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El general se despide de los argentinos

Luis Ponferrada
Luis Ponferrada PARA LA NACION
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21 de octubre de 2018  

Después de lograr la independencia de Chile en 1818 gracias a los triunfos en Chacabuco y Maipú, San Martín, trabajando a ambos lados de la Cordillera, se dedicó a preparar la Expedición Libertadora al Perú. Al mismo tiempo, el gobierno de las Provincias Unidas enfrentaba serios problemas: se sabía que España preparaba una expedición de entre 15.000 y 20.000 hombres destinada al Río de la Plata; se intensificaba la guerra civil con los caudillos del interior y hasta algunos desarrollaban un plan secreto para instalar una monarquía con un príncipe de la casa de Borbón.

En estas difíciles circunstancias, desde Buenos Aires se pidió insistentemente el regreso de San Martín y sus fuerzas. Sin embargo, San Martín, decidido a no involucrarse en nuestras guerras civiles, tomó la tremenda decisión de desobedecer los perentorios reclamos y partió hacia Chile a principios de 1820 llevando consigo la parte de su Ejército que aun permanecía en Cuyo.

San Martín comprendió que había caducado su propia autoridad como Jefe del Ejército de los Andes. Pronto el Senado de Chile lo nombró Generalísimo de la Expedición al Perú y el Ejército de los Andes, ahora combinado con las fuerzas de Chile, pasó a llamarse Ejército Libertador del Perú. De inmediato se aceleraron los planes que venían cumpliéndose durante los últimos años para poner en marcha la ambiciosa campaña.

Se concentró la flota frente a las costas de Valparaíso, lista para trasladar al Perú cerca de 5000 hombres, armamentos y provisiones. La población de Valparaíso, por entonces una pequeña ciudad portuaria, vivía jornadas de enorme entusiasmo popular y contemplaba el imponente espectáculo de los navíos a punto de zarpar: ocho buques de guerra con 247 cañones, 16 transportes y 11 lanchas cañoneras.

Se estableció que la flota partiría el 20 de agosto de 1820. En la víspera, San Martín, desvinculado ya de toda autoridad del Río de la Plata, escribió al Cabildo de Buenos Aires, desde el Cuartel General de Valparaíso, comunicando su partida y elogiando al pueblo porteño. No podía decir mucho más pues iniciaba su campaña en contra de las expresas órdenes que había recibido.

El mismo día, 19 de agosto, San Martín redactó una elocuente carta despidiéndose afectuosamente de los cuyanos, que habían prestado enorme ayuda para organizar el Ejército de los Andes. La carta, prácticamente desconocida hasta el día de hoy, dice así (grafía contemporánea):

Yo me despido de los Cuyanos con los sentimientos más ingenuos, de afecto y de estimación, que siempre les he profesado; me despido como un compatriota que los ama, y les recomiendo por su bien que estrechen entre sí los vínculos de la unión y se fortifiquen en el concepto de que no existe Sociedad donde no hay orden. Sin otro carácter que el de Ciudadano manifiesto estos mis deseos a Vuestra Señoría como el representante de la Ciudad de San Juan, para que se digne transmitirlos a sus habitantes virtuosos, por cuya felicidad hago votos al Cielo, pronto a dar la vela con la Expedición Libertadora del Perú para el día de mañana. Dios guarde a Vuestra Señoría muchos años. Cuartel General de Valparaíso, Agosto 19 de 1820. José de San Martín. Al Muy Ilustre Cabildo, Justicia y Regimiento de la Ciudad de San Juan.

Ciertamente, esta carta tiene enorme importancia. Fue escrita en excepcionales circunstancias de tiempo y lugar: San Martín estaba "pronto a dar la vela con la Expedición Libertadora del Perú para el día de mañana". Además, es su verdadera y única despedida de los argentinos y, por último, aporta consejos imperecederos y de gran actualidad.

La carta, dirigida al Muy Ilustre Cabildo, Justicia y Regimiento de San Juan, llegó en su hora a manos de mi antepasado Don Tadeo de Rojo y Maurín (1763-1830), que fuera Regidor, Alcalde y Alférez Real de San Juan. Ocho generaciones de nuestra familia han conservado este relevante documento durante 200 años. Hoy en día creemos necesario difundir el luminoso mensaje del Libertador, pensado en rigor para todos los argentinos -estrechar los vínculos de unión y que no existe sociedad donde no hay orden-, pues conserva plena vigencia en nuestros atribulados tiempos.

Estamos entregando esta carta al Archivo General de la Nación para que allí se conserve en manos expertas y pueda ser consultada por todos.

El autor es abogado

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