La lección de Barcelona para la selección: hay vida más allá de Messi

Messi junto a su hijo en la tribuna del Camp Nou
Messi junto a su hijo en la tribuna del Camp Nou Fuente: AFP
Cristian Grosso
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24 de octubre de 2018  • 23:59

Esta vez no fue Lionel Messi , fue Barcelona . Hay vida más allá del crack, una idea afirmada y el compromiso colectivo lo confirman. Vaya un pequeño ejercicio. ¿Cómo absorbió la selección argentina la ausencia del crack durante el último año? Sin él, le ganó a Italia, Guatemala e Irak, empató con Colombia y perdió ante Nigeria, España y Brasil. No puede disimular su dependencia, y la conclusión es la misma si el rastrillaje retrocede en el tiempo. ¿Y cómo resolvió Barcelona no contar con su estrella, por ejemplo, en la Liga de Campeones? Ganó 21 de los 27 partidos que jugó desde el debut del rosarino en el torneo, cosechó el 80% de los puntos, con apenas dos empates y cuatro caídas. Demoledor. El estilo es el refugio, los hábitos son los custodios de la partitura. La mejor manera de reemplazarlo a Messi es entre todos, convencidos de un plan.

No necesitó ser filarmónica la versión de Barcelona sin Messi para de todos modos mostrarse agresivo y dominante el conjunto de Valverde. Con un rostro naturalmente menos poético, pero igualmente eficaz. Capaz de controlar a Inter, el otro equipo que había ganado los dos partidos previos del Grupo B de la Champions League, y advertirle a Real Madrid antes del clásico del próximo domingo que cuenta con los recursos suficientes para no sentirse huérfano sin su capitán. Esa sensación que la selección casi nunca puede espantar.

El Barcelona ganó sin Messi
El Barcelona ganó sin Messi Fuente: LA NACION - Crédito: DPA

El Barça mueve el balón con mucha velocidad, te presiona arriba, sabe muy bien lo que quiere hacer y si hubiera estado Messi aún habría sido mucho peor, sin él ya nos han creado bastantes problemas
Luciano Spalletti, DT de Inter

El Barcelona de todos le regaló al mejor solista un partido sin sobresaltos. Messi, junto con Thiago, el mayor de sus herederos, disfrutó desde la platea. El brazo derecho recogido, claro, con un cabestrillo para protegerlo de la fractura en el radio que sufrió el sábado pasado ante Sevilla. Eso sí, la atención no estuvo solamente en el terreno del Camp Nou, sino que las cámaras no se perdieron detalles de padre e hijo. Las charlas, las caricias, los festejos compartidos. Las imágenes viajaron mil veces entre ellos y el campo de juego.

Quién debía reemplazar a Messi fue un lógico debate en Barcelona. ¿Malcom, Vidal, Dembélé.? Valderde eligió a Rafinha. Rakitic había adelantado que la baja del rosarino "debe ser una oportunidad para otros". Y Rafinha la aprovechó. Él inicio la maniobra, abrió a la derecha para Suárez como puntero, el uruguayo lanzó un centro cortado para el desmarque del mismo Rafinha, que de zurda definió a lo Messi. El hispano-brasileño, transferible durante el mercado, abrió el triunfo ante Inter, el club donde jugó la temporada pasada y donde esperaba seguir.

La determinación de Suárez, líder anímico y socio de todos para conectar cada avance; las pinceladas de Coutinho, el manejo de Arthur, la dinámica de Rafinha, la pausa de Rakitic y las habituales trepadas de los laterales Sergi Roberto y Jordi Alba. Barcelona no dudó, no se lamentó por el ausente ilustre. Comprendió que nadie podía jugar de Messi, nadie debía cargar con una misión destinada al fracaso. La tibieza del conjunto italiano, pese al impulso emocional que había conseguido días atrás al ganar el derby de la Madonnina, se encargó del resto. Icardi, en su vuelta al Barcelona que lo crió, fue un llanero solitario, abandonado a la desdicha. Los otros diez compañeros asumieron misiones defensivas, incluso Perisic y Borja Valero.

Barcelona no pierde en su casa desde 2013 por la Liga de Campeones. Y no se iba a romper el cristal esta vez. El DT italiano Luciano Spalletti le agregó atrevimiento en cuentagotas a su equipo durante la segunda etapa, cuando entraron los delanteros que se había reservado (Politano, Lautaro Martínez y Keita Balde), pero nada distrajo a ese Barcelona que entusiasmó tanto al capitán que varias veces se levantó de su asiento. De repente, estaba viviendo lo que él provoca usualmente. La habilitación profunda de Rakitic para la diagonal sorpresiva de Alba le agregó justicia al marcador. A Messi se le iluminó la cara por enésima vez. Barcelona está a salvo, esa protección que siempre ofrece el funcionamiento. Con o sin crack. Vaya si lo sabrá la selección argentina.

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