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Kimi Raikkönen: el regreso al triunfo del piloto más veterano y colorido de la Fórmula 1

Sin sonrisas y pulgar en alto: el "efusivo" festejo del piloto finlandés
Sin sonrisas y pulgar en alto: el "efusivo" festejo del piloto finlandés Fuente: AFP
Pablo Vignone
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21 de octubre de 2018  • 23:59

El momento Kimi Raikkonen de cada Gran Premio de Fórmula 1 tuvo lugar, esta vez, rumbo al podio:

-¿Ganaste el campeonato?- le preguntó a Lewis Hamilton .

-No -le contestó entre seco y molesto el inglés.

Al instante subieron los escalones del podio. A diferencia de lo habitual, fue el finlandés quien se trepó a lo más alto. Faltaba de allí desde hacía 115 carreras, cinco años, siete meses y cuatro días desde su último halago, el GP de Australia de 2013, con un Lotus.

Con su habitual economía de palabras y sus graciosos intercambios radiales con sus ingenieros, Raikkönen suele despertar sonrisas entre los genuinos seguidores de la Fórmula 1, las sonrisas que nunca se le escapan a él. Cumplió el gran objetivo que le fijó Ferrari para esta carrera -vencer desde el segundo lugar de partida, utilizando un compuesto de neumáticos diferente al resto- y el que él mismo se impuso desde que anunció su salida de la escuadra de Maranello. Conseguir, antes de la despedida a fin de año, su 21ª victoria en la categoría que lo ungió campeón en 2007.

Desde que regresó a Ferrari, en 2014, el finés no podía cortar la racha sin triunfos. Ese año sufrió el estrellato de Fernando Alonso. Luego, muy pocas veces estuvo a la altura de Sebastian Vettel, el piloto número 1 de la escudería, aunque las características técnicas de la máquina favorecieron en general el estilo de manejo del alemán. Eso se vio claramente en 2017, con un auto muy corto entre ejes, que Raikkönen no podía hacer rotar sobre el tren delantero, como suele ser su estilo. Vettel, que siempre prefiere un coche con el tren trasero bien afirmado, se benefició más.

Este año, con un coche más largo y más potencia disponible, el finlandés se sintió más cómodo con el auto y subió nueve veces al podio antes de la carrera de ayer. Pudo haber ganado en Italia, el día en que le comunicaron, un rato antes de la largada, que no continuaría en Ferrari al día siguiente. Cumplía con una misión en Estados Unidos: tratar de quitarle a Hamilton la posibilidad del triunfo, de manera de postergar la definición del certamen.

En esas vueltas decisivas en Austin volvió a verse al Kimi de las grandes batallas. "Mis gomas no estaban en la mejor forma, Max [Verstappen] tenía el mismo problema, pero yo tenía suficiente velocidad y la mantuve con consistencia".

El piloto más veterano de la F.1 actual (cumplió 39 el miércoles pasado) es también el más colorido. Hace unos meses publicó su autobiografía en finlandés -ya vendió más de 100 mil ejemplares en un país de cinco millones de habitantes-, y todo el ambiente espera la aparición de la versión en inglés para terminar de asombrarse. Se filtraron anécdotas como la siguiente: en 2012 se bajó del podio tras el GP de Bahrein e inauguró una borrachera que le duró dos semanas; dejó de tomar para ir a correr en el GP de España, a Barcelona. Allí, otra vez, subió al podio. Desde que se casó con Minttu, la bebida quedó atrás.

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