Suscriptor digital

Empresarios incómodos, reproches y aplausos en una charla sobre los cuadernos

Francisco Jueguen
(0)
19 de octubre de 2018  • 16:44

El silencio fue atroz ante la propuesta. Quizás porque a ninguno de los presentes realmente le interesaba jugar el juego. "Les iba a proponer que levantara la mano quién se habían enterado de que había corrupción por el caso de los Cuadernos", provocó Diego Cabot ante un selecto grupo de CEOs y presidentes de empresas que lo escuchaban desde hacía un rato, mientras almorzaban, en el salón principal del Mar del Plata Golf Club. "Pero nadie va a levantarla, porque todos sabían", dijo el periodista de LA NACION que destapó el escándalo.

Las palabras prolongaron la molestia -e incluso la sospecha- que se había generado desde horas antes por la organización de una charla reservada sobre corrupción sólo para algunos pocos. "Todos los años hacemos un encuentro cerrado para los sponsors", justificó un empresario antes de que entrara el invitado principal. "No hay nada oculto". Tras días encarando el problema de la corrupción como leit motiv, la decisión de IDEA fue abrir a periodistas el espacio de encuentro destinado a describir la anatomía de los Cuadernos de la Coimas frente a una de las castas que fue partícipe del escándalo, la de los empresarios.

El público se acomodó informalmente en el lujoso escenario. Todo estaba repleto. Habían llegado Rosario Altgelt (Latam) Gastón Remy (Vista), Enrique Cristofani (Banco Santander), Hernán Vázquez (Volkswagen), Daniel Herrero (Toyota), Miguel Rodríguez (Sinteplast), Hernán Dietrich (Grupo Dietrich), Miguel Gutiérrez (YPF), Teófilo Lacroze (Raizen), Miguel Blanco (Swiss Medical), Luis Galli (Newsan), Facundo Frávega (Frávega), Gabriel Martino (HSBC) y Martín Berardi (Ternium), entre otros, incluso políticos, como el senador Esteban Bullrich.

"De todos los auditorios, este es el más desafiante", comenzó Cabot interrogado en un escenario por Guillermo Lipera (Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires). Habló desde su llegada de La Pampa, sus primeros pasos en el derecho y luego en el periodismo, hasta su espontáneo encuentro con el hombre que le entregó Los Cuadernos. "Éramos vecinos. Yo sacaba el auto y él paseaba a su perro. Ahí nos conocimos. Se quejaba por la actualidad. Sabía que yo era periodista", narró. "Cuando me mostró la caja con los cuadernos, dije '¡Esto es Disney!'", afirmó. Hasta ahí, risas.

Recalcó el apoyo de sus jefes directos, los únicos que sabían de la investigación al comienzo, y del diario, y relató sus temores cuando le preguntaron si alguna vez creyó que todo podría ser una operación. "Me dediqué a ver si la información era o no verdad. La sensación de ser un instrumento de algo o de alguien la tenemos siempre. Pero eso me lo enseñaron ustedes, los empresarios. No es cosa de un remisero", chicaneó el periodista y cerró: "Yo me concentré en la veracidad de los hechos". Otra vez las risas cómplices retumbaron en el salón.

Cabot explicó su decisión de dejar la investigación a la Justicia y de no publicar nada en los medios y los riesgos que eso conllevó. Contó sus primeros encuentros con el fiscal Carlos Stornelli y el juez Claudio Bonadío, y preocupó a los asistentes cuando relató las amenazas recibidas tras la publicación de la causa de corrupción. "Ninguno se sinceró. Ninguno está arrepentido. Lo único que hicieron fue una ecuación de costos futuros", zanjó el periodista sobre el uso de la ley del arrepentido por parte de empresarios y sus efectos en Comodoro Py.

El clima cordial hasta entonces se espesó. "Todos sabían", dijo el periodista sobre la corrupción, que recordó sus muchas coberturas del Coloquio de IDEA , cuando el poder político, en tiempos de kirchnerismo, prohibían hablar de la inflación o de la crisis energética. "En ese momento, trajeron al árbitro (Horacio) Elizondo", ironizó ante los encargados entre las principales empresas del país de organizar la cumbre empresaria más importante.

"Hay que entender las consecuencias del silencio. El mundo empresario ya entendió en el pasado lo que significaba hablar. Pero ahora hay que pagar el costo del silencio que no asumieron y los costos institucionales que esto tiene Entender que en esta selva no vale todo", recalcó Cabot ante los empresarios. En ese momento, no volaba una mosca.

El periodista manifestó su creencia de que la causa de "Los Cuadernos" va a tener un desenlace diferente al de otras debido a la velocidad que tomó y a los arrepentidos. Mientras pronunciaba esas palabras, se hacía público que habían aparecido en Suiza US$ 20 millones en una cuenta bancaria de Carlos Wagner, uno de los que dieron testimonio. Además, que Bonadío allanaba el Ministerio de Transporte por datos sobre la distribución de subsidios.

Además hizo públicas sus dudas con el compromiso de la política. "La clase política, y cuando digo clase política hablo del oficialismo y también de la oposición, no está del todo convencida de generar un aprendizaje de esto. ¿Ustedes ven a los gobernadores o a los intendentes preocupados por esto? Quieren que pase rápido y seguir con las mismas reglas", dijo.

"Quiero felicitarte", le dijo Lipera sobre el final. "Contá con nosotros para lo que podamos ayudar", agregó en referencia a IDEA. "Bueno, hoy van a tener una tarea. Convencerlo al Presidente Macri de que esta causa es fundacional", para el país. "Es música para nuestros oídos", exageró Lipera. El pequeño auditorio se puso de pie para aplaudir al periodista.

Varios de los oyentes se acercaron a felicitarlo, pero no todos encarnaban el mismo énfasis. Hugo Rossi, presidente de la azucarera Tabacal, por ejemplo, le recriminó que "no todos los empresarios hacían negocios con el Estado". Trataba de separar la paja del trigo. "Pero todos sabían y se callaron", le retrucó Cabot frente a muchos de los que lo rodeaban para saludarlo. El empresario se alejó, mientras algunos de sus pares sólo le dedicaban un "gracias" al periodista. Pero Rossi no fue el único. Otro tomó el mismo camino. Agarró suavemente a Cabot del brazo, lo apartó del enjambre de hombres de negocios y buscó reforzar la hipótesis de su compañero: que no todos los empresarios son lo mismo. Pero ya no se animó a hacerlo en público. Aprovechaba, esta vez, que ninguno de sus colegas lo estaba viendo o escuchando.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?