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Wimbledon, con la mente más abierta y haciendo más elástica la tradición

El 70-68 del quinto set entre Isner y Mahut pasó a la historia
El 70-68 del quinto set entre Isner y Mahut pasó a la historia Crédito: Archivo
Claudio Cerviño
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19 de octubre de 2018  • 23:59

No es Wimbledon muy propenso a los grandes cambios. La tradición manda en muchos aspectos a través de la historia en el All England. Pero sus dirigentes pueden escuchar, abrir los ojos. Respondiendo a las inquietudes de los jugadores aunque más no sea parcialmente.

Tercer Grand Slam de la temporada y único sobre césped, guarda entre sus marcas insuperables aquella maratón que jugaron en 2010 el estadounidense John Isner y el francés Nicolas Mahut , de 11h05m distribuidos en tres jornadas y con un score que parece de ficción: 70-68 en el quinto set para Isner. Al límite de lo humano.

Hasta ayer, el único Grand Slam que tomó la decisión de establecer definición por tie-break en el quinto set era el US Open. Para los otros tres grandes, el tradicional 7-6 solo estaba admitido en los primeros cuatro sets para singles de varones y en los dos primeros para individuales de mujeres. Luego, en el quinto o tercer set, dependiendo del sexo, el desenlace llegaba por diferencia de dos games a partir del 5-5. Wimbledon se sumó al cambio, aunque a su manera.

"Nuestro punto de vista es que llegó el momento de contar con el método del desempate para un partido que no ha alcanzado su conclusión natural en un momento razonable durante el set decisivo", dijo el director de Wimbledon, Philip Brook, en un comunicado. Ese cambio es introducir a partir de 2019 un tie-break en el quinto cuando el score llegue a una igualdad de 12-12.

"Aunque sabemos que los casos de partidos que se extienden bastante en el último set son inusuales, consideramos que un desempate al estar 12-12 marca un buen equilibrio entre darle a los jugadores una amplia oportunidad de completar el partido con autoridad, y al mismo tiempo asegurar que el match tendrá una conclusión en un período de tiempo aceptable", resaltó Brook.

La medida tiende a hacer más razonable el juego. El desgaste físico en algunos casos es enorme y termina desvirtuando las capacidades técnicas y estratégicas del deporte mismo: pasa a ser una cuestión casi de supervivencia. En consecuencia, sin mostrarse condicionado por las sugerencias de los tenistas, Wimbledon les concede un guiño.

Este año, sin ir más lejos, el sudafricano Kevin Anderson, finalista, jugó dos partidos extensos: 13-11 en el quinto a Roger Federer (4h14m) y 26-24 frente a John Isner en las semifinales (6h36m). Tras este encuentro, Anderson dijo: "Una opción sensata hubiese sido jugar un desempate en el quinto set". Isner coincidió: "Estoy de acuerdo con Kevin. Es una larga discusión, pero yo estoy a favor de cambiar esa regla. Creo que es necesario".

Anderson llegó exhausto a la final (con 21h1m de tenis), lo cual implicó una clara ventaja para Novak Djokovic (15h34m), que logró su cuarto título en el mítico escenario inglés. Lo que padeció Anderson, con menos de 48 horas de recuperación entre partido y partido, puede compararse de alguna manera con lo sucedido en el Mundial de fútbol Rusia 2018 con Croacia, que accedió a la final con Francia luego de disputar tres partidos consecutivos con suplementarios, dos de ellos resueltos por penales.

Preservar el físico de los jugadores y también la calidad de los partidos es el objetivo de Wimbledon, con una primera experimentación. El 12-12 marca, de mínima, que se estarán jugando unos seis sets en vez de cinco, lo cual no parece aliviar demasiado la cuestión de fondo. Sin embargo, es una señal de cambio hacia algo más lógico. Y queda la chance, en el futuro, de tomar la misma determinación que el US Open: todos los sets con tie-break.

Wimbledon está con la mente más abierta. Hace unos meses hasta se planteó la posibilidad de fortalecer el césped natural de sus canchas con hasta un 10% de pasto artificial, como ocurre con otros deportes, para de esa manera contrarrestar el inevitable deterioro que implican dos semanas seguidas de pisadas, desplazamientos, piques y caídas. Unos años atrás, todo hubiese sido una utopía.

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