Cuatro días al año usa su empresa de chacinados para ayudar a 19.500 niños

Liliana Cagnoli con su padre, Hugo, en una de las donaciones
Liliana Cagnoli con su padre, Hugo, en una de las donaciones Crédito: Cagnoli
Mariana Reinke
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25 de octubre de 2018  • 08:33

A lo lejos, en el horizonte se vislumbraban las sierras. Unos pocos kilómetros quedaban para llegar a Tandil. Luego de una movida noche en la comida a beneficio de la Red de Bancos de Alimentos en Buenos Aires, Liliana Cagnoli estaba cansada, pero feliz. Y un llamado en su celular la hizo estallar en un grito. "¡Vamos, ahora sí!", exclamó. La noticia más esperada y anhelada por ella y muchos más tenía un gran final: la ley Donal, para la donación de alimentos, se había aprobado en el Congreso de la Nación.

En ese instante, dos cosas le vinieron a la mente. Por un lado, alegría por la gente que necesita los alimentos que para las empresas dejaron de tener un valor comercial y, por el otro, el desafío del trabajo por delante para poder canalizar todas esas donaciones.

Liliana es la única mujer que forma parte, junto a sus primos, de la tercera generación de la empresa de chacinados de Tandil que creó su abuelo italiano Pedro Artemio Cagnoli. Nació y creció con los valores de solidaridad. La firma, vinculada con el Banco de Alimentos de Tandil (BAT), dedica cuatro días al año a producir solo carne picada para abastecer a la Red de Bancos de Alimentos.

En este contexto, la nueva ley 25.989 (un régimen especial para la donación de alimentos) es considerada un avance clave. Permite deslindar de responsabilidad a las empresas que donen, de los daños y perjuicios que pudieren acarrear, y traslada la responsabilidad a los Bancos de Alimentos, cuando no hubiese vicios ocultos y respetando los controles bromatológicos.

Cagnoli junto a la gente que trabaja en el Banco de Alimentos de Tandil
Cagnoli junto a la gente que trabaja en el Banco de Alimentos de Tandil

"El compromiso solidario está en el ADN Cagnoli, porque eso fue lo que trajo nuestro abuelo de la Lombardía", dijo esta empresaria en diálogo con LA NACION.

La historia de solidaridad de la empresa comenzó en 2002. En plena crisis económica y social del país, cuando ella todavía estaba en la universidad, la gente empezó a agolparse en supermercados y fábricas en busca de ayuda concreta. La empresa de su familia no quiso permanecer ajena a eso.

"En plena crisis, cuando yo estudiaba psicología social en Buenos Aires, miles de personas empezaron a tocar el timbre de la fábrica en busca de alimentos, y mi familia no quiso mantenerse al margen de la situación que atravesaba el país y decidió comprometerse", recordó.

A partir de ese momento, ella y sus primos Cagnoli decidieron hacer una alianza con el Banco de Alimentos de Tandil. Así, la empresa de fiambres y chacinados canalizó las donaciones con la asociación sin fines de lucro que recién comenzaba a aparecer en esa ciudad.

Una vez que finalizó sus estudios, Liliana decidió volver a su Tandil natal porque sentía que "algo más debía hacer", no solo cubrir las expectativas de la empresa familiar, sino satisfacer las propias que tenían que ver con su costado solidario para con el prójimo.

"Siempre digo que desarrollé la parte femenina de la empresa y le aporté la parte humana transmitida de mis ancestros. Busqué visualizar la necesidad de la gente y empecé a trabajar dentro del Banco de Alimentos más de lleno", señaló.

Liliana Cagnoli, cuarta desde la izquierda, en otra de las movidas solidarias
Liliana Cagnoli, cuarta desde la izquierda, en otra de las movidas solidarias

Las gestiones por conseguir más alimentos crecían, a la par de que se incrementaban las personas que acudían a los comedores comunitarios. Una idea extraordinaria iba a sumarse para quedarse instalada en el corazón de la fábrica. Producir carne picada cuatro días al año para donar.

Son cuatro mañanas al año en que las instalaciones dejan por un rato los fiambres, se visten de solidaridad y dedican esas horas a producir carne picada para todos los bancos de alimentos de la Red. Lo hacen a partir de la donación de animales en pie en la zona. "Son mañanas distintas, destinadas pura y exclusivamente para la gente", afirmó.

Para Cagnoli esos días son una bendición. Son el único banco de alimentos que tiene un proceso de carne picada que empieza con la donación de un animal en pie, después pasa al matadero para llegar a la planta. En la fábrica, el personal se encarga de picar la carne, conservando la seguridad higiénica e inocuidad.

Liliana no tiene horarios, dispuesta a dar respuestas en lo inmediato. Para ella, estas asociaciones "perciben dónde está la necesidad y los alimentos llegan donde tienen que llegar". Sólo en su banco dan de comer a 19.500 niños y reparten por mes 35.000 kilos de alimentos.

En el Instituto Argentino de Responsabilidad Social Empresaria (Iarse) se habla de la triple "C": se dona por convicción, por coerción o por conveniencia. Pero poco importan los motivos. "En el país se tiran millones de kilos de alimentos, debemos recuperar la mayor parte de ellos para dar de comer a mucha gente que hoy lo necesita", concluyó Liliana.

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