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Cachiporras, esposas y gas pimienta: los brutales campos de reeducación de islámicos en China

Islámicos en oración en una mezquita de Hotan, en la región autónoma uigur de Xinjiang
Islámicos en oración en una mezquita de Hotan, en la región autónoma uigur de Xinjiang Fuente: AFP
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24 de octubre de 2018  • 10:02

PEKÍN.- En las imágenes que se ven en la televisión local, los "centros de formación" para islámicos en China tiene aires de escuela, con clases de mandarín, deporte y danza. Pero el listado de insumos adquiridos por esos centros -una información pública que está disponible en la red- aparecen productos como cachiporras, esposas y aerosoles de gas pimienta, y el número de un solo centro llama la atención 2768 cachiporras, 1367 esposas y 2792 pulverizadores de gas pimienta.

La lista figura entre los miles de pedidos realizados en Xinjiang, en el noroeste del país, por las autoridades locales encargadas desde hace dos años de poner en marcha una red de "centros de formación profesional" en respuesta al aumento del islamismo y del separatismo en esta región de mayoría musulmana a 2000 kilómetros de Pekín.

Ante la presión internacional, luego de varios meses de desmentir la existencia de estos campo s, el gobernador de Xinjiang, Sohrat Zakir, dijo la semana pasada que su gobierno estaba salvando a las etnias de los uigures y los kazajos de la tentación de la violencia religiosa. Los internos firman "acuerdos de educación", precisó el gobernador, para recibir un "entrenamiento intensivo" y se someten a un sistema de estudio.

Pero según activistas en el exilio, se trata de campos de reeducación política en los que permanecen o estuvieron un millón de uigures o miembros de otras etnias musulmanas.

Una investigación de la agencia AFP a partir de más de 1500 documentos públicos consultables en la red (licitaciones, presupuestos, informes de trabajo) revela que estos centros se gestionan más como una cárcel que como una escuela.

Sus miles de guardias están equipados con gases lacrimógenos, garrotes y pistolas de descargas eléctricas, y los establecimientos están rodeados de alambrados y cámaras infrarrojas, según estos documentos.

Los centros deben "enseñar como colegios, ser gestionados como en el ejército y defendidos como cárceles", resume uno de los documentos oficiales, que cita al jefe del Partido Comunista Chino (PCC) en Xinjiang, Chen Quanguo.

Otro texto justifica la necesidad de medidas extraordinarias para acabar con el terrorismo. Para crear ciudadanos mejores los centros deben permitir "cortar la renovación de las generaciones (de terroristas), sus raíces, sus contactos, sus recursos".

El centro presentado la semana pasada en la cadena pública CCTV es uno de los 181 establecimientos de este tipo asentados en Xinjiang a partir de 2014, según la investigación de la AFP.

El ingreso es opcional, según la televisión, que mostró a estudiantes aparentemente contentos mientras estudiaban chino y oficios relacionados con el sector textil o de la alimentación.

Los centros se han generalizado desde el año pasado, después de que el gobierno regional llamara a desenmascarar a los extremistas. Se difundió una lista de 25 comportamientos religiosos sospechosos y 75 señales de extremismo, como dejar de fumar o comprar una carpa "sin motivo válido".

Las detenciones estallaron y en la primavera de 2017 y los gobiernos locales empezaron a multiplicar las licitaciones para construir nuevas instalaciones.

Entre los pedidos figuran literas, aire acondicionado, vajilla, cámaras de vigilancia, equipos de escuchas telefónicas, uniformes de policía, cascos y escudos antidisturbios, granadas lacrimógenas, cachiporras eléctricas y garrotes con puntas, apodados "dientes de lobo".

Al menos un centro encargó una "silla tigre", somo se les llama a unos pupitres que permiten atar de pies y manos a los sospechosos.

Las imágenes difundidas la semana pasada por la televisión china sobre los centros de reeducación para islámicos
Las imágenes difundidas la semana pasada por la televisión china sobre los centros de reeducación para islámicos Crédito: Imagen de CCTV

Directivos del Partido Comunista de Urumqi, la capital regional, reclamaron urgentemente pistolas de descargas eléctricas para estos centros con el fin -dicen- de "garantizar la seguridad del personal". Aclararon que ese tipo de pistolas permite "reducir el riesgo de accidentes cuando no es necesario recurrir a las armas de fuego", añaden.

Las autoridades locales no reaccionaron a estas informaciones pero el ministerio de Relaciones Exteriores chino respondió a la AFP.

"¿La situación que usted describe se corresponde con la realidad? Lo dudo mucho", declaró su vocero Hua Chunying en rueda de prensa.

Según una directiva de finales de 2017, los estudiantes tendrán que someterse regularmente a pruebas de idioma chino y de política, y redactar autocríticas. La "reeducación" incluye pasar el día "gritando eslóganes, cantando cánticos revolucionarios y memorizando el Clásico de los Tres Caracteres", un texto de enseñanza confuciano, según esta directiva, que menciona el totalitarismo de la época maoísta (1949-1976).

Los islámicos que han cometido delitos y ya purgaron su pena, no quedan en libertad sino que son internados directamente en uno de estos centros. Los que tienen buen comportamiento pueden llamar a sus seres queridos e incluso recibirlos en salas previstas para ello, estipula el texto.

Algunos funcionarios recibieron la orden de visitar regularmente también a las familias de los "estudiantes en prácticas" para propagar una educación "antiextremista" y detectar posibles señales de ira antes de que se transformen en opositores al PCC.

Las oficinas abiertas a finales de 2017 para centralizar la gestión de los centros garantizan "una seguridad absoluta" en los establecimientos para prevenir las "fugas", escribe uno de estos locales en una descripción de sus tareas.

Además de este dispositivo de "formación profesional", un número indeterminado de personas debe asistir a clase en centros educativos en los que se les autoriza a volver a casa por la noche.

Según órdenes transmitidas a las autoridades locales, al menos una persona de cada hogar debe seguir una formación profesional durante un mínimo de tres meses, como parte de un programa de lucha contra la pobreza en esta región de 24 millones de habitantes.

China desmintió que haya un millón de personas internadas. Las licitaciones consultadas por la AFP muestran cifras considerables. Al comienzo del año, en el lapso de un mes, la oficina encargada de la "formación profesional" en el condado de Hotan encargó al menos 194.000 manuales de chino y 11.310 pares de zapatos.

Agencia AFP

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