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La evolución del cultivo y producción de maíz en la Argentina

Orlando J. Ferreres
Orlando J. Ferreres PARA LA NACION
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23 de octubre de 2018  • 23:11

Zea mays, el maíz, es una gramínea "originada y domesticada" por los pueblos indígenas del centro de México hace unos 10.000 años de antigüedad. Fue introducida en Europa después de la conquista de América, en el siglo XVII. Los indios tainos del Caribe llamaban a esta gramínea con el nombre de mahís que significa "lo que sustenta la vida", según la definición que puede encontrarse en Internet. Es el cereal de mayor volumen de producción del mundo y supera al trigo y al arroz, según su nivel anual de producción. Actualmente, su desarrollo adquirió nuevas formas incluso con el maíz transgénico, a pesar de los riesgos que puede tener este tipo de cultivo, pero que han aumentado mucho su producción a nivel mundial y ha sido una salida para muchos casos de necesidad en gran parte de las regiones más pobres del planeta.

En la Argentina se produce desde antes de haber declarado el fin del dominio español en 1810 y luego de la independencia de 1816. Para entender la diferentes semillas de maíz se usa comúnmente la clasificación de E. Lewis Sturtevant según su libro "Varieties of corn" (Variedades de maíz) de 1899. En 1950 se efectuó una clasificación de Walter Kugler y colaboradores sobre las diferentes variedades de maíz en Argentina y en 1977 y 1978 se realizó el trabajo de Lucio Solari y técnicos del INTA, que efectuaron un estudio completo de las diferentes variedades de maíz en nuestro país. Se llegó a la conclusión, después de estos trabajos, de que tenemos 43 razas de maíz, con más de 1900 clasificaciones de todo tipo. Toda esa investigación sobre las semillas de maíz está guardada en el Banco de Germoplasma de la Estación Experimental Agropecuaria del INTA de Pergamino.

La producción de maíz ha avanzado mucho en los últimos 20 años, sobre todo con las nuevas variedades. Hay muchos tipos de producción de este grano, por ejemplo el maíz tierno o choclo, el maíz standard, innumerables clases de maíz en sus formas más variadas, incluso de diferentes colores, como rojo, amarillo, verde y tantos otros. Se utiliza para el consumo humano, como la polenta, la humita, diferentes sopas, tamales, también para remedios y para el consumo animal.

Esta es la siembra y producción de maíz en nuestro país:

Crédito: Orlando Ferreres

Se puede apreciar que la siembra era muy pequeña en el primer período en que fue registrada a nivel nacional en el año 1872, período en que se sembraron 13.040 hectáreas aunque no sabemos a cuánto llegó la producción de ese año, porque no se cuentan con las estadísticas a nivel nacional al respecto.

En la década de 2000, la siembra fue de alrededor de 3.500.000 hectáreas y la producción fue cercana a los 20 millones de toneladas. Con el desarrollo del glifosato, que permite eliminar la mayoría de las malezas que pueden afectar al maíz se produjo también un desarrollo muy elevado de la producción de este cultivo. El maíz transgénico se acentuó en su producción en los últimos tiempos, en lo que influyó fundamentalmente el proceso de siembra directa, es decir, el de cultivar la tierra sin ararla.

La producción de maíz creció drásticamente a partir de 2010 y, por ejemplo, en el año 2017 aumentó de 5.800.000 hectáreas con una producción de 49,5 millones de toneladas. Esa misma producción de 49,5 millones de toneladas de 2017 significó, al mismo tiempo, un enorme aumento de 118 % superior que la producción de maíz de 2010. Sin embargo, en este año la producción de maíz fue afectada por la gran sequía de este período y, si bien se sembraron 6.400.000 hectáreas, la producción sólo llegó a 38 millones toneladas, con una caída de 23% sobre el año anterior, lo que significa una baja muy importante de la producción.

Para 2019, bajo el supuesto que de que haya un clima benigno y con lluvias normales, se estima una mejora apreciable de la siembra de maíz que podría llegar a 6.600.000 de hectáreas, con una producción de alrededor de 43 millones toneladas, es decir, que se espera un aumento de 13 % sobre el año anterior. Esto, unido a las demás producciones de la cosecha gruesa, como soja, girasol y sorgo granífero, va a representar un fuerte incremento de la cosecha gruesa. Para la Nación en su conjunto este aumento de la cosecha gruesa significa un 2,1 % de incremento sobre el PIB general del país, lo que es algo que ni el Gobierno se anima a pronosticar en este momento.

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