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Los goles de Gigliotti demuestran que Independiente es su lugar y el rojo es su color

Con ocho goles en igual cantidad de partidos, Gigliotti lidera la tabla de artilleros de la Superliga
Con ocho goles en igual cantidad de partidos, Gigliotti lidera la tabla de artilleros de la Superliga Fuente: FotoBAIRES
Rodolfo Chisleanschi
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22 de octubre de 2018  

Cada uno tiene reservado su lugar en el mundo. Puede ser el sitio donde nació u otro cualquiera, puede estar relacionado con la primera actividad que encaró en su vida o con la última, puede encontrarlo a los 20 años, a los 35 o a los 60. Y hasta es posible que nunca logre dar con él. Pero existe. A sus 31 años, Emmanuel Gigliotti parece haber tropezado con el suyo. Al menos en su oficio, el fútbol, y en su trabajo, convertir goles de manera serial. En la vereda roja de Avellaneda, el Puma echó el ancla hace casi dos años entre el recelo general de propios y extraños, y mucho más que el puesto se ganó el reconocimiento y el cariño de la gente.

"Me siento muy feliz en este club", repite una y otra vez en cada entrevista desde hace un tiempo largo. De hecho, en estos días acaba de firmar la prolongación de su contrato hasta 2021 y ni siquiera se ocupa de darle mayor trascendencia al hecho que el club le pusiera una cláusula de rescisión de ¡20 millones de dólares!

Ayer, Independiente volvía a su estadio después de la caída ante River en la Copa Libertadores, del final de un anhelo abrazado por todo el mundo Rojo, y quedaba la duda de cómo sería el reencuentro con los hinchas después de aquella dura derrota en el Monumental, y más allá del esforzado triunfo en Paraná, frente a Patronato, antes de la ventana FIFA.

La tarde gris, el día de la Madre, el horario relativamente temprano y la desazón que todavía no cicatrizó del todo dejaron las tribunas a medio llenar. Los aplausos bajaron apenas tibios cuando se anunció la formación de los equipos y tampoco se escuchó el canto habitual de apoyo al técnico Ariel Holan antes del arranque del partido.

En esas situaciones, no hay mejor manera de romper el hielo y derretir los resquemores que un gol prematuro. ¿Quién sino el Puma, el máximo artillero de la Superliga, iba ser el encargado de marcarlo? El segundero no había dado dos vueltas completas cuando Fernando Gaibor lo encontró en carrera con un pase preciso y precioso entre los centrales de Huracán. Gigliotti remató a la carrera, como venía, de zurda, cruzado, exacto, para superar el achique de Marcos Díaz y ponerle la anteúltima costura a la herida abierta aquella noche de Libertadores frustrada.

Si todavía queda algún punto sin suturar es, justamente, porque buena parte de los simpatizantes del Rey de Copas siguen sin entender por qué el N°9 no fue titular en la visita a Núñez. De hecho, el propio jugador desplegó una sombra de dudas cuando en los días siguientes esbozó una queja al respecto: "Me sorprende ser suplente en algunos partidos", dijo. "Es el jugador que lleva más minutos en el semestre", se apresuró a responder el técnico, con los números en la mano. La duda de una relación averiada sobrevoló el ambiente.

Enseguida, desde ambas aceras, entrenador y jugador se encargaron de purificar el aire pero la realidad indica que existen razones para alimentar cualquier versión. Porque si fue Holan quien rescató al Puma de su forzado exilio chino y le dio la responsabilidad de ser el goleador del Rojo; igual de cierto es que en muchos momentos de estos dos años fue buscándole un relevo. Al principio, Leandro Fernández; más tarde y con más énfasis, Silvio Romero, otra clase de centroatacante por la que el técnico parece sentir cierta preferencia.

"Mi deber es estar siempre a punto y poner el 110 (sic) por ciento en cada momento que me toca jugar, ya sea todo el partido o 20 minutos", subraya el atacante cuando le preguntan por lo que aparenta ser una fe a medias por parte de su técnico. Y después se ocupa de demostrarlo dentro de la cancha.

Contra Huracán, Gigliotti fue una pesadilla para Salcedo y Mancinelli, se tiró a las puntas, pivoteó, buscó con diagonales en todas las direcciones posibles, enseñó una velocidad que no tenía hace algunos meses, y aunque falló un par de ocasiones claras, con un derechazo cruzado en el descuento, después que Huracán se pusiera a tiro en el resultado, aunque nunca en el juego, liquidó el pleito y le agregó dos nuevas muescas a su revólver para alcanzar los 8 tantos en 8 encuentros jugados en la actual Superliga.

"Jugamos un muy buen partido, aunque tendríamos que haberlo cerrado antes", comentó en los vestuarios. Y no se privó de quejarse por algún exceso de toque del equipo: "Cuando hay espacios para aumentar la ventaja y ser más efectivos".

La libertad para expresar el pensamiento sin temor a que pueda caer mal también es un signo de seguridad en sí mismo. Esa confianza que una persona expone cuando descubre que llegó a su lugar en el mundo, o como mínimo en el fútbol. Hasta que se demuestre lo contrario, el de Emmanuel Gigliotti parece tener domicilio en Alsina y Bochini, Avellaneda.

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