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Abierto de Hurlingham: cómo se ve el polo de más alto nivel cuando uno pasa los 40 años

Miguel (44 años) e Ignacio (40) Novillo Astrada flanquean a Matías Mac Donough (46), después de la victoria de La Aguada sobre Alegría-La Irenita por 12 a 7.
Miguel (44 años) e Ignacio (40) Novillo Astrada flanquean a Matías Mac Donough (46), después de la victoria de La Aguada sobre Alegría-La Irenita por 12 a 7. Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo
Rodolfo Chisleanschi
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20 de octubre de 2018  • 23:38

"¡Eh! ¡Me sacan las fotos con estos otros, que son mucho más grandes que yo! Mis 40 son nuevitos...", se quejó risueño Ignacio Novillo Astrada, y no le faltaba cierta razón. Su estreno de década es reciente, de marzo de este año; en cambio, su hermano Miguel ya anda por los 44, y Matías Mac Donough va acostumbrándose al número 46.

Los tres coincidieron ayer en la cancha 1 de la AAP en el partido que La Aguada le ganó por 12-7 a Alegría-La Irenita. Un encuentro, por la zona A del Abierto de Hurlingham, que reunió a tres de los cinco cuarentones de la Triple Corona. Los otros estarán en acción hoy, cuando La Dolfina, con Adolfo Cambiaso (43), y La Cañada, con Sebastián Merlos (46), se midan a partir de las 13.30, por el grupo B, antes de que Las Monjitas y La Albertina completen la jornada, desde las 16.

Un rato después de que Ellerstina doblegara, con menos margen que el esperable, a La Ensenada por 14 a 7, los Novillo Astrada y el mayor de los hermanos Mac Donough hablaron de pasado, presente y futuro en el polo de más alto handicap. "La edad quita algunas cosas, como la potencia", admitió Miguel. "Hay que caminar la cancha de una manera algo distinta, pero se compensa con la experiencia en la preparación de los caballos, por ejemplo. Y cuando hay que pegar un grito, como en esta tarde, los más chicos escuchan", añadió el capitán de La Aguada.

Como en todos los órdenes de la vida, cumplir años tiene pros y contras. "A veces falta un poco el aire", confesó el back de La Irenita, también capitán. Pero ninguno de los tres se quejó de que el paso del tiempo hiciera decrecer las habilidades. Más bien, lo contrario. "Ya no me pongo tan nervioso en lo previo a los partidos. Antes quería que no me molestaran. En cambio, esta mañana llevé a mi hijo a Luján para que jugara prácticas, y disfruto compartir esos ratos con él. Me tomo todo de manera más relajada. Hasta que llego a la cancha, claro. Al carácter competitivo, desgraciadamente, no pude cambiarlo", se explayó Nacho.

Ignacio Novillo Astrada, de La Aguada, ejecuta un tiro largo y Matías Mac Donough, de Alegría-La Irenita, se protege.
Ignacio Novillo Astrada, de La Aguada, ejecuta un tiro largo y Matías Mac Donough, de Alegría-La Irenita, se protege. Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo

"Este año andaba con ganas de bajarme, pero los chicos me pidieron por favor que siguiera. Uno tiene que ver cómo está físicamente y de reflejos. Quiero terminar bien. El día en que sienta que no doy el nivel, me bajaré", apuntó Miguel. "Yo tomo esto un poquito como de yapa, y me divierte. Además, jugar con caballos de la cría propia [La Irenita] me genera una motivación extra", sostuvo Mac Donough.

Los hermanos de La Aguada ganaron la Triple Corona en 2003; Matías se quedó dos veces en la puerta, cuando jugaba por Ellerstina. Son conscientes de que ahora sus objetivos, individuales y colectivos, se anudan en otros palenques. "Me gusta ayudar a crecer a los más chicos, como los Zavaleta y Tito Ruiz; sentirme un poco profesor en la cancha", señaló Matías. "Soy realista: La Dolfina y Ellerstina están lejos. Es difícil definir como para qué estamos como equipo", dijo Ignacio. "Mantener lo que hicimos el año pasado y meternos entre los cuatro primeros del ranking para jugar Tortugas el año que viene podrían ser nuestros objetivos. Si además llegamos a una final, sería espectacular", indicó Miguel.

El futuro a mediano plazo viene con una novedad bajo el brazo: la liga profesional que agrupará a conjuntos de entre 28 y 34 goles a partir de 2019 y que a priori abre una perspectiva diferente para este deporte y, también, para quienes están cerca del final de sus carreras. "Será muy profesional y bien organizada", subrayó Miguel, que añadió: "La idea es que haya franquicias y más marcas, quizás con reglas nuevas que hagan más dinámico el juego. Me parece muy bueno para el polo y quiero participar para apoyarlo. Es otro estímulo para seguir jugando". Ignacio asintió convencido: "Hará que los jugadores de 7 u 8 goles no deban llevarse los caballos afuera, y eso subirá el nivel general".

Matías Mac Donnough y Miguel y Nacho Novillo Astrada muestran que en el polo, a los cuarenta y más, se puede atravesar los tiempos manteniendo la vigencia y renovando las expectativas.

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