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Los aportes del campo a la economía nacional

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20 de octubre de 2018  

Sería tentador preguntarle al gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, si hablaba en serio cuando propuso duplicar el valor de las retenciones que el gobierno nacional aplicó recientemente a la producción agrícola. Se elevaron de 0 a 10 por ciento las referidas a maíz, trigo y girasol, y a 28/28,5 por ciento las de la soja, aunque en todos estos casos con una variabilidad hacia arriba o hacia abajo según sea la evolución del dólar respecto del peso. Sin olvidar, por cierto, que el proyecto de ley de presupuesto nacional 2019 contempla otorgar al Poder Ejecutivo la facultad de elevar la alícuota de derechos de exportación para los productos del complejo sojero hasta el 33 por ciento del valor imponible.

¿Sabe el señor Morales lo que el asunto por él abordado significa, según datos aportados por la Bolsa de Comercio de Rosario, a la luz de lo que sucede en campos de la zona núcleo? Significa que el productor se lleva menos dinero de la tierra que cultiva que el conjunto de los gobiernos de la Nación, las provincias y los municipios a través del total de los 35 impuestos vigentes en sus jurisdicciones.

Tomemos un ejemplo, el de la producción de trigo más soja de segunda, combinación que resulta familiar en cada campaña en la pampa húmeda. En la dupla de esos cultivos, el margen neto para el productor, después de todas aquellas imposiciones, es de 378 dólares por hectárea, mientras que el Estado se lleva 605 dólares. ¿Le parece esto una apropiación insuficiente al gobernador jujeño?

Desde comienzos de siglo la presión tributaria no cesó de subir. Entre 2002 y noviembre de 2017, el Estado nacional aumentó el 80% su demanda fiscal; las provincias, el 78%; los municipios, el 58%. Un promedio, pues, del 77%. ¿Más presión, todavía sobre el sector con mayor índice de productividad de la Argentina? ¿Hacer las cosas mejor que los demás es motivo de castigo y no de premios o incentivos?

El informe de la bolsa rosarina arroja que el Estado, en todas sus jurisdicciones, recauda un total de 605 dólares por hectárea sobre un valor FOB de exportación por hectárea de 1783 dólares. Estamos hablando de un Estado que no asume riesgos, al menos riesgos de la magnitud que acechan permanentemente las actividades que se realizan a cielo abierto, como ha sucedido en algunas partes alcanzadas por el granizo estos días, y a comienzos de año por la sequía, primero, y a renglón seguido por lluvias copiosas que afectaron en cantidad y calidad la cosecha de soja.

Para decirlo en palabras de otro estudio, el que publicó hace poco la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de la Argentina (FADA), el apoderamiento por el Estado de la renta agraria es de 61 pesos sobre cada 100 que se generan. El aumento de la participación estatal en esa renta ha sido de cinco puntos en relación con el PBI a raíz de las nuevas retenciones. Era del 55,8%; ahora es del 60,9% como promedio ponderado entre los principales cultivos. Este porcentaje se discrimina de la manera que sigue: para la soja, 67,7%; para el maíz, 55,6%; para el trigo, 48,1%, y para el girasol, 62,2%.

Los costos totales, que en parte considerable se hallan dolarizados, han subido en el agro el 95 por ciento en relación con septiembre de 2017. Y por si fuera poco, de acuerdo con las modificaciones que se están introduciendo al proyecto de presupuesto 2019, los campos pasarán a estar gravados con el impuesto a los bienes personales. Es verdad que la mejora del tipo de cambio ha sido del 120% el año último, pero amortiguada por nuevas retenciones que el campo señaló críticamente por una cuestión de principios, como era inevitable que ocurriera. Es del caso anotar, sin embargo, que ha prevalecido entre los productores una actitud de comprensión de la delicada situación financiera y económica por la que atraviesa el país y que amortiguó el tono de las quejas.

Es preciso una consustanciación más rotunda de amplias franjas de la sociedad, y en particular de la clase política, sobre lo que el campo importa desde todo punto de vista para el país en su conjunto y la articulación social de su inmenso territorio. Bastaría con ceñirse a sus aportes de divisas, tan importantes como que la soja y el maíz figuran entre los tres principales rubros de las exportaciones nacionales, para estarle más agradecidos.

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