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Barenboim nos enseña (de nuevo) a leer

Pablo Gianera
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20 de octubre de 2018  

Hace pocos meses, Daniel Barenboim dejó una versión inolvidable de Tristán e Isolda, de Richard Wagner, en el Teatro Colón. Apenas poco tiempo después de que eso sucedía, se distribuía en Buenos Aires Diálogos sobre música y teatro: «Tristán e Isolda», las conversaciones de, justamente, Barenboim con el director de escena Patrice Chéreau, muerto en 2013, con quien el maestro argentino colaboró en La Scala.

Chéreau creía, posiblemente con razón, que Tristán era irrepresentable. El drama mayor del adulterio y la muerte profanamente redentora es tan estático que no hay mucho que hacer en un escenario. Pero Barenboim, que es un mago, lo convenció de lo contrario.

Al margen, lo que importa es su teoría de la "ejecución" (la de Barenboim), que sobrepasa Tristán. La pregunta crucial es: "¿Cómo puedo fabricar este objeto, que es un espectáculo, a partir del texto que tengo delante de mí y no de otro de mi invención?". Barenboim dio en el blanco de una teoría entera de la lectura. Pocos pudieron.

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