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El fútbol argentino debate su futuro por las sociedades anónimas deportivas, un viejo anhelo de Macri

Claudio Tapia, presidente de la AFA, y Mauricio Macri, presidente de la Nación
Claudio Tapia, presidente de la AFA, y Mauricio Macri, presidente de la Nación
Alejandro Casar González
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18 de octubre de 2018  • 23:59

El fútbol argentino se apresta a debatir el ingreso de una figura que ni siquiera está incluida en el código civil: la sociedad anónima deportiva (SAD). La AFA dará el debate sin ganas y bajo presión. Es una batalla más de una guerra que se inició el 27 de octubre de 2016. El conflicto, como siempre, es por dinero: $1346 millones, el monto de las ventajas impositivas que les había dado Eduardo Duhalde en 2003. Los dirigentes del fútbol supieron entonces que ese decreto, el 1212, tenía los días contados.

Hubo un año de negociación entre la AFA y el Ejecutivo: marzo de 2017 a marzo de 2018. Reuniones de un lado y del otro. Se habló de cómo hacer para compensar la balanza de pagos. De duplicar o incluso triplicar los aportes de los clubes a la AFIP. "A mí ya no me llaman más. Las negociaciones se cortaron", cuenta uno de los cancilleres del fútbol que asistió a esas charlas. La fuente dice que más de una vez se puso en discusión la apertura de los clubes a los capitales privados. O sea, las SAD. "Hay que abrir el debate ahora para evitar que sigan presionando por ese lado", se sincera un dirigente del ascenso en relación al decreto. La derogación de un día para el otro del decreto 1212 (que fija sus aportes a la seguridad social en un 7% sobre los ingresos de TV, venta de jugadores y de entradas) llevaría a los clubes a una quiebra virtual. Sobre todo, a los que tengan mayor cantidad de empleados en relación de dependencia (River, Lanús, Independiente, Banfield), entre otros.

"Nadie me lo dijo, pero circula en el aire que sacan el 1212 si no se vota esto. Presionaron para que se instale en la Asamblea. Y hasta presionan para que se vote en secreto. ¡Pero el voto secreto ni siquiera está en el estatuto!", protesta Marcelo Achile, quien preside Defensores de Belgrano desde hace 22 años. Achile defiende a las asociaciones civiles "en cualquier contexto". El club forma parte de su propia historia: las cenizas de su abuelo están enterradas en uno de los arcos del estadio Juan Pasquale, en el Bajo Núñez. "Este es un tema de imposición. Si pasa, pasa. Yo no creo que pase: los dirigentes tenemos que votar en función de nuestra representatividad y de lo que piensan los socios. El 95% de los socios del fútbol argentino no quieren las SAD".

La Asamblea de noviembre provoca milagros inesperados. Que Defensores y Excursionistas, rivales de toda la vida, caminen por la misma vereda cuando hablan sobre las SAD es uno de ellos. "Los clubes del ascenso somos los principales objetivos de las SAD. Sobre todo, clubes como los nuestros, que por su valor inmobiliario suscitan otros intereses", alega Javier Méndez Cartier, presidente del club del Bajo Belgrano. Ubicado en Pampa y Miñones, el metro cuadrado de Excursionistas es el segundo más caro del fútbol argentino, solo detrás de River. Más datos: "La coyuntura para avanzar con las SAD no es la ideal, porque la AFA está normalizada, las deudas se han cancelado y el fútbol argentino se puso de pie en todos los frentes. Los supuestos por los cuales uno podría pensar que las SAD son opciones viables son axiomas y no son ciertos. Un ejemplo: que aportan mayor transparencia. Excursionistas, como toda la Primera C, va a votar en contra". El boca de urna no cierra: las SAD necesitan 33 votos sobre 43 posibles.

