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Esteban Ramírez: "La salmonicultura también es una oportunidad para la Argentina"

El gerente general del Instituto Tecnológico del Salmón de Chile habla sobre la industria, que tiene poco más de cuarenta años en el mundo y se perfila en crecimiento
Nieves Guerrero Lozano
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25 de octubre de 2018  

La salmonicultura es una joven industria que ofrece productos cada vez más requeridos por sus eficaces proteínas, en tanto salvaguarda la biodiversidad al minimizar la pesca tradicional. Alineada con los objetivos trazados por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), se encamina a satisfacer la demanda de una población en crecimiento, preservando el ambiente natural. Chile ostenta la mayor producción en el continente, con peces "cuidadosamente alimentados" a base de vegetales básicamente importados de la Argentina, país que podría sumarse a esta actividad. Esteban Ramírez, gerente General del Instituto Tecnológico del Salmón de Chile (Intesal), expuso en el Consejo Latinoamericano de Proteína Animal, reunido este mes en Buenos Aires, sobre el desarrollo de esta industria prometedora. En diálogo con la nacion, el especialista ahondó en cómo se proyecta y perfecciona una actividad que se distingue además por su impacto económico y fuente de empleo.

P-El hecho de que el salmón sea una especie introducida en el hemisferio sur, abre algunos interrogantes sobre su impacto en el ecosistema regional. ¿Qué opina?

R-A veces se dicen cosas por desconocimiento, que no tienen nada que ver ni con el producto ni con su producción. El salmón chileno es absolutamente seguro; está diseñado para la exportación y regulado según los estándares de inocuidad alimentaria más estrictos del mundo; por lo tanto, como alimento es del más alto nivel; es un producto premium que antes de ser exportado es sometido a 180 mil análisis clínicos. El último informe de 2016 revela que no hubo ningún rechazo en la producción y tampoco en los destinos, donde también se realizan controles. Además de las comprobaciones e inspecciones que obviamente hacen nuestras autoridades sanitarias sobre el consumo interno.

P-¿La alimentación del salmón es entonces un punto clave?

R-Lo es, porque tampoco afecta el ambiente marino, ya que no se alimenta de otros peces, sino que el 80 por ciento de su dieta es de vegetales, en gran parte de origen argentino, que es nuestro mayor proveedor de trigo, habas y soja; en 2017 superamos los 34 millones de dólares en importación de la Argentina, y este año ya estamos en los 21.900.000. Estos productos se utilizan, entre otros, para la alimentación del salmón, el cual también se alimenta con apenas un 20 por ciento de harina o aceite de pescado.

P-¿Qué efectos tiene el uso de medicamentos para el control de agentes patógenos en las salmoneras?

R-Tenemos que luchar con la presencia de una bacteria supercompleja, la Septicemia rickettsial salmonídea (SRS) por lo cual empleamos antibióticos, mientras desde Intesal estamos encaminados en la búsqueda de una vacuna, que sería la solución final. Este es un tema sobre el que se trabaja mucho y hemos logrado tener baja mortalidad. La estadística del estado chileno, tomando el último período productivo 2015-17, revela que pudimos reducir en un 20 por ciento el uso de antibióticos. Otro tema es el piojo de mar, un parásito que, para liberarlo, se trata con distintos fármacos. Todo esto no afecta la calidad del salmón; no ocasiona problemas a los consumidores ni riesgo ambiental. No obstante, seguimos abocados a ir disminuyendo estas medicaciones; pero insisto, no porque se relacione con el consumo, porque además, existe la prohibición de vender un salmón hasta que se haya terminado en su organismo el proceso del antibiótico.

P-¿Cómo se controla la sanidad de todo el sistema en una industria que se perfila en expansión?

R-En Chile hay unas 17 empresas dedicadas a la salmonicultura, con 1230 concesiones para desarrollar la actividad, pero no todos los espacios se usan a la vez, justamente para preservar el equilibrio y la sanidad ambiental. Activos por año hay unos cuatrocientos centros, cada uno de los cuales tienen alrededor de veinte jaulas distribuidas por el sur del país, en fiordos y canales interiores. El tiempo de cultivo en el mar es de 18 meses, más un período de descanso, proceso que lleva en total unos dos años y, cuando los peces están próximos a ser cosechados, el Estado estudia el fondo para establecer si está anóxico o no y, en caso de no encontrarlo sano, el productor debe esperar los ciclos productivos necesarios, hasta que nuevos estudios indiquen que está recuperado, para reiniciar su actividad.

P-¿Cuántas ramas sectoriales involucra esta industria?

R-Abarca plantas de cosechamiento, procesamiento, distribuidores, además de productores de alimentos, fabricantes especializados en productos de tipo nutricional y farmacéutico, y del sector informático, porque en su desarrollo se aplica mucha tecnología y servicios técnicos; por ejemplo, relacionados con buceo, limpieza de redes, monitoreos y con conexiones satelitales para los centros. Es una industria superdesarrollada en la que participan empresas locales y otras de la Argentina, Noruega y Japón. En total involucra más de 60 mil puestos de trabajo, entre 20 mil directos y 40 mil indirectos que se generan alrededor de la industria. Nuestros principales clientes son los Estados Unidos, Japón y Brasil, y algunos mercados emergentes como China y Rusia. En 2017 exportamos 522.871 toneladas con ventas por encima de los US$4600 millones.

P-¿Cómo analiza la probabilidad de que prospere esta industria en la Argentina?

R-Estoy enterado de que existe esa posibilidad, que de concretarse sería algo positivo, y nosotros como técnicos estaríamos encantados de poder aportarles nuestra experiencia. Entendemos que el futuro de esta industria es una oportunidad no solo para Chile, donde ha tenido un gran impacto, sino también para la Argentina y otros países como Perú, que ha comenzado a delinear su propio proyecto. Hay que tener en cuenta que la FAO ha señalado que para el 2030, por el aumento de la población mundial, será necesario contar con 37 millones de toneladas adicionales de productos del mar, sobre los 48 millones existentes. En esto es fundamental el rol de la acuicultura gestionada; que crezca de manera orgánica y regulada, para asegurar la sustentabilidad y evitar la pesca extractiva. Además, el producto como tal aporta una proteína sana, no solo en su conversión y porción comestible, sino también en la medición de huella de carbono y retención de energía, por lo cual su demanda es una constante a nivel mundial.

P-¿En esa proyección de futuro, cuáles son las líneas de trabajo dentro de Intesal?

R-Estamos enfocados en ser el brazo técnico del salmón; somos una unidad pequeña destinada a detectar problemáticas de la industria, en cómo estructurar oferta y demanda; en la aplicación de tecnología, ciencia e investigación; en preparar proyectos en conjunto con academias, empresas y otros actores; en articular fondos y transferencia de know how e información, para que el país vaya moviéndose cada vez más a una cultura sustentable. Ese es el corazón de lo que hacemos. También proveemos servicios de redes informativas; informes públicos de sustentabilidad industrial; mapas de áreas nocivas; asesoría sobre salud, inocuidad y medio ambiente, desde un punto de vista técnico.

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