Suscriptor digital

Madres e hijos más allá de los genes

Morena conoce su identidad y ella misma suele explicarle a la gente cómo fue concebida
Morena conoce su identidad y ella misma suele explicarle a la gente cómo fue concebida Fuente: LA NACION - Crédito: Patricio Pidal/AFV
(0)
19 de octubre de 2018  • 16:28

Pedro Tovo Peyre no entiende por qué debería dudar en aceptar esta entrevista. Con lo que le gusta comunicar, comunicaría sobre cualquier cosa, quizá por eso sueñe con ser cineasta. Tiene 15 años y muchas cosas que lo definen: que no le gusta el fútbol, que su mejor amigo se llama Ernesto, que vive en Flores, que cursa segundo año en el colegio Julio Cortázar, que fue concebido con la donación de semen y los óvulos de Ana Tovo, una de sus dos mamás; en ese orden, sin jerarquías.

La otra, Paula Peyre, tuvo que vencer sus resistencias a la hora de decidir tener un hijo. Como cualquier persona que teme perder su libertad, cuya pareja llega como una tromba segura de su decisión de procrear: el deseo no es siempre común y se va construyendo en una negociación de adultos y de afecto. Cuando Paula lo vio a Pedro nacer, un 17 de diciembre de 2002, sus miedos quedaron atrás. Ese día su mamá le dijo que era igualito a ella de bebé. Paula y Pedro no comparten su genética pero la abuela, fotos de por medio, está segura de que son dos gotas de agua. Y esto es algo que le sucede a muchas personas que tienen hijos nacidos por donación de gametos (óvulos o espermatozoides): por alguna razón quizá ligada a la epigenética, es decir al impacto del ambiente sobre los genes, usualmente el parecido físico es notable. Y es algo que, también, suele tranquilizar a las familias heterosexuales que tienen hijos por donación y que, según la única encuesta hecha en el país -por Opinaia y el Centro de reproducción CeGyR, sobre 115 casos-, le ocultan no solo a su entorno sino también a sus hijos la verdad sobre su concepción.

Encontrar un joven de una familia tradicional concebido de esta forma que quiera contar su historia, es -casi literalmente- una aguja en un pajar. Porque esta técnica es relativamente nueva (Pedro, Ana y Paula son una familia de pioneros) y sobre todo porque el consejo generalizado en sus comienzos era ocultar las circunstancias. Lo distinto, lo que salía de la norma era al principio y, al menos hasta 2012, año en que se hizo la encuesta, algo a disimular.

"Originalmente la indicación de los médicos, que coincidía con las creencias de los receptores, era que no era necesario contar la verdad porque el bebé se desarrollaba en el vientre materno y, si era una pareja heterosexual 'nadie' lo notaba", cuenta Estela Chardón, psicóloga, militante del tema, madre por ovodonación. "Esa indicación -sostiene- pasa por alto la honestidad en los vínculos y la importancia de formar la identidad a partir de datos que no sean falsos".

Pero la maternidad y paternidad con donación de gametos no es una aguja en un pajar. De los 23.000 tratamientos de alta complejidad que se hacen anualmente, según las últimas cifras de la Sociedad de Medicina Reproductiva, 40% son con gametos donados, calcula el coordinador general del Programa Nacional de Reproducción Asistida del Ministerio de Salud y Desarrollo Social nacional, Nicolás Neuspiller. Si se tiene en cuenta una efectividad de 25% en los tratamientos, en la Argentina cada año nacen cerca de unos 2300 bebés con material genético donado ("donado" en este caso es un eufemismo, pues a las aportantes óvulos se les paga a modo de lucro cesante unos 15.000 pesos y a los de semen, 1100).

Pedro Tovo Peyre, de 15 años, con sus dos mamás: Ana y Paula
Pedro Tovo Peyre, de 15 años, con sus dos mamás: Ana y Paula Fuente: LA NACION - Crédito: Victoria Gesualdi

El dato alentador es que la tendencia de transparentar el uso de estas técnicas -y quizá su origen a los niños- parece empezar a difundirse. De los 700 consentimientos informados de CABA archivados en el último año y medio por este organismo -es decir, el documento oficial que debe presentarse para inscribir al bebé, que queda guardado en un legajo del nacido y que corrobora que hubo voluntad procreacional de la, las o los progenitores para hacer el tratamiento de fertilidad, 545 (77%)- corresponden a tratamientos con donación de gametos. Y la grandísima mayoría de ellos son de parejas heterosexuales. Estaría aumentando la cantidad de gente que se anima a decir la verdad, o al menos la que está dispuesta a que quede asentada en un registro.

