Suscriptor digital

La selección, un perro callejero expuesto a la realidad y el engaño

Román Iucht
Román Iucht MEDIO:
Un hincha árabe de la selección y el desencanto lógico después de la pobre actuación de la Argentina ante Brasil, el martes.
Un hincha árabe de la selección y el desencanto lógico después de la pobre actuación de la Argentina ante Brasil, el martes. Fuente: AFP
(0)
19 de octubre de 2018  • 17:31

Como un deseo platónico, como un amor no correspondido o una utopía, el menú de nombres que sigue manejando la dirigencia del fútbol argentino para asumir el cargo de entrenador de la selección nacional, continúa mostrando desconcierto, confusión y fundamentalmente una extraña interpretación de la realidad.

Si el panorama de hace casi cuatro meses, post hecatombe mundialista, obligaba a pensar en aceptar el presente, entender que el fútbol argentino a nivel selecciones está huérfano de proyectos y desde la humildad comenzar la reconstrucción, nada de todo esto se ha puesto en evidencia a la luz de los nombres, absolutamente inalcanzables, a los que se menciona como un mero objetivo aspiracional pero sin el más mínimo registro del presente por el que se transita.

¿Desde qué lugar y con qué argumentos podría seducirse a Simeone o Pochettino para que abandonen sus clubes y se suban al inestable barco albiceleste?

Viviendo ambos el mejor momento de sus carrera como entrenadores, establecidos en clubes en los que cuentan con una aprobación mayoritaria -por no decir unánime-, disponiendo de una estructura fabulosa no solo desde lo económico sino también desde la idea conceptual del proyecto, es impensado suponer que el sentimiento, como único lazo de pertenencia, podría quitar a ambos entrenadores de su zona de confort. Ni que hablar del sondeo por Guardiola, al que no tiene sentido dedicarle más que éstas líneas por lo bizarro del procedimiento.

La formación ante Irak: un compendio de futbolistas nuevos más Romero, que necesitan una guía.
La formación ante Irak: un compendio de futbolistas nuevos más Romero, que necesitan una guía.

Aunque su presencia geográfica resulte más próxima, con Gallardo pasa lo mismo. Sus ideas y sus exigencias, expresadas con elegancia pero con firmeza cada vez que le piden una referencia al respecto, también parecen lejanas a lo que la AFA como ente puede ofrecerle. Y en el caso de Martino, suponer que la sed de revancha y una nueva chance para completar el ciclo mundialista podrían ser determinantes es no conocerlo demasiado o subestimar sus ideas integrales frente a cualquier desafío que se le ponga por delante.

Ante semejante panorama hay una realidad, una consecuencia y un engaño.

La realidad es que los errores recurrentes de los últimos años, con situaciones resueltas por reacción y no por acción, desprestigiaron al cargo de seleccionador nacional y le han bajado el precio como hace décadas no se observaba.

La consecuencia es esta orfandad en la que se encuentra el seleccionado a nivel dirigencial, con clubes que le dan la espalda, jugadores que se bajan por simples dolores de las convocatorias y discursos que amontonan palabras pero no se cristalizan en hechos concretos.

El engaño es suponer, a partir de esta coyuntura, que cualquiera está preparado para ponerse el buzo del seleccionado y dirigirlo sin la más mínima experiencia. Afirmar esta idea supone para algunos una crítica personal hacia Lionel Scaloni, cuando lo cierto es que el entrenador de los juveniles simplemente toma una oportunidad con la que jamás soñó, al menos en estos tiempos, concedida por un fútbol argentino capaz de cumplir con cualquier deseo, incluso los más disparatados.

Scaloni disfruta de una oportunidad que en otro contexto no hubiese recibido.
Scaloni disfruta de una oportunidad que en otro contexto no hubiese recibido. Fuente: Reuters - Crédito: Waleed Al

Hay una realidad objetiva, curiosa y absolutamente descriptiva del momento: el primer partido que Scaloni dirigió en su vida como entrenador profesional lo hizo nada menos que al frente del seleccionado argentino. Su presencia en el cargo tiene más que ver con la improvisación que con la apuesta, con la intuición que con la planificación, con la carencia más que con la presencia.

Aunque se lo niegue cuando la voz de los dirigentes se hace presente, la idea de darle curso hasta la Copa América ya no parece tan descabellada. Hacer una depuración lógica y necesaria luego de Rusia 2018, plantar un equipo que pudo competir dignamente ante Colombia o Brasil (imposible tomar con seriedad los otros dos amistosos) y trabajar con seriedad parecen haber subido las acciones del joven entrenador. Claro que cabe preguntarse si con eso es suficiente como para quedarse con el cargo, a sabiendas de los muy buenos técnicos, más "terrenales", que siguen existiendo como opciones. Tal vez tenga talento y probablemente esté creciendo a pasos agigantados, pero pensar que debe ir quemando etapas a un ritmo lógico no le quita un ápice a su potencial y a lo que demanda el que debería ser considerado como el cargo más importante de todos en el fútbol argentino.

La contradicción está a la vista de todos. Como si se tratara de un perro callejero, la selección reclama cariño, alguien que se interese y le preste atención en tiempos en los que desde adentro no se la cuida ni se la considera un bien prioritario.

Dybala sigue sin encontrar su lugar en el equipo. La estructura tampoco lo sostiene.
Dybala sigue sin encontrar su lugar en el equipo. La estructura tampoco lo sostiene. Fuente: Reuters

El traumático ciclo de Sampaoli parece haber puesto todo en el terreno de lo relativo. Nada más peligroso que creerlo. Nada más riesgoso que apurar procesos. No todo es lo mismo.

A la hora de definir un líder, la selección argentina necesita excelencia. Ocupar ese sitio es el fruto de una carrera, una trayectoria y una capacidad probada en el tiempo. Es un punto de llegada y no de partida.

Sería bueno que todos lo entiendan y actúen en consecuencia.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?