"Este no es un proyecto nuestro: se presenta a pedido de la Superliga" , recuerda Daniel Ferreiro, vocero del presidente Claudio Tapia y uno de los armadores de Ascenso Unido. "En la Asamblea deberemos tomar varias decisiones y escuchar a los dirigentes de la Superliga. A Mariano Elizondo, su presidente. Pero también hay que escuchar detenidamente a los dos vicepresidentes, como Jorge Brito (River) y Matías Lammens (San Lorenzo)", adelanta Ferreiro. Y presagia: "Desde el ascenso habrá todo tipo de voces, pero siempre definimos y debatimos en conjunto. No lo vamos a hacer hasta una semana antes. Hoy tenemos otras prioridades". Aunque no lo diga, esas prioridades son pagar los viajes al interior. Cuando se publica el fixture, los dirigentes de la B Nacional (Ferreiro es un histórico hombre de Nueva Chicago) ya no se preocupan por los rivales, sino por los desplazamientos que deben hacer.

Las asociaciones civiles tienen quienes las defiendan en todas las categorías. En la Superliga, San Lorenzo es uno de los abanderados. "Fuimos el primer club en rechazar las SAD en asamblea de socios. Por estatuto, el club será siempre de los socios y nunca de un dueño", se planta Matías Lammens, presidente del Ciclón. Y agrega: "Nos oponemos al ingreso de la SAD porque desaparecería el rol social que cumplen los clubes en sus entornos, además de poner en crisis el vínculo identitario que tienen con sus socios. No creemos que todo se puede comprar y vender en el mercado. El afecto que uno desarrolla por su club y las amistades que ahí se forjan son una de las cosas que no se puede comprar ni vender".

Para Lammens, el contexto actual de inflación y caída de la economía es aún menos propicio para la llegada de las SAD: "En un país donde 4 de cada 10 chicos son pobres es criminal transformar a los clubes en SAD. Hoy, los clubes son un lugar de salvaguarda para los chicos, en especial los más vulnerables. Los políticos deberían fomentar la creación de clubes, en vez de hacerlos SAD que solo persiguen ganancias económicas. Los clubes son una enorme red de infraestructura pública no estatal de carácter social; un vehículo inmejorable para llegar allí donde el Estado -por incapacidad o por falta de voluntad- no llega".

Como ocurrió con la elección que ungió a Tapia como presidente, el ascenso sabe que sin sus votos es imposible que el gobierno tenga un fútbol abierto a los capitales privados. Por eso es que el propio Tapia se encargó de elegir a los asambleístas de cada categoría. Los asambleístas del ascenso serán los 21 hombres del presidente, quien cada vez que se refirió a las SAD habló de dar el debate en los órganos de gobierno de la AFA. Es una jugada política: Tapia, yerno de Hugo Moyano, sabe que hasta fines de noviembre el 1212 no corre peligro. Y en diciembre el Gobierno estará más preocupado por la cumbre del G-20 que por el fútbol. Enero y febrero serán meses muertos. Llegará marzo. Y la brújula ya apuntará a las elecciones presidenciales de 2019.

El sí a las SAD proviene de clubes manejados como una empresa. Talleres de Córdoba o incluso San Martín de San Juan se ha mostrado a favor. Pero el principal promotor tiene nombre y apellido: Mauricio Macri. En su currículum como dirigente deportivo solo hay una derrota (eso sí, por goleada). Fue el 20 de julio de 1999, cuando Julio Humberto Grondona le hizo el abrazo del oso en el predio de Ezeiza. Por entonces, el campo a metros del aeropuerto no tenía nombre y apenas se había levantado uno de los tres edificios que hay hoy. Aquel día, Grondona reclamó atención a los 82 miembros del comité ejecutivo ampliado (solo votaban 26).

Macri llevaba una idea revolucionaria: la introducción de inversores privados para evitar que los clubes más pobres desaparecieran. Macri habló y habló. Cuando terminó, Grondona hizo lo que nunca: llamó a votar, pese a que siempre prefirió los consensos. Resultado: el no a las SAD se impuso por 24 a 1. "Perdimos, Mauricio", le susurró Grondona al entonces presidente xeneize. Casi 20 años después, el escenario es parecido y los votos no están. Pero Macri gobierna el país. Y Grondona está muerto. ¿Quién se animará a decirle, otra vez, "perdimos, Mauricio"?.

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