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El cambio generacional, de la forma de entrenar y los códigos de vestuario a las redes sociales

Luchetti, arquero de Atlético de Tucumán: 40 años
Luchetti, arquero de Atlético de Tucumán: 40 años
Nicolás Rotnitzky
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19 de octubre de 2018  • 23:59

En la Superliga hay seis futbolistas del siglo pasado. Son jugadores de experiencia que sobreviven en el campo de juego a pesar de haber debutado cuando los celulares no cabían en los bolsillos. El mundo cambió mientras ellos corrían. Y el fútbol también. Pablo Guiñazú, Javier Gandolfi, Adrián Bastía, Fabián Cubero, Fabricio Coloccini y Cristian Lucchetti arrancaron sus carreras en primera durante el siglo XX.

"Cambió mucho la velocidad, ahora es supersónica", dice Guiñazú. El Cholo se estrenó en Newell's en 1996, en un clásico ante Rosario Central en el Gigante de Arroyito. Su sabiduría lo mantiene fresco: "Ya no hay tiempo ni espacio para jugar, aunque no se pierde la búsqueda por el buen juego", agrega, y en esa respuesta parece develar su esencia: el pase corto y rápido, la ubicación perfecta.

Cubero subió a la primera de Vélez respaldado por Osvaldo Piazza en 1996. Con 39 años es el futbolista con más presencias en la historia de la institución: "Ya no tenemos tiempo para resolver. El fútbol está más dinámico, más físico y más parejo. Hoy te agarra un equipo batallador y te puede ganar", sostiene el ídolo de Liniers, quien a la vez admite: "Hoy se toman más riesgos porque se intenta salir jugando, y eso nos obliga a incorporar recursos técnicos. Antes, si nos presionaban, la revoleábamos para arriba".

"Ahora cortan el pasto al ras y mojan la cancha antes de jugar. Eso hace que el desarrollo sea más dinámico porque la pelota corre más rápido", apunta Bastía, mediocampista de Colón. Iniciado en 1998, el Polaco plantea que la revolución de los entrenamientos fue vital para conservarse: "Trabajamos en menos tiempo, pero con mayor intensidad. Antes hacíamos más ejercicios de fondo. Hoy en día es todo con la pelota", dice.

El cambio fue una ola que alcanzó a los arqueros. Cristian Lucchetti cumplió 40 años y vivió la evolución con los guantes puestos. Su trayectoria es gigante: arrancó en Banfield, estuvo en Boca, y hasta defendió a Atlético Tucumán en la Copa Libertadores. Cuando se inició, en 1996, no existían los entrenadores de arquero: "Nos tirábamos 20 veces para cada lado. Hacíamos solamente un día de ejercicios puntuales para nosotros. Ahora trabajamos de manera específica todos los días", explica. Aunque le gusta jugar más con la pelota que atajar, admite: "Esta metodología sirve mucho para el puesto".

Se reinventaron, también, los cuerpos técnicos. Son más amplios, con tareas más acotadas. Y la especificidad abrió las puertas para dos nuevas funciones: analistas de video, como figuras estelares para preparar partidos; y nutricionistas para controlar cada comida de los jugadores. "Solíamos comer un poco de todo. El nutricionista nos enseñó a respetar las cuatro comidas, y desayunamos en el club antes de entrenar", cuenta Bastía. "La alimentación es fundamental. Yo era un desastre, comía lo que sea a cualquier hora. Ahora nos controlan el peso todos los días", explica Guiñazú.

"Aunque siempre tuvimos información, cambió la forma de estudiar a los rivales. Marcelo Bielsa nos mostraba VHS. Ahora los técnicos disponen de varias maneras de mostrarle al jugador las cualidades de los equipos", cuenta Cubero. "Podemos analizar si un jugador engancha diez veces a la derecha, por ejemplo. Eso ayudó a que el fútbol se empareje", dice Lucchetti.

"Pero lo que más cambió es el vestuario", asegura Guiñazú. "Cuando subíamos al plantel superior lo hacíamos con mucho respeto, pedíamos permiso para hablar, hoy es más abierto. Los pibes están a la altura de los grandes. Y a mí me gusta más", explica el capitán de la T. Bastía agrega: "A nosotros nos mandaban a calentar el agua para el mate, había que hacer mérito para participar de una charla. Ahora es más fácil ganarse la confianza". Cubero dice: "Los planteles se solían mantener por más tiempo. Había muchos jugadores experimentados. Hoy hay rotación y muchos chicos se encuentran con sus compañeros de inferiores. Eso hace que sea más fácil el vestuario para ellos".

No solo la composición etaria de los grupos es diferente, sino que irrumpió un elemento clave en los vínculos sociales: el celular, con Instagram, Facebook y Twitter. Los nacidos después de 1996 ya son mayoría en los planteles. "Los chicos son de una generación criada de otra manera. En el vestuario cada uno vive en su mundo. Vas a comer un asado y están todos con su teléfono. Es algo que pasa en la sociedad en general, que excede al fútbol", aporta el arquero del Decano. "Los celulares son una adicción global. Hoy vivimos por redes sociales. Los más grandes tenemos que acostumbrarnos a que los pibes estén pendientes de eso porque. ¿cómo frenás esto?", se pregunta Guiñazú. De todos modos, el mate continúa funcionando como eje central para construir grupos fuertes. "Yo no diría que se perdió la charla porque el mate sigue firme", analiza el Cholo. Cubero opina lo contrario: "Los jóvenes son más difíciles de integrar a las charlas".

La vorágine del mundo es la vorágine del fútbol. "Trato de que los jóvenes se cuiden para que tengan una carrera larga y disfruten del fútbol", cuenta Guiñazú. Bastía coincide: "Hay que compartir lo que uno aprendió, que es muy lindo".

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