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Salarios: alimentación y sector público son los más golpeados

Se trata de los dos rubros en los que los ingresos sufrieron los mayores caídas en su poder de compra; los economistas prevén que el año cierre con una baja del 11%
Se trata de los dos rubros en los que los ingresos sufrieron los mayores caídas en su poder de compra; los economistas prevén que el año cierre con una baja del 11% Fuente: AFP - Crédito: Archivo
Silvia Stang
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22 de octubre de 2018  

Los salarios de convenio de varios sectores de la economía tienen en este último trimestre de 2018 un poder de compra que es entre un 10 y un 17% más bajo que el de hace un año aun cuando en algunos casos ya se activaron cláusulas de revisión de lo negociado meses atrás. Actividades como el comercio y la industria metalúrgica, que en su momento integraron "el club del 15" (el nivel porcentual de incremento con el que el Gobierno buscaba que cerraran las negociaciones salariales) muestran, en términos reales y por ahora -ya que se prevén revisiones en lo que queda del año, que se sumarán a las ya hechas-, bajas interanuales de 10,1% y de 13,8%, según un informe del Observatorio de Derecho Social de la CTA Autónoma.

El último dato oficial sobre el salario real de los trabajadores formales es de un mes previo a que, devaluación mediante, se acelerara con más fuerza que antes la inflación . En julio, la baja interanual del salario real fue del 6,1%. Esa cifra fue informada por la Secretaría de Trabajo y surge de corregir por el índice de precios al consumidor nacional la evolución nominal que mostraron los salarios registrados entre julio de 2017 e igual mes de este año (el promedio en el sector privado pasó de $24.881 a $30.642).

Estimaciones privadas ubican en un nivel similar al del 6% la caída interanual del salario mensual real promedio para todo el año, en tanto que proyectan que, a diciembre, la baja en comparación con 2017 superará el 11%. Es lo que señalan, por caso y según relevó LA NACION, en la Fundación Capital, en el Ieral y en el Estudio Ferreres (en este último caso, estiman que el peor mes para los ingresos es el actual y que en los próximos dos la pérdida del poder adquisitivo se recortará, para cerrar el año en 11,2%).

La variación del salario real no equivale a la brecha entre la evolución de los precios y las remuneraciones, sino que refleja cuánto más o cuánto menos se puede comprar luego de un período de tiempo y considerando lo ocurrido con ambas variables. A julio pasado, el salario registrado promedio subió 23,1% en comparación con un año atrás, mientras que los precios avanzaron 31,1%. Así, si se tienen $123,1 y una canasta hipotética de bienes cuesta $131,1, se podrá adquirir el 93,9% de lo que se podía comprar cuando ambas variables estaban en $100.

En el caso de las variaciones de los salarios de convenio calculados por economistas de la CTA, el índice de precios que se tuvo en cuenta es el de la ciudad de Buenos Aires (esto es porque el trabajo incluye una estimación de caída del salario real desde octubre de 2015 -cuando no se había lanzado el actual índice de precios nacional-, que resultó del 9,9% hasta julio para los asalariados del sector privado). Y se consideraron las proyecciones del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) publicado por el Banco Central, para estimar la inflación de este trimestre.

El análisis de convenios para el último año muestra que la industria de la alimentación y la gestión pública (Sinep) son los sectores con variación más negativa dentro de la muestra de nueve gremios, con caídas del 17,3% y 17,2%, respectivamente, en la comparación entre los últimos trimestres de 2017 y de este año. Les siguen los camioneros, textiles y metalúrgicos, con pérdidas de 15,2%, 15% y 13,8%, en cada caso. En los salarios acordados en la construcción y las entidades deportivas y civiles, la baja resulta del 12,7% y del 12,3%, y, finalmente, en sanidad y comercio las reducciones alcanzan el 11,3% y el 10,1%. Para la comparación se consideraron los ingresos de la categoría más representativa de cada gremio y se eligieron sectores sin variaciones, en el período, en los adicionales de convenio. "Es esperable que en los próximos meses haya alguna recomposición nominal de los salarios de convenio -dice a LA NACION Luis Campos, coordinador del Observatorio de la CTA-; las actividades que relevamos tienen prevista alguna revisión", que, en algunos casos, llegará en 2019.

Según Campos, ante el fracaso que tuvo hasta ahora la política antiinflacionaria, el acortamiento de los plazos de los acuerdos, por la vía de revisiones, es la herramienta defensiva que parece válida. Sin embargo, advierte que en todos los casos habrá obstáculos importantes para renegociar: "La pérdida es tan grande que los reclamos ya no son por una mera corrección que podría solucionarse con un bono o adicional, o como parte de la negociación del año próximo, sino que implican una total reapertura de las negociaciones", considera. La recesión es una contención frente a los reclamos, aunque Campos considera que hay actividades que podrían dar mayor recomposición sin ampararse en la coyuntura.

En los convenios hay dos maneras de prever el reacomodamiento posterior de los salarios, explica el abogado Luis Discenza, del estudio AMZ & Asociados, negociador desde el lado empresario. Cuando las cláusulas son "de revisión", la situación es más complicada, porque obliga a sentarse y negociar. Las "cláusulas gatillo", en cambio, ya establecen cómo se hará la corrección: un caso es el del acuerdo de los laboratorios medicinales con el gremio de la sanidad, en que se dispuso que en enero se comparará la inflación de 2018 con las subas salariales y se compensará la diferencia.

Según Discenza, los bonos de fin de año pueden ser una salida. "No hay clima de desconocer la situación salarial, pero hay que juntar eso con los embates que sufre cada empresa", señala. Y agrega que los que quedan más relegados en estos casos son los empleados fuera de convenio, que no tienen representación. De hecho, el sector bajo convenio es considerado el más protegido, porque refleja lo que ocurre en el segmento registrado, del que quedan al margen un tercio de los asalariados.

En el nivel general de salarios en blanco, 2018 se encamina a ser el peor año, en términos de poder adquisitivo, después de 2002. Según cálculos de los economistas Marcelo Capello y Gerardo García Oro, del Ieral, en aquel año la caída del salario real promedio fue de 16,5% y a eso le siguió un 2003 que marcó otra variación negativa (de 0,3%), mientras que la recuperación (de 10,3%) llegó en 2004.

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