Presupuesto: pese a la tensión, el oficialismo confía en que contará con los votos

Nicolás Massot, en la sesión
Nicolás Massot, en la sesión Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio
Laura Serra
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24 de octubre de 2018  • 20:24

En un debate tenso, con pasajes que por momentos reeditaron aquella convulsionada sesión de diciembre pasado en la que se discutió la reforma previsional, el oficialismo intentará esta madrugada darle media sanción al presupuesto 2019. Una iniciativa cuyo objetivo medular, acordado con el Fondo Monetario Internacional (FMI), es alcanzar el déficit cero el año próximo, para lo cual se aplicará un fuerte ajuste del gasto público y aumentos en una serie de impuestos.

"El camino es duro, pero sabemos que el verdadero cambio histórico en la Argentina va a ser si la gente no castiga al Gobierno por pagar los platos de la fiesta populista", asestó el presidente de la Comisión de Presupuesto, Luciano Laspina, en el arranque de la sesión, lo que desató una ola de abucheos del kirchnerismo. "Donde estamos es en medio de una fiesta populista financiera, y esto lo vamos a pagar en algún momento", retrucó Marco Lavagna (Frente Renovador). "El gobierno de Macri fracasó como seguramente lo hará este presupuesto -azuzó Diego Bossio (Argentina Federal)-. Argentina tiene que tener otra salida, que es la de crecimiento".

Pese a las críticas, el oficialismo confía en que contará con los votos suficientes gracias al aporte de los diputados que responden a los gobernadores justicialistas que firmaron, junto al Gobierno, la adenda al Consenso Fiscal. De hecho, gracias al aporte de 20 diputados de este sector, Cambiemos pudo alcanzar el quorum y arrancar la sesión. Su contribución no es altruista: la adenda -que se votará junto al proyecto de presupuesto- dispone una serie de modificaciones tributarias que le permitirá a las provincias engrosar sus recaudaciones y afrontar el ajuste que se viene.

La reforma tributaria más importante, que también se votará en esta sesión, es la suba en el impuesto a los bienes personales, con las que el Gobierno espera recaudar unos $30.000 millones. Con estos fondos el oficialismo busca complacer los distintos reclamos que le elevó el peronismo no kirchnerista a cambio de sus votos a favor del presupuesto. Uno de esos reclamos, concedido por el Gobierno, fue la creación de un fondo para compensar la quita de los subsidios nacionales al transporte de las provincias y municipios.

La suba del impuesto a los bienes personales no incluiría al campo: ante los fuertes reclamos del sector, el oficialismo anticipó que modificará el dictamen en el recinto; la idea que se baraja es que el tributo quede a cuenta del impuesto a las ganancias.

El debate tuvo puntos de alta tensión. El presidente de la Cámara de Diputados Emilio Monzó tuvo que interrumpir la sesión y convocar a cuarto intermedio cuando, en medio del recinto, diputados oficialistas y opositores se trenzaron en una trifulca que casi llegó a los golpes de puño. Mientras tanto afuera, en las calles, manifestantes y fuerzas de seguridad se enfrentaban con balas de goma y piedras. "¡No vamos a sesionar hasta que no finalice la represión en las calles!", exclamó el jefe de diputados del Frente para la Victoria, Agustín Rossi. El oficialismo no estaba dispuesto a darle el gusto: a fin de garantizar la continuidad de la sesión convocó al secretario de Seguridad de la ciudad, Marcelo D'Alessandro, que se comprometió a preservar la tranquilidad.

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