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Sobran razones para leer a Katherine Mansfield, la rival literaria de Virginia Woolf

Este mes se cumplen 130 años del nacimiento de la escritora neozelandesa, maestra de la delicadeza y la subjetividad
Este mes se cumplen 130 años del nacimiento de la escritora neozelandesa, maestra de la delicadeza y la subjetividad
Daniel Gigena
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23 de octubre de 2018  • 11:51

Provista del "don de la proximidad", según Frieda Lawrence, y con "una mente tremendamente sensible", en palabras de su rival literaria, Virginia Woolf, Katherine Mansfield escribió un conjunto de cuentos de alcance universal. En su breve vida, la autora neozelandesa que murió a los 34 años en Francia se convirtió en la sucesora de Anton Chejov, al que tanto admiraba (igual que a Colette, Dickens, Keats y Austen), e hizo que su obra prefigurara la de cuentistas tan diversos como Alice Munro, Grace Paley, Elizabeth Bowen, Mercé Rodereda, Julio Cortázar, Raymond Carver y Hebe Uhart. Este mes se cumplen 130 años de su nacimiento en Wellington (Nueva Zelanda).

De joven, Mansfield se mudó con su adinerada familia a Inglaterra, estudió música en Londres y luego fue llevada por su madre a un balneario alemán, en Baviera, para que olvidara su romance con un profesor e intentara dejar atrás sus aventuras amorosas con mujeres. De su padre, recibió hasta su muerte una pensión de cien libras esterlinas. Vivió en Suiza y en ciudades costeras de Italia y de Francia. El sentido del exilio nunca la abandonó.

En su corta y atribulada existencia, escribió más de setenta cuentos y novelas cortas, poemas, cartas y diarios con anotaciones que fueron publicados después de su muerte. Nadie que haya leído "Fiesta en el jardín", "Felicidad", "Yo no hablo francés" o "En la bahía" puede olvidar la significativa ruptura con la cotidianidad que provoca su escritura, que va más allá de la anécdota y la búsqueda del efecto. Sin ser parte del círculo de Bloomsbury, estuvo asociada a los escritores, artistas y críticos que lo integraban.

Mansfield tuvo una vida corta: murió a los 34 años en Francia y dejó una obra de más de setenta cuentos y novelas cortas, poemas, cartas y diarios
Mansfield tuvo una vida corta: murió a los 34 años en Francia y dejó una obra de más de setenta cuentos y novelas cortas, poemas, cartas y diarios

Mansfield tuvo una salud frágil, una vida sentimental agitada y la relación de los editores con su obra fue, por lo menos, decepcionante. Vehemente en sus opiniones y actitudes, no trabó grandes vínculos con sus colegas ingleses, a los que criticó con acidez (comparó la obra de E. M. Forster con el agua tibia de una tetera). Luego de una serie de afecciones, fue diagnosticada de tuberculosis en 1917. Aquejada por la muerte de uno de sus hermanos en la Primera Guerra Mundial y por la enfermedad, murió en 1923 en un balneario francés.

Mansfield tuvo una vida corta: murió a los 34 años en Francia y dejó una obra de más de setenta cuentos y novelas cortas, poemas, cartas y diarios
Mansfield tuvo una vida corta: murió a los 34 años en Francia y dejó una obra de más de setenta cuentos y novelas cortas, poemas, cartas y diarios

Por qué leer a Katherine Mansfield

Criaturas delicadas

El escritor y crítico literario italiano Pietro Citati, autor de La vida breve de Katherine Mansfield, describió así a la escritora neozelandesa: "Todos aquellos que conocieron a Katherine Mansfield en los años de su breve vida tuvieron la impresión de descubrir una criatura más delicada que otros seres humanos: una cerámica de Oriente que las olas del océano habían arrastrado hasta las orillas de nuestros mares". Esa delicadeza se transfiere a los personajes de los cuentos que, por medio de la capacidad de la escritora para condensar en gestos e imágenes una pluralidad de conciencias y sentimientos, entrelazan meditaciones sobre las diferencias entre clases sociales, la vida y la muerte, la ilusión y la realidad. Muchas de las vivencias de la escritora quedaron reflejadas en los relatos de su primer libro, de 1911, En una pensión alemana.

