Suscriptor digital

Debemos repensar la agenda del desarrollo

Fabio J. Quetglas
Fabio J. Quetglas PARA LA NACION
(0)
24 de octubre de 2018  • 00:36

Una de las consecuencias de la inestabilidad es la dificultad para ocuparnos de aquellas cuestiones que van a modelar nuestra sociedad futura. Se habla insistentemente que nos debemos una política de desarrollo y damos por descontado que todos nos referimos a lo mismo, también que su despliegue resultará pacífico e incuestionado. Nada más alejado de la realidad.

Sin embargo, la revisión de las múltiples experiencias (y modelos) de desarrollo permiten extraer aprendizajes. Si bien las respuestas no son trasladables de un sitio a otro de manera automática, la construcción del desarrollo no es compatible con ignorar información disponible.

Todas las democracias desarrolladas cuentan con una burocracia pública calificada. No hay excepciones a esta regla. Esto es así, con independencia del volumen del Estado y de la intensidad o no de las intervenciones públicas. Sin Estado de calidad, la dominancia en las relaciones sociales tiende a ser anómala o delictual.

Atento a que la rentabilidad está cada vez más ligada a la capacidad innovativa es evidente que no seremos desarrollados sin ser innovadores. Si por suerte de un día para otro cambiaran favorablemente para Argentina los precios relativos seríamos más ricos; pero solo si podemos producir más y mejores productos, dando respuestas a más necesidades, es como seremos desarrollados.

Desarrollarnos es mucho más que producir más, es hacerlo mejor, integrando más personas, preservando ecosistemas, diversificando mercados. Nuestro modelo educativo aún no se ha ajustado a este contexto. La creatividad, el trabajo en equipo y los nuevos modos de laboriosidad pueden y deben ser estimulados desde la escuela.

Ni nuestra economía ni casi ninguna puede ser innovadora en todos los rubros, por tanto, para ser innovadores debemos planificar. Generalmente, la innovación es un resultado extremo de un "saber hacer" que se domina (no es extraña la perfomance argentina en la cadena de producción de cereales). En el país hay cadenas de valor que si consiguen articularse mejor tienen potencial; para ello deben contar con estímulos específicos a la innovación. La práctica de las "mesas de concertación sectorial" son un buen escenario en este sentido.

El desarrollo no ocurre en el vacío; se requieren condiciones territoriales básicas para empresas y ciudadanos. La infraestructura, la conectividad y la calidad en la prestación de servicios públicos es lo que permite que las oportunidades se desplieguen en toda la geografía.

Las ciudades del desarrollo tienen características muy marcadas, que van desde la calidad del espacio público hasta las condiciones de acceso al hábitat, desde las posibilidades logísticas hasta la generación espacial de posibilidades de negocios. Sin ciudades adecuadas, el desarrollo encuentra una restricción irresoluble.

Hay que sumar a dichas condiciones, la necesidad de una "nueva cultura empresarial". Necesitamos muchas más empresas. La experiencia comparada es clara, a mayor empresarialidad mayor posibilidad de desarrollo.

En la Argentina un sinnúmero de dificultades maniatan la vocación emprendedora; pero fundamentalmente 3 cuestiones son decisivamente limitantes: una regulación laboral que dialoga con categorías de un tiempo económico pasado, una presión fiscal que es el correlato de un modelo de construcción política perverso, y la ausencia de una adecuada observancia sobre el funcionamiento de las cadenas de valor, donde se multiplican los abusos de quienes tienen posiciones dominantes

Sin embargo, hay que señalarlo con rigor, lo que no ha funcionado en casi ningún lugar del mundo son las transferencias incondicionadas de regiones más ricas a regiones más pobres. En general, han sido caldo de cultivo de un clientelismo institucional degradante. La conclusión es que un objetivo de cualquier plan de desarrollo, es el consenso sobre esfuerzos compartidos que debe alcanzarse, y no menos importante la necesidad de pisos de calidad institucional en todos los niveles del Estado como condición del desarrollo.

En una democracia competitiva un programa de desarrollo depende del sostenimiento del mismo por parte de una mayoría social. La construcción de esa mayoría es labor de los actores políticos. No se trata de levantar un compendio de sueños incumplidos, sino de asumir el rol pedagógico que corresponde. Hay muchos actores que quieren darle crédito a un nuevo imaginario que conjugue incentivos adecuados y equidad social.

Para desarrollarnos debemos cambiar el enfoque de nuestras políticas sociales, debemos apostar por un proceso de re-ciudadanización intenso. La exclusión o la segregación por motivos económicos o por déficit culturales debe ser desterrada generando espacios de integración calificados. Hombres y mujeres de nuestro país, cualesquiera sean sus preferencias (dentro de la Ley) deben ser parte de los beneficios sociales del desarrollo.

En el caso argentino, no gestionar adecuadamente nuestro potencial de recursos naturales resultaría un absurdo. Se ha ido instalando la idea de que toda explotación es negativa o riesgosa, y malas intervenciones públicos han legitimado esas pulsiones reactivas.

Necesitamos transformar en valor y en oportunidad social nuestra enorme "cuenca fotosintética", nuestro litoral marítimo, las riquezas de nuestros Andes maravillosos. No se trata de "extraer", se trata de generar conocimiento y actividad económica adecuada. El desarrollo tiene también que ver con la calidad con que se hacen las cosas y no debemos pendular entre la apropiación descuidada, y el prohibicionismo reactivo.

La mayoría de las experiencias de desarrollo han ocurrido en sociedades integradas a procesos transnacionales. Lo que no es sinónimo de una apertura sin sentido. Si solo concebimos el mundo como una amenaza, nuestras posibilidades se reducen. Amenazas y oportunidades se entrelazan. Una política de desarrollo nos obliga a desenredar esa madeja.

La globalización puede estar viviendo un momento de asedio, pero coexistimos con una cultura crecientemente global, el debate político es global, la información y las relaciones humanas van integrando a las sociedades por diversas que sean. Ese es el escenario del desarrollo.

Hasta hace poco tiempo se creía que los "grandes negocios" se orientaban a una concentración inevitable. Pero cada día hay más evidencia que si las micro y pequeñas empresas pueden usar la información de un modo inteligente, sus capacidades adaptativas y la hiper- segmentación del mercado, dan cuenta de un nuevo tiempo en favor de la multiplicidad de respuestas económicas. Las sociedades desarrolladas son las que organizan un ecosistema económico-social más rico que puede dar mejores respuestas a situaciones cada vez más específicas. Se trata de una de las paradojas del "big data"

Estos puntos de ninguna manera agotan esta agenda; pero remarcan que es imprescindible movilizarnos con energía y con vocación transformadora. La política no consiste solo en gestionar sino también en crear horizontes para que los esfuerzos de gestión cobren sentido.

Diputado nacional por la provincia de Buenos Aires (UCR-Cambiemos)

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?