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El fin de año se acerca sin tregua gremial

Nicolás Balinotti
Nicolás Balinotti LA NACION
Se rompió el vínculo entre el Gobierno y la CGT; los sindicatos empiezan a mover sus fichas en el tablero electoral
Hugo y Pablo Moyano; atrás, Liliana Zulet, la esposa del jefe camionero
Hugo y Pablo Moyano; atrás, Liliana Zulet, la esposa del jefe camionero Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sánchez
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20 de octubre de 2018  

El sindicalismo antropófago está de regreso. Volvió a pesar de un debate interno que hubo hace poco más de un mes en la CGT después de una jornada en la que el dólar saltó de 35 a 40 pesos en unas horas. Esa tarde los gremialistas se comprometieron a cuidar la gobernabilidad y tomar distancia del incómodo estigma desestabilizador que los acecha desde las salidas anticipadas de los presidentes radicales Raúl Alfonsín (13 huelgas, una cada cinco meses) y Fernando de la Rúa (nueve paros en dos años).

Hace dos días, todavía con un pie en el escenario desde donde un sector del peronismo intentó mostrarse como alternativa electoral para 2019, Héctor Daer y Carlos Acuña desafiaron con un paro general de 36 horas para noviembre. De concretarse, sería el quinto en contra de la gestión de Mauricio Macri . La estrategia de activar una huelga se había conversado como una posibilidad, aunque jamás como una certeza. El apresurado anuncio de los dos jefes de la CGT cosechó adhesiones, pero también rechazos. La interna en la central hierve incluso con el moyanismo ya lejos de la toma de decisiones.

El giro de la CGT tiene explicaciones a la vista. Una es electoral. Como nunca antes en muchísimo tiempo, los gremios volvieron a sentirse con voz de peso en la mesa chica del PJ. La primera línea de la central obrera viajó a Tucumán para el Día de la Lealtad y manifestó su compromiso de trabajar por la unidad, un deseo imposible. Dirigentes gremiales que hasta hace un tiempo se rehusaban a una reconciliación con Cristina Kirchner intentan convencer hoy a los gobernadores, a Sergio Massa y al senador Miguel Pichetto que es necesario un acuerdo electoral con la expresidenta si es que anhelan de verdad derrotar a Cambiemos.

Distinguen en el electorado kirchnerista la roca que puede volcar a favor la balanza. Los sindicalistas hablan hoy de crisis económica y de una debacle social, a pesar de los millones del Fondo Monetario Internacional (FMI) que destinaría el Gobierno para evitar un fin de año turbulento.

Otro de los argumentos que empujó a la CGT a apurar un plan de lucha del que no todos están convencidos es la tensa relación que la une hoy con la Casa Rosada. Ni siquiera los dirigentes más afines intervienen para calmar a los sectores más radicalizados. Adiós al cauteloso optimismo y a las expresiones disciplinadas.

"El Presidente no creo que nos quiera recibir. ¿Para qué? No hay plan económico, la inflación comió los salarios y no tienen cosas ciertas para proponer. Salvo que haya un desborde social y la gente se lo lleve puesto, recién ahí vamos a intervenir nosotros para ayudar", se jactó un tanto vanidoso un sindicalista con llegada a Macri. No fue el único que intentó mostrarse como un supuesto garante de la gobernabilidad.

La caída de la economía y la devaluación erosionaron aún más la relación. Se generó una desconfianza mutua a partir del segundo intento oficial de impulsar una reforma laboral, que preveía modificaciones de fondo en el cálculo de las indemnizaciones y en las nuevas formas de contratación. El envío furtivo del proyecto fue en la víspera al Día del Trabajador y a un fin de semana largo. A seis meses de la maniobra, la iniciativa continúa empantanada en el Congreso, incluso con los dos capítulos que los gremios habían dado su aval. Tiene destino de fracaso, como sucedió en 2017, a pesar del renovado pedido de los empresarios en el Coloquio de IDEA y de las intenciones de bajar los costos.

Antes de los cortocircuitos, Jorge Triaca había logrado alinear a los gremios con la pauta salarial de 15%. Duró hasta que los coletazos económicos enterraron cualquier referencia. Hoy las paritarias son día a día. Triaca también había conseguido calmar los nervios digitando las partidas de dinero para las obras sociales sindicales o flexibilizando las normas para obtener los subsidios Repro.

Pero su influencia se acotó cuando Macri decidió degradar el Ministerio de Trabajo a secretaría. Triaca quedó entonces bajo la supervisión de Dante Sica y las fricciones son casi cotidianas. La semana pasada un jerárquico de la cartera laboral dejó plantado a su par del Ministerio de Producción y Trabajo. El desplante llegó a la cima. Hubo también cruces por las irregularidades planteadas en las elecciones de Comercio y la UTA, dos gremios cercanos al macrismo, pero que comenzaron a tomar distancia de a poco.

Con los sindicatos, Triaca apuesta a la lógica amigo-enemigo. "Estás de un lado o estás del otro", repitió alguna vez. Sica aparenta ser más pragmático e intenta huir del conflicto. Una disyuntiva que deberán solucionar pronto los dos funcionarios es que se apilan cada vez más expedientes con pedidos de empresas para agilizar un Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC). Un dato: las empresas que estén con su PPC en curso quedan al margen del decreto presidencial que prohibió el pago de cifras no remunerativas. El pago no remunerativo es un atajo para resolver paritarias. Su uso se restringió en agosto con la intención de recaudar todos los aportes de la seguridad social en tiempos de escasez.

Aunque en la CGT lo nieguen, otra de las razones por las que se aceleró el llamado a un paro fue por la situación judicial de Pablo Moyano. Fue una reacción corporativa. No es que el hijo del líder camionero coseche ahora la adhesión total del movimiento obrero, sino es que los sindicalistas sospechan que hay una persecución en su contra orquestada desde el Gobierno. En un intento de tomar distancia, Antonio Caló dijo que la causa por la que pidieron la detención de Pablo Moyano está vinculada al fútbol y no al gremialismo. Es cierto. Luego recalculó y le pidió a la CGT que acelere el paro. El jefe de la UOM le teme al curso de una investigación judicial por defraudación y lavado de dinero con seguros de vida.

Desde el Gobierno blanden informes de la Unidad de Información Financiera (UIF) que complicarían aún más la situación judicial del camionero y desnudarían sus negocios montados bajo la órbita del gremio. Moyano no se queda atrás: construye un frente opositor cada vez más amplio y empezó a tallar entre los movimientos sociales. Tiene además casi garantizada la reapertura de la paritaria: en noviembre firmaría una recomposición que se acercaría a 40% anual.

La pelea de Macri con Hugo Moyano está en plena escalada y alcanza a los familiares. El Presidente apuntó sin nombrarlo a Pablo, mientras que el camionero revolvió en los negocios de Franco en el Correo Argentino. No fue para nada casual que Moyano haya hecho subir a toda la familia al escenario que recibió el jueves a Pablo en Ezeiza. Estaban allí su esposa, hijos y nietos. "Si atacan a mi familia, yo los ataco a ellos", advirtió. El clan escenificó una unidad nunca antes vista.

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