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"En el trabajo, todos me necesitan y todos me usan"

Crédito: Shutterstock
Andrea Churba
(0)
19 de octubre de 2018  • 00:28

Hola, Andrea

Me fui de mi trabajo anterior porque me sentí engañado. Ingresé muy joven a la empresa como técnico en el área de IT. Como soy muy bueno para resolver problemas, mis jefes, mis pares, mis compañeros, los de mi equipo, ¡todos! me buscaban constantemente. "No sé qué haríamos sin vos", me decían.

Esta demanda no se detuvo ni siquiera cuando llegué a ser gerente del área. Teóricamente, me querían hacer crecer a nivel de director de sistemas, pero seguía reparando las computadoras de todos los directores de la compañía. Para eso sí me tenían confianza, pero no para darme un puesto de más responsabilidad. Fueron pasando los meses y no se habló más del tema. Había dado todo de mí, y no me lo reconocían. No aguanté más y renuncié.

En mi nuevo trabajo las cosas no parecen ser muy diferentes. Acá también todos me necesitan y todos me usan. ¿Debería cambiar otra vez?

Saludos y gracias,

Sebastián (33)

Hola, Sebastián:

Todos queremos que nos reconozcan por un trabajo bien hecho. Es muy halagador sentirnos valorados y queridos. Nos encanta sentir que somos los mejores, únicos, irremplazables. "No sé qué haríamos sin vos", nos dicen, y el ego se infla y se regocija. El problema es que ser imprescindible puede ser una trampa y estancar nuestro desarrollo.

Es bueno preguntarte: ¿no habré sido cómplice de crear y eternizar esta situación? Es posible que, sin querer, hayas acostumbrado a tu entorno a estar siempre disponible, a cumplir con todo y con todos. Por mirar sólo el corto plazo, por obtener una satisfacción inmediata, te hiciste cautivo de rutinas operativas que no agregaban valor para vos ni para la empresa, tareas para las que sos "demasiado caro", dada tu posición. Es posible que tu actitud haya generado una dinámica que era a la vez tan satisfactoria para tu ego y tan cómoda y conveniente para los demás que nadie quiso provocar una salida, y eso diluyó tu posibilidad de crecimiento. Y parecería que vas en camino de cometer el mismo error si no aprendés a decir que no, a poner límites y a proteger tu propia agenda.

Al principio resulta incómodo decir que no. Tu cambio no le va a gustar a tu entorno. ¿Estás dispuesto a aguantar malas caras y conversaciones difíciles para lograr lo que querés? Algunos se van a empeñar en hacerte pisar el palito, en que vuelvas atrás, a lo acostumbrado. ¿Serás capaz de evitar la tentación de los halagos y las palmaditas en la espalda?

Antes de decir que sí y dejarte acunar por la necesidad del otro, pará y pensá a dónde te querés ver en el mediano y largo plazo. Planificá cómo vas a liberarte de la trampa en la que, inadvertidamente, contribuiste a encerrarte. Por ejemplo, podrías delegar en algún colaborador las tareas menores, como reparar las computadoras de los directores, para avanzar consistentemente en la dirección que buscás. Si cuando te llaman tus clientes internos lo llevás con vos y validás su habilidad ante ellos, pronto van a confiar en él tanto como en vos. Lleva algún tiempo de inversión, pero vale la pena.

¿Y qué más podrías hacer? Provocar conversaciones con tus clientes internos, cultivar esas relaciones, te permitirá anticipar sus necesidades y convertirte en su par, en su socio estratégico y una pieza fundamental con quien co-crear los sistemas que necesitan.

Nadie va a cuidar tu lugar, tu tiempo, tus metas, tu desarrollo, tu salud y tus emociones. Lo tenés que hacer vos. Si no tomás las riendas, no tiene sentido cambiar de empresa, porque te llevarías el problema con vos.

¿Qué acciones vas a emprender para no dejarte distraer de tu objetivo? ¿Cuál va a ser tu primer paso? Poné una fecha y empezá a construir el futuro que querés.

¿Te inquieta alguna cuestión laboral? Desde hoy si querés contarme tus desafíos y tus problemas en el trabajo, escribime a Lanacion@andreachurba.com.ary realizá tu consulta.

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