A la abuela de Pedro, aquella que blandía las fotos de Paula y su nieto, que no comparten genética, pero que a su entender son parecidos, en realidad, no es que le importe. Nunca fue un tema ni para ella ni para el resto de sus hijas, ni para la familia de Ana, la otra mamá de Pedro, quien aportó el óvulo y lo gestó. Quizá por eso, por todo el apoyo familiar que recibieron incluso a la hora de salir del closet sobre su sexualidad, tener un hijo de esta forma, blanquear que Pedro tenía dos mamás, nunca fue un problema y parecen vivirlo de manera totalmente natural. Ellos, su entorno, sus amigos, los maestros y padres del jardín y primaria a los que su hijo asistía y en los que había familias diversas: un niño criado por su abuela, otro con un papá de vínculo intermitente, otro de padres separados.

Lo que creen que agrupa en un patrón común a sus amigas y amigos homoparentales también con hijos, que buscan ciertas figuras retóricas como "la madrina" para la otra mamá, o que sienten cierta incomodidad con su maternidad o paternidad distinta, es no haber sido aceptados como son realmente, y apoyados por sus afectos.

Ana y Paula se lanzaron a la aventura de la maternidad gracias a que Ana y su alma de bioquímica se topó con una investigación científica hecha en California, Estados Unidos, que indicaba que los niños nacidos por donación cuyos padres les decían la verdad crecían libres de traumas en comparación con otros de un grupo de control. Que lo único de lo que no podía carecer un niño era de cuidado, amor y confianza en sus padres. Y eso, estaba segura, sobraría.

Pedro no recuerda el momento en que le contaron la manera en la que nació, porque para él siempre fue así; como otro que no tiene hermanos, él tiene dos mamás. Paula recuerda sí, una tarde en la que viajaban hacia algún lado y Ernesto, el amigo de Pedro, le propuso: "Te cambio mi papá por una de tus dos mamás, así vos tenés uno". El nene, que tenía 5 años, se quedó callado mirando por la ventanilla. Cuando estacionaron lo miró y le dijo que no, que no sabría a cuál de las dos elegir. Todavía la sigue emocionando.

Al hacer memoria de sus 25 años de carrera, el psicólogo de familia José Nesis ubica el caso de una adolescente que, de un día para el otro, parecía haber descarrilado: tatuajes, piercings, faltas a clases; una súbita etapa de la depresión a la rebeldía. Sus padres llegaron a consultarlo con el corazón en la boca. En la primera sesión esquivaron la pregunta aparentemente liviana sobre a quién de los dos se parecía. En la segunda contaron que la concepción había sido por ovodonación. Trabajaron desde entonces sobre la importancia de decirle a su hija la verdad sobre su origen, pues hay algo de la oscuridad de la mentira que es imposible de refractar. La joven, claro, lo intuía. Cuando ella lo supo, empezó a cambiar. Primero hubo enojo, pero después su transformación fue evidente; como si de golpe se llenara de luz la vida y -ponía ella en palabras-de aire los pulmones.

Con un diagnóstico de menopausia precoz, Mónica Aguirre tuvo a su hija Morena, de 8 años, a través de este método
Con un diagnóstico de menopausia precoz, Mónica Aguirre tuvo a su hija Morena, de 8 años, a través de este método Fuente: LA NACION - Crédito: Patricio Pidal/AFV

Temor a que el niño los rechace o a que la información cambie el vínculo, a que pueda ser discriminado, a que quiera contactar a la o el donante y a otros niños nacidos del mismo donante y eso los distancie, a ser reemplazados por él o ella. los miedos de esta maternidad y paternidad no vinculada desde lo genético son muchos.

"Habrá tantos miedos y tabúes como personas y familias. A nivel cultural, entiendo que si se promueve que toda familia que no sea mamá y papá casados, con dos hijos, un perro y una casa, es algo 'anormal', se promueve que el resto de las estructuras familiares se vean como no deseables y generen vergüenza. Se trata de estereotipos que hacen mucho daño porque instalan una especie de jerarquización, en la que algunas familias son 'mejores' que otras. Debemos educar en la necesidad de que socialmente respetemos y valoremos todos los proyectos de vida", sostiene Greta Pena, fundadora de la ONG 100% Diversidad y madre de dos niñas nacidas con donación de semen en comaternidad con su esposa.

La identidad de los chicos

En la Argentina, si bien la donación es anónima, desde 2015, con la sanción del artículo 564 del nuevo Código Civil, un juez podría autorizar, "razón fundada" mediante, a un nacido mayor de 18 años a acceder a la identidad de su donante. Aún no hay jurisprudencia. Sí varios recursos de amparo presentados por padres y avalados por la Justicia para que los centros preserven los datos. Y un banco de gametos (el único en el país) que tiene un sistema de Identidad Abierta, mediante el cual los donantes aceptan ser contactados, si así lo desean los jóvenes en el futuro.

