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Por qué el asesinato del periodista saudita afecta a Djokovic, Nadal y a la FIFA

Rafa Nadal y Novak Djokovic
Rafa Nadal y Novak Djokovic Fuente: AFP
Sebastián Fest
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24 de octubre de 2018  • 10:11

Mientras el mundo asiste atónito al desarrollo de una historia propia de la Edad Media, el asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi, el escándalo comienza a poner en problemas a los poderosos del deporte. La presión sobre los tenistas Novak Djokovic y Rafael Nadal es creciente, en tanto que el thriller político amenaza con desarmar aspectos clave de la estrategia del presidente de la FIFA, Gianni Infantino

¿Cómo es posible que el descuartizamiento de un periodista en un consulado saudita en Estambul afecte al tenis o al fútbol? Muy sencillo: el deporte es una de las cartas ganadoras del príncipe heredero Mohammed ben Salman, que hasta que se supo del asesinato de Khashoggi era el poder real en el reino del desierto, más allá de que el rey Salman bin Abdulaziz, de 82 años, sigue vivo y activo. El príncipe Mohammed, conocido como MBS, creó un Fondo de Desarrollo Deportivo para la "construcción de nuevas instalaciones, apoyo a la privatización de clubes deportivos y esfuerzos para atraer y promover eventos deportivos internacionales". Esos eventos incluyen una exhibición el 22 de diciembre en Yeddah entre Djokovic y Nadal, el arranque de la temporada de la Fórmula E y la visita de Cristiano Ronaldo en enero para jugar con la Juventus por la Supercopa de Italia frente al Milan, además de veladas de lucha y boxeo.

Así, el tenista serbio y el español están en problemas. "¡Gracias por la invitación, esperando la primera visita y jugar ahí por primera vez!, twitteó Nadal. Djokovic escribió algo similar: "Esperando jugar allí y visitar ese hermoso país. Muchas gracias por la invitación, ¡nos vemos pronto, muchachos!".

Uno de los problemas de los efusivos tweets fue que se publicaron un día después de que se conociera el asesinato de Khashoggi. Cierto es que en las primeras horas no estaba del todo claro lo sucedido, pero dos semanas después ya nadie puede hacerse el distraído. "Fue asesinado de forma brutal", dijo ayer el presidente de Turquía, Recep Tayipp Erdogan, que tenía una buena relación con el periodista asesinado. Drogado y descuartizado en siete minutos por un grupo de agentes del reino y un forense que comandó el asesinato, Khashoggi es ahora eje de un reclamo mundial. La canciller alemana, Angela Merkel, decidió dejar de venderle armas a Riad, y reclama que el resto de la Unión Europea (UE) tome la misma decisión. Y el deporte, eficiente vehículo de soft power, también está en la mira.

"Djokovic y Nadal podrían preferir embolsarse sus (sin dudas generosos) cheques por jugar y evitarse el lío político, pero podrían también utilizar esa plataforma para el bien", les reclamó recientemente un columnista de la revista estadounidense Sports Illustrated. "Podrían cancelar la exhibición, tal como lo hicieron recientemente muchas compañías y ejecutivos al renunciar a una conferencia de negocios en respuesta al asesinato de Khashoggi". Allan Hogarth, de Amnistía internacional (AI), les pidió a ambos que, si van a Yeddah, aprovechen para reclamar por los derechos humanos en el país.

Tanto el español como el serbio optaron por el silencio hasta ahora. Era esperable: la apertura del mercado saudita es importante para ambos, y la política es un asunto del que huyen, salvo cuando se trata de temas que afectan a sus respectivos países. El que no podrá quedarse callado mucho más tiempo es Infantino, jefe del fútbol mundial. instalar a Arabia Saudita como sede de un futuro y reformado Mundial de Clubes es clave para él, y el escándalo, que podría determinar un cambio político serio en el reino del desierto, lo complica seriamente, al tiempo que fortalece al presidente de la UEFA, Aleksandr Ceferin, opuesto desde el inicio al nuevo formato y al dinero saudita. El tema está en agenda en el Consejo de la FIFA que se reunirá este viernes en Ruanda. Allí estará Claudio "Chiqui" Tapia, presidente de una AFA que tiene autoridad para opinar: no en vano la selección acaba de jugar dos partidos en el país que superó cualquier fantasía truculenta de un guionista de "House of Cards".

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