A la creación de atmósferas, que iluminan un momento en la vida de sus personajes, Mansfield le agrega diálogos en los que fluye la acción de los relatos. "Todo artista se corta una oreja y la clava en la puerta para que los demás le griten en su interior", escribió en su diario. Una clave de sus relatos reside en la gracia del estilo, la ausencia de énfasis y el modo en que situaciones y personajes se despegan de los estereotipos. Todos son únicos e irrepetibles.

Maestra de la subjetividad

"Katherine Mansfield es una maestra de la subjetividad", afirma la escritora argentina Betina González, autora del volumen de cuentos El amor es una catástrofe natural, y que enseña en varios cursos la obra de la escritora neozelandesa . "Sus cuentos narran los tumultos de la emoción: la pena, la dicha, el entusiasmo o el amor; en sus manos, son verdaderos acontecimientos. Lejos de lo efectista o la historia llena de eventos, el relato de la interioridad de los personajes es uno de los rasgos de modernidad de esta autora. Estructuralmente perfectos, sus relatos cuentan siempre la misma historia una y otra vez: la del choque de la sensibilidad del sujeto con el mundo de los otros o el mundo real. En ese choque o abismo insalvable, Mansfield es nuestra contemporánea". Para González, el cuento "Felicidad" cuenta ese desencuentro de manera magistral. "¿Quién puede resistirse a su primer párrafo? No conozco mejor relato de la dicha que esas líneas de Bertha, caminando de regreso a su casa para preparar la fiesta de la noche 'como si se hubiera tragado un pedazo del sol de la tarde y ahora ardiera dentro suyo'. Y lo notable es que en la escena anticlimática del final, esa dicha, en lugar de hacerse pedazos, resplandece igual que el árbol del jardín".

Una escritora periférica

Otra narradora argentina, la tucumana María Lobo, autora de los libros de cuentos Un pequeño militante del PO y Santiago, destaca el carácter extraterritorial de Mansfield. "Es una autora periférica. Como lectores, vivimos en un contexto agotador. Las minorías cultas están todo el tiempo diciéndonos lo mismo. Para ellos, los libros tienen que ser extraños, oscuros, perturbadores, inquietantes. Si nos dejáramos llevar por los que tienen la sartén de la difusión por el mango, podríamos pensar que la literatura es solo eso: oscuridad y perturbación. Pero no es así. La extrañeza es una forma de literatura que viene de la estética de las vanguardias, y que hoy, paradójicamente, podríamos llamar literatura de centro, porque responde al mandato de lo que las capitales quieren vender como buena literatura". Según Lobo, el recurso de lo extraño produce una literatura del statu quo, porque sigue el discurso de lo que se supone que está bien para los mercados.

"Frente a esos libros uniformes, Mansfield hoy resulta una autora de los bordes porque, a pesar de ser moderna y de que la crítica suela encasillarla en la fórmula de lo extraño, su universo no parece oscuro ni inquietante. Ella escribe sobre vínculos y relaciones subterráneas; lo hace a veces con humor, a veces abona los desplazamientos, pero eso no la convierte en una autora extraña. Desplazar no es ser raro, es hacer arte. Mansfield tiene esa forma de ver peculiar, crea a partir de descripciones inesperadas, y lo hace desde la óptica de clase, sin pretensiones de autocompasión ni culpa. Vínculos, clase y periferia: ahí van tres razones para leer a esta autora imprescindible".

Quién le teme a Katherine Mansfield

Mansfield y Woolf se encontraron por primera vez en 1917 en Londres. La primera impresión que tuvo la autora de Las olas sobre Katherine no fue muy favorable. "En verdad, al primer golpe de vista me sentí un poco molesta por su ordinariez: esos rasgos tan duros y vulgares", describió. Por su parte, Mansfield aludía al matrimonio de Virginia y Leonard Woolf (que fueron sus editores en Hogarth Press) como "los lobos apestosos". Sin embargo estas apreciaciones cambiaron con los años y la conciencia de que ambas eran escritoras notables, que querían conocer las opiniones de la otra sobre los libros que publicaban. Mantuvieron también una correspondencia fluida en la que se referían a las penurias y las delicias del oficio de escribir. Al morir Mansfield, Virginia Woolf la echó de menos. "Cuando empecé a escribir me pareció que no tenia sentido hacerlo. Katherine no podrá leerlo. Katherine ya no es mi rival. Estaba celosa de su escritura, la única de la que haya estado celosa jamás. En esta escritura yo veía, tal vez por celos, todos los rasgos de carácter que me desagradaban en ella. Nunca consideré lo suficiente su sufrimiento físico ni cuanto contribuyó a amargarla", escribió.

