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Ver crecer a los hijos... y a las propias exportaciones

Experiencias de mujeres que optaron por desarrollar sus negocios y llegaron a otros mercados; la misión de alcanzar el equilibrio entre la crianza de los chicos y el avance de un proyecto empresario
Ana Belén Ehuletche
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21 de octubre de 2018  

La inserción de la mujer hace más eficiente el entorno laboral. Ellas reinvierten en su familia de forma inmediata y se las ingenian para hacer varias cosas a la vez. Pero lo cierto es que por, mucha diferencia, los varones lideran en el mundo de la economía. Por eso, el Foro Económico Mundial advirtió que al ritmo actual y si no se implementan acciones decididas para mejorar las oportunidades de las mujeres, aún faltarían 217 años para cerrar las brechas de género en el mercado laboral.

En América Latina, el 20% de los puestos directivos está ocupado por mujeres, mientras que 48% de las empresas no las tienen en la alta dirección. Un trabajo de la Cámara Empresaria de la Mediana Empresa (CAME) revela que para el 74% de los encuestados, en la Argentina no existen iguales oportunidades laborales para las mujeres en relación a los varones. Y 78% cree que hay diferencias para acceder a niveles jerárquicos.

Con ese telón de fondo, muchas mujeres se animan a emprender su propio vuelo y, en el desafío de congeniar la necesidad de un ingreso, la realización profesional y la vida familiar, se destacan casos en los que no solo se ha logrado consolidar un proyecto, sino también insertar productos en otros mercados del mundo.

"Después de trabajar casi 13 años en multinacionales me casé y quedé embarazada de mi primer hijo, Lorenzo, lo cual hizo que me planteara si quería hacer un cambio de vida. Decidí volver a pintar y conectarme con ese mundo que siempre me apasionó", relata María Pía Sanoner, licenciada en Comercialización y fundadora de Elsata, su línea de vajilla. "A los dos años -cuenta- nació mi hija Renata, comencé a dar clases de pintura sobre porcelana y cerámica hasta que ambos comenzaron la escuela y me puse como objetivo armar mi proyecto, dedicándole 8 horas de trabajo".

"Quizás peco de millennial, pero siempre tuve en claro que no quería pasar mis días siguiendo un horario de oficina, me daba fobia; el trabajo para mi tiene que estar integrado con la vida de uno lo más orgánicamente posible. Siempre haciendo malabares ¡obvio! porque es muchísimo el trabajo, pero a la hora de elegir quise tener flexibilidad", cuenta Rocío Noya, que creó su empresa con su mamá, quien le dio consuelo cuando se recibió de licenciada en Administración y puso fin a su carrera en una compañía internacional.

"Había renunciado a un puesto bárbaro sin plan B. Me destacaba en lo académico, era mi fuerte, mi lugar seguro, y después de terminar la facultad toda esa seguridad se esfumó", asume Noya. Cuenta que en un intercambio en Wharton, Filadelfia, conoció el concepto de empresas sociales: bajo esa consigna se gestó Awanay, un estudio de diseño y comercialización de alfombras hechas a mano. "Nuestra misión es que las comunidades de tejedores, hilanderos y pequeños productores de lana de zonas muy, muy remotas de la Argentina tengan la oportunidad de vivir sustentablemente de lo que saben hacer, en su lugar de origen y recibiendo un precio justo. A su vez, posicionamos Awanay en el mercado local e internacional, como empresa de alfombras únicas argentinas con una estética característica: naturales, simples, relajadas", describe.

"Decidimos darle un giro a nuestras vidas y comenzar un emprendimiento propio", dice Laura Tripoli, licenciada en Turismo, al recordar los inicios de Pantuss, la empresa que fundó con su hermana Fernanda, que dejó atrás una exitosa carrera de directora de Arte. En sus casas, con cinco niños merodeando (dos de Laura y tres de Fernanda), se abocaron a reinventar la tradicional pantufla con un agregado que las personificó: calor+aroma.

Al principio los chicos se divertían siendo modelos de Pantuss y jugando entre los rollos de telas; con el tiempo el negocio creció y se volvió rentable. "Nos mudamos a una oficina y fue como que el trabajo se convirtió en trabajo real, es decir, teníamos un lugar físico fuera de nuestros hogares donde cumplíamos un horario más extenso y ordenado, se sintió raro pero fue necesario y muy positivo para todos", asiente Tripoli.

Maria Pía Sanoner viajó durante 8 años a ferias en Nueva York, hasta que sintió lista, y hace dos años comenzó a llevar sus productos. "Realizamos exportaciones por Exporta Simple y con un despachante para poder comprender los circuitos de pago y analizar los costos de cada courier", dice, y agrega que se están abriendo camino en Francia, Paraguay y Uruguay.

Exporta Simple es una plataforma oficial para ventas al exterior, que permite operaciones de hasta US$15.000, con un tope anual de US$600.000, que funciona en la órbita del Ministerio de Producción y Trabajo.

Al tiempo que desarrolló Awanay, Noya formó su familia y hoy cría a Iris, de 10 meses. "Me entusiasma cada exportación, hablar con los representantes, despachantes, clientes de otros países; me hace sentir parte de algo más grande y expande nuestro conocimiento", señala. Según su experiencia, el extranjero le compra al conocido, y por eso destaca la importancia del acceso al financiamiento y de las misiones comerciales.

Los diseños exclusivos de Pantuss se consiguen en casi toda la Argentina, llegaron ya a Estados Unidos y las emprendedoras aspiran a alcanzar países de Europa y Japón en el corto plazo. "Exporta Simple funciona y ayuda a las pymes, que antes debíamos recurrir al despachante de aduana con mayores gastos, es una herramienta eficaz y muy fácil de usar".

Según la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional, solo una de cada cinco pymes que exportan está a cargo de una mujer. "En un artículo por el día de la mujer anunciamos que la presencia de ellas en Exporta Simple rondaba el 4%. Hoy es el 6,4%; tenemos emprendedoras que vendieron productos de alto valor agregado y de excelencia a mercados de los más exigentes", destaca Carolina Cuenca, directora de Exportaciones del Ministerio de Producción.

Y opina que hoy "se dan las condiciones para que más mujeres se animen, participen y desarrollen todo su potencial. La temática de igualdad de género cobró una mayor relevancia en las agendas gubernamentales y de instituciones internacionales, con eventos como los del grupo W20 (Women 20) y She Trades -iniciativa de la Organización Mundial del Comercio- con el objetivo de promover el empoderamiento de las mujeres y su inserción en negocios internacionales".

Tres casos que tomaron vuelo

Madres, emprendedoras y exportadoras

Laura Tripoli, Pantuss

Con su hermana (entre las dos tienen cinco niños) puso en marcha un proyecto de fabricación y venta de pantuflas; hoy los diseños se consiguen en Estados Unidos y se está intentando llegar a Europa y Japón en el corto plazo

Rocío Noya, Awanay

Bajo el concepto de empresa social, esta madre de una pequeña de 10 meses fundó una empresa de alfombras hechas a mano que hoy llegan a varios países; trabaja con tejedores del interior del país

María Pía Sanoner, Elsata

Su emprendimiento está dedicado a la elaboración de vajilla; tiene dos hijos y antes de iniciar la empresa daba clases de pintura sobre porcelana y cerámica; hoy vende sus productos en Estados Unidos

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