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El poder misterioso

Diana Fernández Irusta
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23 de octubre de 2018  

El padre de la escritora norteamericana Ursula K. Le Guin solía leer y releer una cuidada edición del Tao Te King de Lao Tse. La autora -muy chica por aquel entonces- lo veía abrir ese libro encuadernando en tela, volver los enigmáticos caracteres chinos en azul y rojo que relucían en la tapa, detenerse por unos instantes, señalar una página, tomar alguna que otra nota. Un día le preguntó qué era lo que marcaba en esas frecuentes incursiones. Él le contestó que buscaba las palabras que quería que se leyeran el día de su funeral.

Y así ocurrió; algunas de las palabras del antiquísimo texto de sabiduría oriental fueron dichas cuando ese momento llegó. Pero no solo eso: la niñita para quien ese libro se había convertido en un "venerable objeto de misterio" hizo, tiempo después, sus propias lecturas de la obra de Lao Tse, publicó una versión personal de alguna de sus más respetadas traducciones al inglés y dejó que el taoísmo permeara profunda y sensiblemente en prácticamente todos sus escritos.

"Tuve suerte al descubrir a Lao Tse tan joven, porque gracias a eso pude vivir con su libro toda mi vida", comentó hace un tiempo Le Guin, y la frase sigue brillando en Brain Pickings ( https://www.brainpickings.org/), el blog de Maria Popova, periodista búlgara residente en Nueva York. Brain Pickings es una maravilla en sí mismo; un territorio como de cajas chinas, donde un texto de Albert Camus puede reenviar a la obra gráfica de Wendy MacNaughton; ciertas palabras de Séneca, a ciertas observaciones de Alan Watts; los poemas de E. E. Cummings, a alguna entrevista con Janis Joplin; una conferencia científica, a un artículo de Hannah Arendt, y así, y así, y así. Brain Pickings es un delicado y potente refugio humanista en tiempos con alto riesgo de deshumanización. Y en Brain Pickings Ursula K. Le Guin es una presencia que siempre está.

En una de sus entradas más recientes, Maria Popova recuerda la convicción de Le Guin -creadora de vastos universos de ciencia ficción- en la capacidad del arte y la ciencia para enriquecerse mutuamente ("La ciencia describe con precisión desde afuera, la poesía describe con precisión desde adentro, y ambas celebran lo que describen", afirmaba). En el blog se puede escuchar la voz de la astrofísica Janna Levin mientras lee "Hymn to Time", un poema en que Le Guin reflexiona sobre la sustancia inasible de lo temporal. "El tiempo hace espacio/ para ir y regresar/ y en la matriz del tiempo/ comienza lo que termina". Así se la lee y así se va al mouse, inmediatamente, en busca del clic en alguna entrada anterior del blog; el flujo del arroyo desatado, y allí están, otra vez, Le Guin, el misterio, Lao Tse.

"El Tao Te King fue probablemente escrito hace unos dos mil quinientos años, tal vez por un hombre llamado Lao Tse, que pudo haber vivido en el mismo tiempo que Confucio. Nada acerca de esto es seguro, salvo que el libro es chino, y muy antiguo, y le habla a la gente de todas partes como si hubiera sido escrito ayer", aseguraba Le Guin, que reivindicaba la belleza, sencillez y sabiduría de un texto elusivo, poético y discretamente disruptivo. Místico y terrenal, Lao Tse desmitificaba al poder político; feminista y taoísta en versión occidental, Le Guin encontraba nuevas resonancias a los viejos pasajes del libro: "Alumbrar, nutrir/ dar y no poseer/ actuar y no reclamar/ guiar y no gobernar: es el poder misterioso".

El pasado domingo, Ursula K. Le Guin, fallecida el año pasado, hubiera cumplido 89 años. Gracias al blog que una periodista mantiene con fruición amorosa desde Nueva York, pude tener mi pequeña ceremonia de recuerdo para una autora que supo acompañarme como una amiga lejana. Ursula, luminosa y secreta, visionaria de futuros y mensajera de voces antiguas; la misma que alguna vez dijo: "Las palabras son hechos; hacen cosas, cambian cosas; transforman a quien las dice y a quien las escucha".

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