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¿Por qué la selección no jugará en Buenos Aires? Messi influye hasta cuando no está

Fuente: Archivo
Cristian Grosso
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22 de octubre de 2018  • 23:59

Córdoba y Mendoza, la Argentina volverá a jugar en el Interior del país. Dos amistosos con México cerrarán un 2018 en rojo para la selección, después del derrumbe en el Mundial de Rusia. ¿Por qué no se disputará ningún partido en la Capital Federal? La idea es garantizar el mejor marco para los choques del 16 y 20 de noviembre con el Tri, una buena atmósfera y la recaudación más jugosa, por supuesto. En Buenos Aires, la oferta es tan amplia que puede distraer la atención de la audiencia. Para entonces, Boca, River, o ambos, quizás estén en la final de la Libertadores. Pero, ¿acaso las dos últimas actuaciones de la selección en la Capital, ante Perú y Haití, no fueron en una Bombonera colmada? "Sí, pero uno de esos partidos fue por los puntos, con la expectativa de asegurar la clasificación al Mundial, y el otro directamente ocurrió en la antesala de la Copa, cuando siempre hay un clima de fiesta e ilusión. Además, en los dos partidos estuvo Messi. Ahora no habrá nada de eso, y sin Messi es más duro, eh.", le advirtió a LA NACION una fuente ligada con la organización de los dos amistosos.

En las últimas tres décadas el Interior se ocupó de arropar a la selección argentina. Cuarenta partidos jugó en plazas como Rosario, Mar del Plata, Córdoba, Santa Fe, Mendoza, San Juan, Tucumán, Cutral Có, Resistencia y hasta La Plata, una sede muy próxima, pero en definitiva un punto diferente a Buenos Aires. Siempre esas plazas estuvieron llenas. "En el Interior hay más hinchas de la selección. La gente se acerca más cuando la selección va para allá", le confió a LA NACION otra fuente cercana a la AFA. En este período de casi 30 años, la Argentina ganó 29 encuentros, empató ocho y apenas perdió tres. ¿Las derrotas? En 1996, en Mar del Plata, 3-2 en un amistoso con Yugoslavia; en 2009, en Rosario, 3-1 con Brasil por las eliminatorias para Sudáfrica, y en 2016, en Córdoba, 1-0 ante Paraguay, en la ruta clasificatoria a Rusia. Eran días de Edgardo Bauza como entrenador y esa noche el arquero Justo Villar le atajó un penal a Sergio Agüero.

El último paso por el Interior iba a darse tan solo cuatro días después, en San Juan, cuando la selección goleó 3 a 0 a Colombia, con tantos de Messi, Lucas Pratto y Di María. Después, la Argentina regresó a Buenos Aires para jugar una vez en el Monumental (1-0 a Chile) y dos en la Bombonera (0-0 con Perú y 4-0 a Haití). Lo que arroja este repaso es que el equipo albiceleste se ha mostrado muy poco ante su público, apenas tres encuentros en dos años. En esta etapa de transición, con un entrenador interino, sin certezas sobre el futuro ni Messi como llamador, la idea es acudir al sitio que tradicionalmente mejor responde ante la invitación: el Interior.

Estos amistosos con México corresponden a un contrato firmado por la AFA con Adidas, la marca que viste a los seleccionados. Desde el plano de la especulación, en algún momento se intentó instalar la posibilidad de que Messi regresara a la selección a partir de ser la cara de la empresa alemana. Esa opción nunca tomó cuerpo, y directamente la fractura que el sábado pasado sufrió el crack en el radio derecho pulverizó ese rumor. Si Messi decidiera volver a la selección, solo podría ocurrir en la primera 'ventana FIFA' del año próximo, del 18 al 26 de marzo de 2019. Aun concretando el regreso en esa fecha, nunca habrá estado tanto tiempo alejado de la Argentina. El almanaque contaría más de ocho meses desde el mazazo francés del 30 de junio pasado en la Copa del Mundo de Rusia. No hay registros de un impasse tan extenso. Habrían transcurrido 261 días.

Messi se perderá, al menos, seis cotejos. Ya pasaron Guatemala, Colombia, Irak, Brasil, y los dos próximos con la selección mexicana. A diferencia de aquella renuncia tras caer por penales en la final de la Copa América 2016, esta decisión no obedeció a un impulso. Desde el círculo cercano al jugador, cuentan que tomar una determinación al respecto no aparece en sus charlas cotidianas. "No dependerá de la coyuntura del fútbol argentino ni de la elección del próximo DT. Si Leo esperara las condiciones ideales para jugar en la selección, nunca hubiese llegado a 128 partidos", le describieron a LA NACION. "Será una decisión íntima, en función de sus sensaciones, nostalgia, deseo, entusiasmo..., pero exclusivamente pasará por él", agregaron. Por primera vez desde que se vieron en Budapest, en 2005, Messi y la selección están alejados como nunca.

Para rastrillar el paréntesis más prolongado entre el capitán de Barcelona y el equipo albiceleste hay que retroceder más de una década. Desde el 11 de octubre de 2006 y la derrota por 2-1 contra España, en Murcia, al 2 de junio de 2007 y el empate 1-1 ante Suiza, en Basilea, pasaron 232 días. Casi ocho meses en tiempos de Basile. Esta vez la interrupción será mayor, siempre que el rosarino resuelva continuar. Messi abrió un compás de espera sin fecha de vencimiento, y naturalmente aparecieron múltiples derivaciones. El traslado de la selección al Interior es una reacción.

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