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A los 80 años, César Luis Menotti no deja el fútbol: ambos se siguen necesitando

Crédito: Prensa Huracán
Claudio Mauri
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22 de octubre de 2018  • 23:59

Con 80 años cumplidos este lunes 22 de octubre, ni César Luis Menotti está retirado del fútbol ni este puede prescindir de sus reflexiones y observaciones. Se siguen necesitando mutuamente y de esa interacción sale beneficiada una amplia audiencia, sea por la vía de la coincidencia o por la de la confrontación dialéctica. Fieles y detractores tienen un punto de encuentro llegado el momento de: "silencio, habla Menotti". Y después sí se abrirá el espacio para enzarzarse en acaloradas discusiones.

Como un faro elevado, el Flaco nunca deja de ser una referencia, y más en tiempos en los que en el fútbol hay más ruido que voces y la vorágine confunde lo esencial con lo accesorio. Su palabra autorizada discurriría por estas horas triste y combativa sobre la decisión de que Rosario Central y Newell's se enfrenten a puertas cerradas a más de 300 kilómetros, en el estadio de Arsenal. Justo él, que empezó su carrera de futbolista en Central y dio sus primeros pasos como entrenador en Newell's junto al Gitano Juárez, ahora de veterano es un símbolo de un clásico rosarino que era rivalidad sin pretender la aniquilación del otro. "Cuando juegan los equipos de Rosario, me representan. Es un sentido de pertenencia", expresó hace poco, situándose por encima de tanto odio y sinrazón.

Fuente: Archivo

El cigarrillo y la melenita son dos señas de identidad pretéritas, pero lo que permanece incólume es su legado futbolístico, periódicamente actualizado por sus análisis y ponderaciones. El Flaco es un doctrinario del fútbol, un viandante por una vereda histórica y estética que no abandona para cruzarse a la de enfrente.

Por estos días, su prédica se sustancia en artículos de prensa y en una escuela de entrenadores, a cuya inauguración asistieron distintas generaciones de futbolistas y técnicos que se reconocen admiradores de su obra.

Refractario a que se hable de un fútbol menottista ("¡No! , es un disparate. Los que han intercedido en esta historia son otros, no yo"), sí se considera intérprete del estilo de juego técnico y creativo que en nuestro país se incubó en las décadas del 40 y 50, época de grandes demostraciones y títulos en los viejos Sudamericanos de selecciones. Una corriente futbolística que colapsó en el Mundial de 1958, con el lapidario 6-1 que le asestó Checoslovaquia a la Selección argentina .

A la vuelta, ya no hubo unanimidad de que había que seguir abonando las viejas raíces, y fueron brotando otras ramíficaciones: más físicas, más tácticas, más pragmáticas. Eso fue lo que implantó Manuel Giúdice en Independiente, a lo que adhirieron el Racing de José Pizzuti y el Estudiantes de Osvaldo Zubeldía. Todos ellos fueron triunfadores en la década del sesenta, lo que podía ser un mestizaje derivó en dos escuelas. La última evangelización no alcanzó a Menotti, que como entrenador empezaba a abrevar en las enseñanzas del Gitano Juárez, epítome de "la nuestra", y nunca dejaba de escuchar a Adolfo Pedernera, otro custodio del potrero y el amor a la pelota por encima de todo. Los últimos años de jugador de Menotti fueron en el Santos de Pelé , a quien fue a ver en su obra cumbre del Mundial 1970. "Pelé superó todo, como él no hubo ni habrá otro igual. A esa mesa se pueden sentar otros tres reyes: Cruyff, Di Stéfano y Maradona . Y Messi va en camino de ser el quinto", comentó una vez.

Empezaba la década del 70 y Menotti iba a ser el responsable de una vuelta a las fuentes del fútbol argentino: primero con el Huracán campeón de 1973, con partidos que fueron un deleite visual, y luego con el primer título mundial de la Argentina en 1978, años de plomo con la dictadura que presidía Jorge Rafael Videla.

Adscripto a políticas de izquierda, admirador de expresiones culturales que cuestionaban el conservadurismo de la derecha, el éxito de Menotti era funcional a los intereses de los militares de turno. "A mi me eligió el peronismo en 1974. Cuando ocurrió el golpe de Estado, fui a presentar la renuncia, pero el dirigente Alfredo Cantilo, que había sido elegido por los clubes y no por la dictadura, me pidió que me quedara porque lo único serio que había encontrado en la AFA era mi proyecto", se defendió.

Es cierto, tras años de desorganización, Menotti instauró lo de "selección argentina, prioridad N° 1", premisa relativiazda por la actual AFA. Mucho tiempo después, el Flaco admitió que tal vez se equivocó al dejar afuera del Mundial 78 a Maradona, a quien con 16 años había hecho debutar en la Argentina. Maradona no le guarda rencor, lo sigue señalando como su maestro. Irreconciliable con Carlos Bilardo ("No entra en ningún lugar de mi vida"), Menotti sigue teniendo planes a los 80: "El aprendizaje me va a acompañar hasta la muerte".

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