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El muerto que se daba los gustos en vida

Mariano Donadío
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21 de octubre de 2018  

Todos daban por muerto a Dmytro Malynovskyi. El millonario ucraniano estaba acusado en su país de fraude, falsificación y lavado de dinero cuando se anunció su muerte hace tres años. Pero hace dos semanas la policía europea lo encontró viviendo gozosamente en un castillo del siglo XII, ubicado en la Costa de Oro francesa. Los funcionarios franceses empezaron a sospechar cuando se enteraron de la compra del Castillo de Rochepot por 3,5 millones de dólares. En ese castillo encontraron un Rolls Royce Phantom vintage, joyas y tres piezas de arte de Salvador Dalí. Y a un prófugo de la Justicia.

Quizás el ucraniano confió en el truco de "La carta robada", de Edgar Allan Poe: esconder algo en el lugar donde todos suponen que estaría guardado. Esta noción de que el mejor escondite es el más obvio resulta, literariamente hablando, muy bella, pero muy poco práctica. Malynovskyi puede dar fe de que vivir en un castillo francés -rodeado de autos y pinturas caras- no es la mejor forma de esconderse a los ojos del mundo.

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