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Steven Levitsky: "Si Bolsonaro tiene éxito, será replicado en otros países de América Latina"

Steven Levitsky
Steven Levitsky Fuente: AFP
El académico norteamericano advierte que un triunfo del líder ultraderechista brasileño tendría un efecto muy negativo
Alberto Armendáriz
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21 de octubre de 2018  

RÍO DE JANEIRO.- Para el reconocido académico norteamericano Steven Levitsky, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Harvard y especialista en América Latina, el candidato presidencial ultraderechista Jair Bolsonaro , favorito para ganar el ballottage del próximo domingo , puede terminar con la democracia brasileña y tener un efecto muy negativo en toda la región.

"Brasil es un país muy grande e influyente. El golpe militar de 1964 tuvo un fuerte impacto en toda América Latina. Pocos años más tarde, había regímenes dictatoriales en gran parte de la región, incluida la Argentina. Si Bolsonaro tiene éxito, será replicado en otros países de América Latina", advirtió en una entrevista con LA NACION el coautor del reciente libro Cómo mueren las democracias, junto a su colega Daniel Ziblatt.

-¿Cree que la clase política tradicional brasileña, los partidos de centro, no se dieron cuenta de qué está realmente en juego en estas elecciones?

-Los líderes autoritarios no llegan al poder solos, siempre lo hacen por medio de figuras del establishment político. Creen que tal vez estos líderes no vayan a resultar tan malos, que podrán usarlos o controlarlos; pero se equivocaron. En Brasil, el establishment político fue cauto hasta la primera vuelta electoral, pero desde entonces vimos una gran migración de intereses políticos hacia Bolsonaro. Será un trágico error histórico; dentro de 20 años, cuando se estudie cómo se deterioró la democracia brasileña, gran parte de la culpa será atribuida al establishment político que prefirió evitar que gane el Partido de los Trabajadores (PT), con Fernando Haddad, se dejó seducir por las propuestas económicas de Paulo Guedes -asesor de Bolsonaro-, y menospreció el costo de llevar al poder a un líder autoritario.

-Si Bolsonaro resultara electo, ¿a qué habría que estar atentos?

-Muchos líderes autoritarios elegidos democráticamente socavaron la democracia con la excusa de una crisis, en especial, una de seguridad, como el incendio del Reichstag en Alemania en 1933. En Brasil, no sería difícil imaginar un escenario de enfrentamiento entre Bolsonaro y las bandas criminales del Primeiro Comando da Capital (PCC) o el Comando Vermelho para iniciar un conflicto mayor y declarar un estado de emergencia con los militares como apoyo.

-¿Una crisis económica también podría ser usada como excusa?

-Puede suceder que haya protestas contra las nuevas medidas de ajuste que se tomen y aumente la tensión en las calles, por lo que se decida también declarar el estado de emergencia. Bolsonaro tendrá facilidad en lograr una mayoría en el Congreso; la usará para aprobar leyes y reformas de nombres grandilocuentes que sirvan para reforzar la seguridad pública, o para cambiar el sistema electoral que según él tiene fallas, o para modificar la composición de la Corte Suprema. Esa legislación será presentada a la sociedad como destinada a mejorar la democracia o proteger a la ciudadanía, pero que en realidad tendrá como objetivo consolidar su poder y debilitar a sus opositores.

-Usted ha dicho que el estilo de Bolsonaro es más parecido al que tenía el izquierdista Hugo Chávez que al de los dictadores militares latinoamericanos de la década del 70. ¿Por qué?

-Aunque su política económica, neoliberal, sería totalmente distinta que la de Chávez, su estilo político para llegar al poder es muy similar: críticas al viejo sistema político y promesas de lucha contra la corrupción y la criminalidad. Cuando los populistas llegan al poder entran en conflicto de inmediato con el Poder Judicial, con el Legislativo, con la prensa, y eso lleva luego a un asalto de las instituciones democráticas. Todos buscan el control de las instituciones democráticas y lo hacen apelando al pueblo.

-En Brasil, en la Argentina, en Estados Unidos, en Europa se ven cada vez más ejemplos de aguda polarización política. ¿Qué puede hacerse para evitar que esas brechas se profundicen?

-La polarización extrema se vuelve una amenaza para la democracia. Si vemos a la otra parte como tan diferente y antagónica, empezamos a aceptar medidas autoritarias, ya sea el fraude electoral o la violencia, para mantener al otro fuera del poder. Lamentablemente, no hemos aprendido mucho sobre cómo reducir la polarización. Hubo ejemplos en diferentes contextos y períodos, como la Concertación en Chile, entre los partidos de centro y de izquierda a fines de los 80 y en los 90. Pero estas iniciativas requirieron de élites comprometidas, partidos políticos fuertes y disciplinados, y sucedieron en tiempos en que no había redes sociales. Las redes sociales hoy han reducido la influencia que las élites tienen sobre sus seguidores y tienden a exacerbar la polarización; eso lo vemos en Estados Unidos y en Brasil. Encima, en Brasil, los partidos tradicionales están desgastados. Si hace seis meses el PT, el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) y el Movimiento Democrático Brasileño (MDB) se hubiesen sentado para resolver sus diferencias y el PT hubiera hecho concesiones hacia la centroderecha, Bolsonaro no habría llegado tan lejos.

-Seis meses atrás, el PT insistía en la candidatura de Lula aunque sabía que sería impugnada, cuestionaba al Poder Judicial y se quejaba de una persecución política. ¿El PT es responsable por llevar a la democracia brasileña a la situación actual?

-Sí, y pagará un alto precio por eso. Pero tampoco hay que confundirse: el PT no es chavista, no es autoritario; esas son invenciones de la derecha. El PT no fue la única razón por la que Brasil está ahora en medio de esta tormenta perfecta, pero gobernó muy mal en los últimos años en el poder, tuvo un papel importante en los escándalos de corrupción, su política fiscal jugó un rol fundamental -no el único- en la crisis económica que sufrió Brasil. Por lo tanto el PT tiene mucha de la culpa de cómo se llegó aquí. Desde el impeachment de Dilma Rousseff, el partido se radicalizó, y eso socavó la democracia brasileña.

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