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Chambones o chorros, ¿la única opción?

Pablo Sirvén
Pablo Sirvén LA NACION
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21 de octubre de 2018  

El enigma planteado por Jorge Lanata en el anterior Coloquio de IDEA -el año pasado se preguntó en voz alta ante ese auditorio cómo personas tan poderosas como los empresarios habían tenido tanto miedo durante el kirchnerismo como para no levantar nunca la voz- quedó resuelto y cobró sentido en el que concluyó el viernes: no era silencio; era complicidad.

Los cuadernos de las coimas -que reveló LA NACION- no solo explican que el anterior gobierno tejió una mortífera telaraña de la que era difícil escapar para los que querían seguir haciendo negocios de alto calibre en la Argentina, sino que algunos hasta se enredaron con gusto en ella con tal de recibir mucho más. El presidente Mauricio Macri, en el cierre del encuentro de Mar del Plata, también volvió a los cuadernos como una de las razones de la actual recesión económica. Y a confrontar con el clan Moyano, caballito de batalla propicio de estos días para fidelizar a los que dudan de las bondades de Cambiemos en tiempos de crisis económica.

El 56% de los participantes en la cumbre empresarial, según una encuesta de D'Alessio Oriol, cree que la situación, sin embargo, mejorará en el próximo semestre.

La Fundación Libertad paralelamente dio a conocer un original ejercicio consistente en medir el grado de libre comercio existente entre los 32 países que participaron en el Mundial de Rusia. Si en vez de fútbol, la competencia hubiese sido sobre esa cuestión, la Argentina habría sido eliminada en la primera fase. En efecto, en el podio de triunfadores de este peculiar campeonato -que surge de entrecruzar cuatro índices internacionales que miden la libertad económica, el comercio transfronterizo, la facilidad del comercio y la cantidad de obstáculos al mismo-, los tres mejores habrían sido Suecia, Dinamarca e Islandia, en ese orden. A nosotros, en cambio, nos tocaría estar entre los tres peores, solo superados por Irán y Brasil. El ingreso per cápita promedio de los tres primeros es de 65.000 dólares; el de los peores rankeados, de apenas 8000, o sea, ocho veces menos.

Quién hubiera imaginado que, casi tres años después de haber asumido el poder, un gabinete mayoritariamente integrado por CEO de exitosas corporaciones privadas iban a ostentar tan pobres resultados. Muchos lo atribuyen a la inexperiencia, a la escasa empatía con problemáticas populares y a que administrar el Estado es bastante más complicado que manejar una empresa. Desde el propio seno del Gobierno ensayan una respuesta: "Es que a la mañana fuimos keynesianos y a la tarde liberales", explica un alto funcionario la razón de tantas inconsistencias económicas del "mejor equipo de los últimos cincuenta años" (Macri dixit). En tren de ahondar esa autocrítica, la misma fuente imagina una pobre disyuntiva electoral para el año que viene. "Habrá que optar entre chambones o chorros", plantea.

Interesante también la encuesta que dio a conocer en estos días la agrupación @banquemos, que nuclea a activistas virtuales del macrismo, que viralizan logros del Gobierno y llevan adelante acciones en las redes sociales, alentados por sectores del oficialismo con singular beneplácito. Un 54% cree que la situación económica en 2019 estará mejor. Sorprenden dos resultados de esa muestra: el puntaje al Gobierno de 6,20 no es tan alto si se considera que los que califican son fans declarados de Cambiemos y más llama la atención que prefieran al radical Mario Negri (30,07% de las respuestas) como el mejor candidato a vicepresidente si Mauricio Macri aspira a la reelección. El dato estaría indicando que aun en el núcleo más duro de votantes oficialistas visualizan la necesidad de darle mayor protagonismo a la política en la cumbre del poder. No por casualidad en la valoración del gabinete de ministros, Marcos Peña se desbarranca al quinto lugar, en tanto que Patricia Bullrich, Rogelio Frigerio y Carolina Stanley se encaraman, en ese orden, en los puestos principales.

Muchos se siguen preguntando si el severo ajuste que recién ahora está intentando hacer el Gobierno a cambio de la financiación del Fondo Monetario Internacional no debió haber sido hecho de movida. Desde el seno del Cambiemos se responde que el exiguo triunfo sobre Daniel Scioli no permitía encarar al mismo tiempo el cambio político y la transformación económica exigida y que optó solo por el primero, en tanto prefirió avanzar más despacio en lo económico. El llamado "gradualismo", más el desmesurado financiamiento externo, sin la remoción de las patologías estructurales de la economía, ahondaron aún más la gravedad de la herencia recibida.

Raúl Alfonsín no dudó, pocos días después de asumir el poder, y cuando todavía el poder militar era colosal, en ordenar juzgar a las juntas de comandantes, corriendo todos los riesgos del mundo. Pero ¿acaso habría sido mejor y habría podido hacerlo tres años después? Dudoso.

El Gobierno se expone ahora a que los frutos de la contracción -en el caso de que esta llegará a dar algunos- no lleguen a tiempo y que el canto de las sirenas populistas cale una vez más en la voluntad electoral de la mayoría, cansada de tantos esfuerzos. Torcer esa posibilidad es la gran batalla que se avecina en el oficialismo.

psirven@lanacion.com.ar

Twitter: @psirven

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