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El lado oscuro del liderazgo (masculino)

Fuente: LA NACION - Crédito: Shutterstock
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19 de octubre de 2018  • 17:54

Todos tuvimos (o tendremos) un jefe al que no dudamos de calificar de psicópata. De hecho, buena parte del tiempo invertido en las pausas en la jornada laboral y en los after office tienen como finalidad compartir entre colegas el último acto de maltrato recibido. En esas charlas, más de uno se ha preguntado: ¿puede ser posible que las personas con tendencias psicopáticas tengan más chances de ascender en las organizaciones?

Una reciente revisión sobre la literatura científica en torno al tema halló que las personas con rasgos psicopáticos tienen más probabilidades de emerger como líderes, pero al mismo tiempo suelen ser menos efectivas en ese rol. Y no solo eso: mientras que esos rasgos ayudan a los líderes varones a verse más efectivos, en las mujeres el efecto es el contrario .

"Esta diferencia es probable que se deba a que las mujeres que exhiben comportamientos psicopáticos son vistas como violando no solo las normas de género, sino también aquellas que se asocian con el liderazgo femenino", puede leerse en las conclusiones publicadas en la revista Journal of Applied Psychology por el equipo de investigadores de las universidades de Iowa y Alabama, Estados Unidos, que condujo la estudiante doctoral de management Karen Landay. Así, mientras que el comportamiento masculino abusivo para con sus empleados suele ser tolerado, en las mujeres es inevitablemente condenado.

"La existencia de este doble estándar ciertamente es desalentadora -comentó Landay-. Puedo imaginar a las mujeres que trabajan en pos de obtener una posición de liderazgo corporativo escuchando que deben emular a los exitosos líderes varones que exhiben tendencias psicopáticas. Pero estas mujeres aspirantes a líderes seguramente se encontrarán luego con la sorpresa de que sus resultados no resultan ni por asomo tan positivos".

Sus hallazgos se basan en el análisis de 92 estudios previos que desde distintos ángulos habían abordado la relación entre liderazgo en el mundo del trabajo y los comportamientos lesivos para sus subordinados, como actuar de forma impulsiva sin ningún tipo de inhibición, mostrarse desafiante al ejercer dominación sobre los demás y carecer de empatía.

Tomados por separado, los 92 estudios arrojan resultados contradictorios. Pero a pesar de ciertos aspectos metodológicos que Landay y sus colegas consideran cuestionables -como el uso de métodos subjetivos para evaluar lo que se considera liderazgo-, su análisis en conjunto permitió establecer una relación entre los citados rasgos psicopáticos y la probabilidad de emerger como líder dentro de una organización.

Sin embargo, la conclusión de mayor peso (y, también, más novedosa) es lo claro que resulta el hecho de que esta forma nociva de liderazgo es percibida como "efectiva" cuando la ejerce un varón.

"El comportamiento agresivo es visto como prototípico del varón, y por lo tanto las personas suelen permitirlo sin mayores sanciones sociales", comentó el doctor Peter Harms, coautor del estudio y profesor de management de la Universidad de Alabama.

"Debemos ser más conscientes y menos tolerantes de estos comportamientos negativos masculinos. No es correcto mentir, engañar y lastimar a los demás en función de satisfacer la ambición personal, las demandas de las organizaciones o, simplemente, por diversión", agregó el doctor Harms.

De jefes y de líderes

La percepción de que muchos cargos jerárquicos recaen en manos cuando menos poco aptas para el manejo de los recursos humanos no es algo nuevo. Un estudio de investigadores australianos publicado en 2016 halló que el 21% de los CEO presentan rasgos psicópatas, una proporción similar a la que se encuentra entre las personas que se hallan en prisión en ese país (el estudio había evaluado rasgos negativos, como la incapacidad de empatizar, la superficialidad y la falta de sinceridad).

"Es importante establecer una diferencia: estas personas con caracteres psicopáticos que describen los estudios no emergen como líderes, sino como jefes", distingue el experto en recursos humanos Alejandro Melamed, que analizó este fenómeno en su libro Empresas depredadoras (Editorial Paidós), y agrega: "La jefatura es un rango jerárquico en la organización, mientras que el liderazgo es la posibilidad de influenciar sobre el resto las personas. Desde mi punto de vista, estas personas con ciertos rasgos psicopáticos -yo diría rasgos tóxicos- muchas veces logran cargos jerárquicos en las organizaciones, pero si bien en el corto plazo obtienen resultados, a largo plazo terminan siendo poco efectivas. El problema es que a veces las organizaciones no se dan cuenta de que con esos niveles de toxicidad están hipotecando su futuro, ya que im pacta muy negativamente sobre la cultura de las organizaciones".

En muchos casos, señala el especialista, las personas que son designadas para desempeñar cargos directivos han sido seleccionadas solo en función de sus capacidades o habilidades técnicas. "Pocas veces se evalúa su real capacidad de liderazgo y, en definitiva, cuando ocupan esas posiciones jerárquicas terminan haciéndose visibles sus limitaciones", dice Melamed, director general de Humanize Consulting. El resultado es el desgaste en el entorno laboral, que afecta no solo a subordinados, sino también a superiores, pares e incluso a personas externas a la empresa, como proveedores.

Un modelo anacrónico

Un punto en el que Melamed disiente de las conclusiones del estudio norteamericano es en el peso puesto por los autores sobre la relación entre género y comportamiento psicopático. "Creo que esa toxicidad es indistinta en relación con el género -opina-. Me parece que en todo caso está sí ligada a un tipo de liderazgo tradicional. Muchas veces estas personas fueron formadas en organizaciones donde se valoraba este modelo de conducción, y al tener este modelo como referencia lo intentan reproducir sobre otros. Esto es lo que sucede en muchas organizaciones, y es el mismo caso de muchas personas que fueron abusadas y que cuando tienen la posibilidad de acceder a ciertos cargos actúan como abusadores porque reproducen el mismo modelo en el que fueron formadas. Un modelo, por cierto, tradicional pero también anacrónico."

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