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Un silencio prudente de los obispos para esconder diferencias

El arzobispo de Mercedes-Luján, Agustín Radriazzani, a cargo de la homilía en la misa ecuménica
El arzobispo de Mercedes-Luján, Agustín Radriazzani, a cargo de la homilía en la misa ecuménica Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk
Mariano De Vedia
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21 de octubre de 2018  • 22:00

En julio pasado, en medio del fuerte debate sobre la despenalización del aborto , más de 50 obispos se movilizaron a la Basílica de Luján para endurecer el rechazo de la Iglesia a la iniciativa, cuyo debate había facilitado el gobierno de Mauricio Macri . Tres meses después, en cambio, el arzobispo Agustín Radrizzani estuvo casi en soledad en el mismo lugar, rodeado de caciques sindicales y dirigentes peronistas cuyos nombres se acumulan en expedientes judiciales, en causas de corrupción.

¿A Radrizzani lo dejaron solo en la Iglesia? No necesariamente. Los obispos se cuidaron y evitaron pronunciar públicamente una palabra crítica que dejara en off side a un pastor al que valoran por su espíritu abierto y su apuesta permanente al diálogo.

En algunas esferas eclesiásticas interpretan que el silencio de los obispos se explica más por un gesto de prudencia que por una muestra de resistencia interna. Sin embargo, puertas adentro de la Iglesia, hubo voces que expresaron en las últimas horas su malestar por el favor gratuito que Radrizzani le prestó a Hugo Moyano y al aparato político opositor, en medio de una crisis social que, entienden, merece un tratamiento más profundo y serio.

"Un obispo no se puede negar a una misa por la patria", es la lacónica línea argumental del Episcopado, cuando se pide una explicación por la postal del sábado frente a la Basílica de Luján. "Es sectorial y local", respondieron sectores cercanos al papa Francisco , al limitar el impacto del mensaje que bendijo el arzobispo de Luján.

Para defensa de Radrizzani, es claro que no se trató de una jugada aislada. Tres días antes, el titular de Pastoral Social, el obispo jesuita Jorge Lugones, recibió a Hugo Moyano en el Episcopado y conversaron sobre la inflación, el deterioro de los salarios y el riesgo laboral. A comienzos de octubre, varios referentes de movimientos sociales se movilizaron a la Catedral de La Plata, donde el arzobispo Víctor Fernández, los exhortó a "no quedarse atrapados en el conflicto" y buscar caminos superadores. Fiel intérprete del pensamiento de Francisco, el exrector de la Universidad Católica Argentina (UCA) dejó abierto, de todos modos, un espacio para buscar caminos de diálogo. En contraste, el encendido tono con que en Luján se reclamó la convocatoria a un acuerdo social sonó más a una exigencia sectorial que a una disposición sincera a sentarse a conversar.

Gremialistas, ayer, en la misa celebrada en la Basílica de Luján
Gremialistas, ayer, en la misa celebrada en la Basílica de Luján Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk

Otras voces episcopales, más rigurosas frente a lo que, siendo generosos, aparece como una "ingenuidad" del arzobispo de Mercedes-Luján, resumieron su malestar con una expresión que transmite incertidumbre frente al futuro: "¡No me gusta nada! ¿Hacia dónde estamos yendo?".

El silencio de los obispos, que públicamente no se definieron, dejó despejado el camino para distintas interpretaciones.

Entre las más audaces, frente a la posibilidad de que la Iglesia, en una virtual alianza con los sectores fuertes de la oposición, le estuviera pasando una factura al Gobierno por el debate sobre el aborto, algunos detallistas observaron que en la misa del sábado predominaron banderas celestes y blancas y "no se vieron pañuelos verdes". En momentos en que ese símbolo pasó a formar parte del folklore de todas las movilizaciones, no deja de ser llamativa esa ausencia.

Dentro de dos semanas podría empezar a mostrarse un panorama más definido en la relación de la Iglesia con el Gobierno. El lunes 5 de noviembre se pondrá en marcha la última asamblea plenaria del año del Episcopado, que se extenderá hasta el sábado 10. Al margen del análisis de la situación política y social, que comprenderá seguramente la activa agenda judicial, se comenzará a preparar la visita que todos los obispos del país realizarán a Francisco el año próximo, a partir de mayo. Es la visita ad limina que el Vaticano programa cada cinco años para los episcopados de cada país. En el caso argentino coincidirá con el período electoral. Claro que en los tiempos y en la dinámica de la política criolla para ese entonces puede pasar mucha agua bajo el puente.

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