede preguntar nada, y si tienen alguna duda vuelven a leer la consigna", dice la aplicadora Mariela Vázquez a los alumnos de la NEA 2000. Pero Manuel, sentado en la cuarta fila contra la ventana, levanta la mano: "Una preguntita. ¿El lápiz y la goma que nos dieron para hacer la prueba nos los podemos quedar o hay que devolverlos?". La atención se dispersa y algunos se ríen, pero en cuestión de segundos todos están inmersos en sus cuadernillos. Reina el silencio y la concentración.

¿Puedo usar el diccionario?

En el centro de la Ciudad de Buenos Aires, en la Escuela N°9 del Distrito 1, "Familia de Cabezón", la postal es muy parecida. De los 25 estudiantes de sexto grado que conforman el curso, faltaron 4, y dos con previo aviso. Mientras la directora de la escuela, Inés Rodríguez Bazzi, completa el cuadernillo asignado al equipo directivo y docente, los alumnos trabajan en la prueba de lengua, que entre otras cosas evalúa la comprensión de textos a partir de tres capacidades cognitivas: extraer información literal de los textos, interpretar esa información a partir de inferencias y reflexionar sobre la historia desde conocimientos previos.

En eso estaban los alumnos de la Escuela N°9 en el primer bloque de la mañana. Mientras pensaban la posible respuesta de uno de los ejercicios, que pedía marcar cuál era el significado correcto de una palabra que aparecía en un párrafo del texto, una estudiante levanta la mano. "Una pregunta. ¿Puedo usar el diccionario?". La aplicadora María de los Ángeles Mauri le pide lea con atención y se tome su tiempo para responder. "Igual que ellos estaban nerviosos con la situación de la prueba, a los docentes nos pasa algo parecido. La verdad es que uno no sabe cómo será el grupo de alumnos al que se enfrenta, y me he llevado una muy grata sorpresa. Trabajan muy bien, y con mucho entusiasmo".

El docente de grado es Darío Saboredo, y cuenta que los chicos "vienen trabajando desde mayo con distintas evaluaciones, y la verdad es que están entrenado a una situación de examen", reconoce. Juntos, agrega, conversaron sobre el objetivo de las pruebas Aprender, y una de las cuestiones que más les preocupaba, como en todos los colegios, era si el resultado tenía injerencia en sus boletines. "No hicimos ninguna simulación, pero trabajamos todos los temas", asume Saboredo.

Bajo rendimiento

Sin embargo, la última edición de Aprender no arrojó buenos resultados. De acuerdo con la difusión de los datos, se registraron graves deficiencias de aprendizaje, como que casi el 70% de los alumnos de sexto grado tenía un nivel básico o inferior en el área de matemática. Y casi un 40% no alcanzaba satisfactoriamente los objetivos para la comprensión de textos.

Para Claudia Romero, Directora del Área de Educación de la Universidad Torcuato Di Tella, evaluar la calidad del sistema educativo es necesario para poder mejorarlo. "Hace más de 20 años que Argentina realiza evaluaciones de los resultados de aprendizaje de los alumnos como un modo de medir la calidad del sistema y lo hizo con discontinuidades, resultados que se comunicaban tarde y debilidades técnicas de las pruebas -advierte-. El gobierno de [Mauricio] Macri, en su acertada política de reconstruir los sistemas de información pública, relanzó las evaluaciones bajo el nombre de Aprender y puso énfasis en hacerlas todos los años y censales, para todos los alumnos de 6° grado de primaria y todos los que terminan la secundaria, con el compromiso de reportar los resultados con celeridad. Y hasta envió un proyecto al Congreso para conformar un Instituto de Evaluación que funcione con mayor calidad técnica e independencia política. Pero ahora, se interrumpe la frecuencia anual, la Provincia de Buenos Aires (con el 40% de la matrícula de alumnos) no tomará las pruebas debido al paro docente y el proyecto de Ley del Instituto de Evaluación cayó en el olvido. No son buenas noticias".

Este año, los resultados serán devueltos a las escuelas y a toda la comunidad a partir de marzo del año próximo. La información, aportan desde el Ministerio de Educación, será presentada de una manera "amigable y transparente", en cumplimiento con las normas que regulan el secreto estadístico.

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