En YouTube, Riley, un inglés de 20 años, uno de los varios testimonios que pueden verse de ONG del tema, cuenta cómo gracias a un test casero de ADN -en otros países son más comunes y accesibles- y una búsqueda virtual, dio con su donante. Cuenta también que sus hermanos concebidos de distintos donantes no tienen interés. Los especialistas concuerdan: no todos los niños tienen la necesidad. Es algo muy personal. Riley valora la sabiduría de sus padres por siempre haberles dicho la verdad y cuenta: "Yo tengo un solo padre: el que me dio de comer, el que me gritó cuando hacía lío, el que pagó por mi educación. Para los padres que se preocupan porque sus hijos quieren conocer a sus familiares biológicos, que se olviden. Cuando quise encontrar a mi donante no estaba buscando un reemplazo, ni nada. No estaba buscando un segundo padre. solo tenía curiosidad. Quería saber de dónde había salido mi color de ojos, qué teníamos en común. No hay nada que temer de este proceso que tiene que ver con encontrarse con lo que uno también es".

Quizá porque ella es adoptada y nunca tuvo la posibilidad de hacerles a sus padres biológicos -a quienes no pudo conocer- un montón de preguntas como le hubiera gustado, Mariela Teitel apoyaría sin dudarlo a su hija Mindy, de 7, a quien ha tenido con donación de óvulos y semen, si quisiera a conocer a sus donantes en el futuro. Al igual que Mariela, Mónica Aguirre es madre soltera por elección propia y tuvo a More, de 8. Ambas estaban por pisar los 40 cuando tuvieron una menopausia precoz. "Mi mamá trabaja en Fecunditas y como estaba el doctor, podía hacer que mamá quedara embarazada y entonces así nací yo. Intentó como tres veces y la última vez salió. Quedó embarazada por un tubito y le tuvieron que hacer una donación de semen, porque mamá no tenía novio", cuenta More muy suelta. Desde muy chiquita supo su historia. Para Mónica, "los chicos naturalizan. Somos los adultos los que nos cuestionamos y nos enroscamos". Mariela Teitel esperó a que su hija Mindy preguntara y se lo contó desde un principio, de forma natural.

"El origen de cómo fueron concebidos los niños por donación tiene que haber circulado en el discurso de los padres, familiar y social. No es un secreto a develar en algún momento particular, no tiene que ver con lo evolutivo. Sí recomiendo esperar a que el niño pregunte", sostiene la psicóloga especialista Laura Wang. Su colega Sandra Angueira también recomienda "naturalizar la circunstancia, como una parte más de su historia, como cualquier otra, unida a la historia de su venida al mundo". Según la Red Argentina de Familias por Donación, los libros para niños suelen ser muy útiles en este periplo. Chardón tradujo Tu familia: la historia de un niño nacido por donante, de Wendy Kramer. Nesis, junto a su colega Paula Szuster, publicaron De familia en familia y están a punto de lanzar otro título sobre las distintas formas de concepción.

Mientras que Pedro trabaja el doble para el Día de la Madre -"pero compenso el Día del Padre"-, Mindy festeja a Mariela los dos días: "Yo tengo la postura de que yo soy madre y yo soy padre, así que ligo doble", se ríe la mamá. Ella coordina talleres gratuitos en la Asociación Civil Concebir, donde se encuentran personas y familias concebidas de manera diversa.

¿Hay un costo para los niños en todo esto? Para Nicolás Laferriere, profesor de Derecho Civil de la Universidad Católica, "el cuestionamiento por la disociación entre elementos de la identidad se aplica tanto a los casos en que hay anonimato (del donante) como si no lo hay". "Es el hecho mismo -agrega- de disociar los elementos de la identidad (la genética y la biología) lo que puede generar un posible daño. Ese daño puede o no darse, por supuesto, pues cada persona es una historia sagrada y puede responder de distinta forma a las circunstancias que marcan su vida. La pregunta es si se justifica producir en forma 'deliberada' una disociación de los elementos de la identidad".

"El costo de nacer depende de tantas cosas... de la familia que te toca, del contexto, de las circunstancias de la vida... la donación será uno más, seguramente no el más severo si se maneja con respeto", apunta Chardón. Para Szuster, el único costo que tienen los niños es cargar con el silencio de los padres; cuando el inicio es un inicio temeroso. "Por lo demás -agrega- no debería ser un costo como no es un costo la adopción o las cuestiones que tienen que ver con estar en el mundo si está sostenido por un deseo". Wang hace hincapié en la importancia de los futuros padres de trabajar el duelo por la herencia genética, de tener un espacio donde procesar miedos y dudas.

Mónica ve en el centro de fertilidad donde trabaja a mujeres que tienen hijos sin estar realmente convencidas, sin preguntarse realmente si es un deseo o un mandato. Para ella fue distinto: "Todo llega en el momento indicado. Es tanto el amor y las ganas que desde que me enteré de que estaba embarazada fui un mar de lágrimas. ¡Vivo tan agradecida! Realmente es amor puro".

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?