Por su lado, ya instalada en Francia, Mansfield había manifestado por escrito cuánto deseaba estar sana. "La salud significa para mí poder llevar una vida plena, adulta, viviendo, respirando vida, en contacto estrecho con lo que amo: la tierra y sus maravillas, el mar, el sol. Además, quiero trabajar. ¿En qué? Deseo intensamente vivir para trabajar con las manos, con mis sentimientos y mi cerebro. Deseo un jardín, una casa pequeña, hierba, animales, libros, cuadros, música. Deseo ponerme a escribir a partir de esto, dando expresión a todo ello". Su diario concluye con tres palabras: "Todo está bien". Tres meses después de escribirlas, murió en una localidad francesa el 9 de enero de 1923.

Rara modernidad

En su obra, abundan los personajes femeninos que luchan contra los prejuicios de una sociedad burguesa. Con ironía, la autora deja entrever los mecanismos del engranaje cultural que confinan a las mujeres a un rol pasivo. Mansfield dejó de ver a su madre (que había querido dar a luz un varón) en 1910 y se casó dos veces; primero con George Bowden, al que abandona la noche de bodas, y luego con el que fue su editor póstumo, el prolífico John Middleton Murry, que aceptó la relación amorosa de su mujer con Ida Baker. Antes, Mansfield había sido pareja de la poeta y crítica literaria Beatrice Hastings. Con Baker, recorrieron Europa y se instalaron en San Remo, en Italia, en 1918, con el objetivo de tratar (de maneras heterodoxas) la tuberculosis que minaba la salud de la escritora. Para muchos lectores, su imagen sobre los hombres quedó inmortalizada en el cuento "El hombre sin temperamento". Pese a sus críticas al poder masculino en la Inglaterra de inicios del siglo XX, se cuidó de participar del movimiento sufragista en el Reino Unido.

Nueva antología de sus cuentos hecha en la Argentina

Se publicaron infinidad de versiones de los libros de Mansfield con traducciones hechas en España. Pocas respetan el ritmo del fraseo mansfieldiano, hecho de titubeos, perplejidades e interrogaciones. A veces, el fluir de la conciencia de los personajes queda obturado. La editorial Alba publicó sus cuentos completos en una cuidada edición y en 2000, la editorial Perfil hizo lo mismo con Textos privados, con escritos seleccionados y prologados por C. K. Stead, autor de la novela biográfica Mansfield.

Portada de la antología de cuentos de Mansfield publicada por Mil Botellas
Portada de la antología de cuentos de Mansfield publicada por Mil Botellas Crédito: Gentileza editorial

En la Argentina, este año, el sello Mil Botellas dio a conocer una antología de cuentos de Mansfield con el título de Matrimonio à la mode y otros cuentos. La antología reúne once cuentos de tres libros de Mansfield, La fiesta en el jardín (1922), El nido de la paloma (1923) y Algo infantil y otros cuentos (1924). Estos dos últimos fueron editados en forma póstuma, recopilados y editados por Middleton Murry. Los cuentos seleccionados fueron traducidos por Mariángel Mauri, y entre ellos figuran clásicos como "La casa de muñecas", "La mujer del almacén" y "La adolescente".

"Mauri es una joven traductora que vive en La Plata y los dos coincidimos en el amor por la obra de Mansfield. ¿Por qué traducir a Mansfield? Porque se trata de una de las mejores cuentistas de todos los tiempos y poner en circulación una traducción nueva era también hacer justicia con su talento, y hacerla contemporánea. Una traducción cercana a nuestro lenguaje, en una autora como Mansfield, resulta más que imprescindible", dice Ramón Tarruella, escritor y editor de Mil Botellas.

Los once cuentos de Matrimonio à la mode tienen una actualidad única, con temáticas como el aborto ("La mujer del almacén"), la soledad de las mujeres adultas ("La señorita Brill"), el esnobismo del ambiente artístico ("Matrimonio à la mode") o las diferencias de clase experimentadas en la infancia ("La casa de muñecas"). Y, además, la forma en que se narra cada una de esas historias. "Con esa sutileza que aborda el conflicto por los bordes, como quien se acerca con prudencia a un intenso fuego y a la vez se aleja", agrega Tarruella. Una sutileza que aún tiene mucho que enseñarnos a la hora de narrar y leer una historia.

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