2 Recetas con arándanos, los confites naturales que deberíamos comer cada día

Fuente: Jardín - Crédito: Archivo Revista Jardín
(0)
18 de octubre de 2018  • 18:49

Comienza la primavera, y los primeros arándanos frescos y locales empiezan a verse en las verdulerías. En el mundo se popularizó como un "superalimento", un producto con especial condensación de beneficios saludables, por una serie de ventajas para el organismo que parece infinita.

Chutney de arándanos

Fuente: Jardín - Crédito: Archivo Revista Jardín

  • Una preparación simple, rápida y deliciosa para acompañar carnes, especialmente cerdo o incluso una pavita fría.

Ingredientes

½ kg de arándanos; 50 cc de vino blanco; 200 g de azúcar mascabo; canela en rama; 100 cc de vinagre blanco; ½ cda. de pimienta negra; ½ cda. de mostaza; ½ cda. de jengibre en polvo o 1 cda. de jengibre fresco rallado.

Preparación

Cubrir los arándanos con el vinagre en una ollita de hierro o acero inoxidable. Agregar las especias, el azúcar y el vino blanco. Llevar a hervor y luego cocinar a fuego lento, hasta que espese como una mermelada. Quitar cuidadosamente la ramita de canela y servir tibio o frío, acompañando el plato elegido.

Helado de coco y arándanos

Fuente: Jardín - Crédito: Archivo Revista Jardín

  • Los helados a base de crema de leche encontrarán una fuerte competencia en este postre bien cremoso y sorprendente, a prueba de golosos y mucho más saludable.

Ingredientes

2/3 taza de arándanos; 1 taza de crema de coco; 2 o 3 cucharadas de miel; pizca de sal

Preparación

Procesar, mixar o licuar todos los ingredientes hasta lograr una crema homogénea. De contarse con máquina para hacer helado, llevar la mezcla al recipiente y seguir sus instrucciones. Caso contrario, llevar al freezer y volver a licuar o mixar cada media hora o 45 minutos, para evitar la cristalización. Servir con algunos arándanos frescos y un hilo de miel en cada porción. Es posible reemplazar la miel por azúcar o el endulzante que se prefiera.

Muy fácil: Lavar arándanos frescos y congelarlos sin más, en porciones abundantes, es una gran idea. Se transforman en un snack helado, natural y refrescante, irresistible

Más usos en la cocina

Los arándanos pueden comerse frescos en su estación, o en preparaciones deliciosas. Por su alto contenido de pectina, el arándano gelifica y espesa de forma similar al membrillo, lo que permite obtener jaleas o mermeladas de excelente textura, con menor proporción de azúcar que otras frutas, para untar o para rellenar tartas y pastelería.

También acompaña muy bien preparaciones saladas: suma color y frescura a ensaladas, y en salsas o chutneys complementa el sabor de las carnes. Con lácteos intensos, como queso de cabra o queso brie, forman una pareja perfecta.

Fuente: Jardín - Crédito: Archivo Revista Jardín

Aliados de la salud

  • El arándano es un poderoso antioxidante: contiene abundantes pigmentos naturales que neutralizan la acción de los radicales libres nocivos para el organismo.
  • Es fuente importante de vitamina K y magnesio; sus nutrientes aumentan el colesterol bueno (HDL), que previene riesgos cardíacos, y su generoso aporte de vitamina C potencia el sistema inmunológico y reduce el riesgo de contraer enfermedades comunes como gripes y resfríos.
  • Son bajos en densidad calórica y prácticamente nulos en grasas: una taza aporta apenas 80 calorías.
  • Su capacidad de prevenir y reducir afecciones gastrointestinales y urinarias está comprobada. Mediante diversas pruebas recientes, se constató que el jugo de arándanos contiene propiedades antiadherentes que evitan que ciertas bacterias se fijen en las paredes del estómago. Este mismo fenómeno se aplica a la vejiga, con respecto a las bacterias que pueden producir infecciones urinarias.
  • Según estudios de la Universidad de Tel Aviv, también se comprobó que el consumo de arándanos protege los dientes de cualquier adherencia bacterial en un 58%, evitando el desarrollo de caries.

Fuente: Jardín - Crédito: Archivo Revista Jardín

Cómo cultivarlos

Puede conseguirse el plantín o sembrarse en maceta, donde las semillas tardarán un mes en germinar. También puede ser con un arbusto ya listo para trasplantar, ya que tardan unos tres años en dar frutos por primera vez. Resisten bien una gran variedad de pestes y enfermedades, y dan frutos -cada verano- durante hasta 20 años. Para un arbusto joven, se recomienda una maceta de unos 20 litros. A estas plantas les gustan los suelos ácidos, de pH bajo (entre 4,5 y 5); puede agregarse turba, harina de semillas de algodón y utilizar abono de cortezas y hojas de roble o pino. Durante el primer año después de plantar los arbustos, deberán recortarse todas las floraciones para darles una mayor resistencia antes de que empiecen a dar frutos.

En los años que sigan a esta primera poda, se retiran los brotes que crecen cerca de la base del arbusto, cortando en ángulo por los nudos de cada rama. Cuando la planta madure (luego del cuarto año), necesitará una maceta de entre 60 y 75 litros. Necesitan mucho sol y riego frecuente, pero no demasiado abundante: los perjudica un suelo constantemente húmedo. Por eso hay que elegir una tierra ligera y con buen drenaje, e incluso en los sustratos sin tierra se benefician mucho ya desde el momento de la siembra.

Fuente: Jardín - Crédito: Archivo Revista Jardín

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?