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Alemania, análisis de una crisis fuera de contexto

Diego Latorre
Diego Latorre LA NACION
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20 de octubre de 2018  • 23:59

En estos tiempos líquidos en los que vivimos, carentes de paciencia y de pasado, existe la tendencia a sentenciar y hacer juicios de valor demasiado rápido. En el caso del fútbol, bastan algunos resultados, buenos o malos, para determinar una verdad, que por supuesto se verá transformada en cuanto cambie la dirección del viento.

Las selecciones nacionales sufren más que nadie estos vaivenes de la inmediatez, porque carecen de los largos períodos de ensayo imprescindibles para conformar un verdadero equipo y porque participan en competiciones tan cortas como crueles.

Entonces pueden ocurrir hechos difíciles de explicar. Hace seis meses, Francia era una incertidumbre absoluta. Su entrenador hizo lo más simple: agrupó buenos jugadores, les dio cierto orden defensivo y se encomendó a la velocidad de Mbappé. Fue campeón. Argentina, que lleva muchos años haciendo todo al revés, pudo llegar a varias instancias finales gracias a un puñado de grandes futbolistas. Y Alemania, que hace todo bien, cae en la primera etapa de un Mundial, alcanza la peor cifra de derrotas de su historia en un año y está a punto de descender de nivel en la flamante Liga de Naciones de la UEFA.

Resumen del partido Corea del Sur - Alemania en el Mundial de Rusia 2018

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De los tres casos, quizás el alemán sea el más difícil de comprender. La Bundesliga es cada vez más próspera, con estadios impecables que rebalsan de entusiasmo. La Federación, a su vez, inició y respetó un largo proceso de desarrollo con la creación de academias por todo el país y obligó a los clubes a formar jugadores con características adaptadas a un estilo de juego acorde a la evolución del fútbol. El éxito del modelo está probado: cada temporada surgen muchas y muy buenas figuras, las selecciones juveniles mantienen un altísimo nivel. Y sin embargo, la selección se tambalea cuando se le auguraba un período de dominio prolongado.

El análisis de este proceso tan llamativo de degradación sufrido por Alemania luego del Mundial 2014 ofrece varias respuestas, ninguna concluyente por sí misma.

En lo futbolístico surgen dos cuestiones como las más evidentes. Por un lado, desde el retiro de Miroslav Klose no apareció un 9 dominante y eficaz. Por otro, Joachim Löw no logra solucionar los problemas en el repliegue defensivo y cada pérdida de pelota en ataque es un drama. El equipo queda demasiado largo, con centrales lentos y alejados, expuesto a las contras rivales, y al contrario de lo que marca su historia, se maneja mejor en la periferia que en las áreas.

Hay otras responsabilidades que le caben al entrenador. Por ejemplo, antes de Rusia no supo detectar la necesidad de abrir la cancha para ganar en profundidad y aumentar la potencia de gol y dejó afuera a Leroy Sané.

Desde entonces, Löw entró en una zona de confusión, removiendo futbolistas de un lado a otro, sin garantizarle la titularidad casi a ninguno y diciendo que ahora pretende "un fútbol más directo", como si eso fuese algo que pudiera elegirse. El fútbol no es directo ni indirecto, ni horizontal ni vertical, es global, un todo donde prevalece la inteligencia para detectar cuándo y por dónde conviene dar cada paso.

El caldo se completa con las voces muy críticas de los viejos próceres del fútbol alemán y el desgaste de más de diez años de una relación entre el técnico y buena parte de los jugadores, además coronada con un gran éxito. Romper los lógicos vínculos afectivos, de compromiso y gratitud que se crean durante ese tiempo no suele ser fácil, aunque a veces extender la confianza más allá de lo debido afecte el crecimiento constante que todo equipo debe perseguir.

El fútbol tiene un lenguaje universal. Si un plantel se siente débil cae en la negatividad, incluso aunque hablemos de esa fortaleza mental hereditaria que todos reconocemos como esencia del fútbol alemán.

La selección alemana está hoy en ese punto. Tras la debacle del Mundial, la Federación confirmó a Löw en su puesto. Ahora, su continuidad está en peligro. Quizás un cambio sin destruir todo lo hecho pueda ser razonable. Atacar a tiempo la erosión de un proceso también forma parte del trabajo responsable de una dirigencia.

Mientras tanto, la factoría de las academias y las canteras de los clubes siguen en su tarea de formar futbolistas dúctiles en la técnica y con conocimiento del juego. La recuperación llegará pronto; el futuro del fútbol alemán no parece preocupante.

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