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Alta fidelidad. Salgan del Sol: Finlandia en el microcentro

Verónica Gomez
Verónica Gomez
Fernando García
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21 de octubre de 2018  • 00:24

"A las seis de la tarde, en días hábiles, se apagan al unísono las máquinas que alimentan los edificios en la zona de microcentro. Extractores, condensadores de aire acondicionado, ascensores...y una caterva de artefactos conectados a la red eléctrica quedan mudos. El silencio es al principio demoledor, el comienzo de un limbo. Durante el día, desde la Torre Mitre de la Galería Güemes, piso 14 (no demasiado alto), se pueden ver no sólo las cúpulas más emblemáticas de la ciudad sino también percibir la respiración trabajosa y ensordecedora del corazón financiero. Es un rugido de león cansado. Como si la ciudad estuviera conectada a un pulmotor. La sensación de un soporte vital a punto de colapsar. Pero a las seis de la tarde el colapso se produce sin estertores. Se apaga simplemente. Se desconecta. La ciudad muere todos los días a esa hora en que se convierte en metafísica pura. Solo quedan las palomas regresando a sus nidos protegidos por aleros de cemento. Yo le digo la hora de las palomas, las escucho desde mi taller, el gorjeo es acolchonado y lúgubre. El mejor momento para pintar". ¿A quién se le ocurre inaugurar en la tórrida primavera porteña una muestra llamada "Contra el sol"? A Verónica Gómez, pues, la misma que describe esa sensación sónica perturbadora del microcentro que le da ánimo a esas criaturas encadenadas al ánima que se prodigan en sus pinturas y dibujos. "Contra el sol" huele a manifiesto y se inauguró el viernes en el Centro Cultural Recoleta (¿alguien recuerda la sala Cronopios?), lugar turístico y de circulación soleada que, sin embargo, como todo el paseo circundante no puede evitar la larga sombra gótica proyectada por el aristocrático cementerio fronterizo. En su cuenta de Instagram, Gómez adelanta algunos de sus retratos espectrales y etiqueta: #contemporary #contralarevolucióndelaalegría #spirits. En 1972 Billy Bond se quedaba afónico pidiendo aquello de "Salgan al sol", especie de manifiesto contra la vida pequeñoburguesa y oficinesca. Verónica Gómez pide hoy otra cosa: que salgan del sol, que la cultura se ha vuelto febocéntrica.

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Febo asoma pero en Ostrobotnia no tanto que digamos. ¿Ostrobotnia? Sí, una de las 19 regiones de la ártica Finlandia donde nuestra artista ha peregrinado en el gélido invierno escandinavo para realizar una residencia en una casa habitada por el fantasma de Eero Nelimarkka, un pintor finés del siglo XIX. Sus paisajes de Alajärvi, el pueblo donde se encuentra la casa, presentan extensiones de nieve indistinguibles del horizonte como una versión white light de la pampa gringa. ¿Por qué no? Después de todo Argentina es, también, un lugar que sucede a veces en las películas de Aki Kaurismaki cuando bajo la luna y el humo (de tabaco) de Helsinki se entreveran rufianes y valkirias mundanas entre tangos fatales (en esa lengua que nos suena a ruso pero es prima lejana del húngaro) y rockabillys nostálgicos. Si ellos, los fineses, juran haber inventado el tango pues nosotros bien podríamos patentar como rioplatense la estética sin par de Kaurismaki (1957). Verónica Gómez se llevó una parte del microcentro a la extrema Finlandia y se trajó algo de la luz blanca a su estudio. Volvió militante: una fotofóbica que reclama espacio para los espectros en las paredes del antiguo asilo de mendigos.

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Luis Alberto Spinetta "Plegaria para un niño dormido" - Fuente: Youtube

05:25
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En esa hora en la que el microcentro enmudece se vuelven audibles cosas que el vértigo desaconseja escuchar. Me impresiona especialmente el coro de los cajeros automáticos. A veces, tres, cuatro o cinco máquinas a la vez que fuera de sincro repiten un parlamento de instrucciones a cargo de una voz robótica de acento tan castizo como la mezzosoprano del GPS. Esas voces solas y en soledad provocan un sonido propio de la época y de la forma de vivir. Muchas veces, cada vez más, están acompañadas, tienen público. No es raro entrar a sacar plata y encontrarse con un homeless durmiente. Es raro. Sacar plata frente a alguien que ha quedado por fuera de la circulación de bienes. Más raro aún es pensar que el pobre diablo se ha dormido arrullado por ese lullaby cibernético, maquinal. La "Plegaria para un niño dormido" de Almendra pervertida por la yuxtaposición de las máquinas de dar dinero y los parias de la city. Aquellos que ni siquiera tienen que revelarse como nuestra pintora o Billy Bond. El sol sale para todos pero para ellos un poco, bastante, menos.

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